
Las encuestas comienzan a ser preocupantes para el Partido Popular. Por un lado, el PSOE está siendo capaz de estabilizar la situación, incluso a pesar de las distintas investigaciones judiciales que rodean a la cúpula y familia del presidente. Por el otro, Vox suma ya varios meses al alza, siendo ya el partido más votado entre los ciudadanos de 18 a 44 años.
A pesar de que la suma de la derecha siga siendo superior a la de la izquierda, los de Génova ven cómo su posición de poder y de negociación es cada vez menor. Ante este tipo de situaciones, se requiere un cambio de rumbo, y Feijóo parece tenerlo claro: volverse más duros en materia migratoria. ¿Les va a funcionar esta estrategia?
El giro migratorio
Este martes, Feijóo presentó su plan para la inmigración en un acto en Barcelona. El análisis de este programa no deja lugar a dudas ni para los medios de izquierdas ni tampoco para los de derechas: el PP ha endurecido su discurso.
El partido ya lleva un tiempo deslizando alguna que otra idea en este sentido, pero el acto les permitió dejar ya claro este cambio ideológico. Los populares han desglosado varias de sus medidas, además cambiando no solo el contenido, sino también la intención detrás de estas. El partido ha seguido a Vox en varios sentidos, vinculando alguna que otra vez inmigración y delincuencia, sugiriendo que cobran ayudas que no merecen o que no quieren trabajar.
Aunque este artículo no pretende evaluar el contenido de este programa (sino su efectividad estratégica), conviene mencionar alguna de las principales medidas. En términos generales, el PP pretende endurecer los requisitos para conseguir la nacionalidad española o el permiso de residencia. De hecho, incluso quiere establecer un visado por puntos o reformar el sistema de ayudas públicas, aunque no está claro si la medida tendría algún impacto. Sin embargo, volviendo al asunto de esta pieza, ¿qué tiene que ver el giro ideológico con la suerte electoral del PP?
El cambio ideológico ha sido interpretado como una respuesta al panorama desolador de los populares. El partido debería encontrarse en una situación muy cómoda, pues el PSOE lleva tiempo sufriendo investigaciones judiciales y una mayoría parlamentaria muy poco fiable. Además, el PP ya tiene el poder en un buen número de Comunidades Autónomas, lo que les permitiría dar una imagen de solvencia y gestión.
Sin embargo, la mayoría de encuestas indican una tendencia preocupante: el PSOE aguanta e incluso recupera terreno tras varios meses de destaparse el caso Koldo-Cerdán. De hecho, desde las elecciones del 2023, el PSOE nunca había estado tan cerca del PP. Además, Vox consolida su posición, especialmente tras recoger el voto protesta por desastres como el de la dana o los incendios de este verano. Las cifras son preocupantes: el 15% de los votantes del PP se irían hoy con Abascal. Un agujero en toda regla.
Por ello, ante la necesidad de cambiar esta situación, el PP se ha enfocado en la inmigración, uno de los debates políticos más importantes de España y toda Europa. En la actualidad, este tema es el segundo que más preocupa a los españoles, incluidos también los votantes socialistas. Además, la derecha radical europea está ligada a la inmigración, el tema estrella que les ha llevado al éxito.
Por todo esto, el PP tiene una doble intención con la inmigración. En primer lugar, quieren frenar la sangría frente a Vox, haciendo suyo uno de los elementos característicos del partido de Abascal. Además, quieren matar dos pájaros de un tiro y atraer a algún que otro votante socialista, aquel que esté desencantado con la postura cosmopolita de Sánchez. En Génova parece que lo tienen claro, pero… ¿les va a funcionar?
Parecerse más a Vox
La ventaja de que España siempre “llegue tarde” en términos políticos es que, cuando por fin es nuestro turno, ya podemos fijarnos en qué ha ocurrido en otros países europeos y así adivinar nuestro futuro.
En Europa, el centroderecha lleva décadas enfrentándose al auge de la derecha radical, tratando de adivinar cuál es la estrategia que les permita frenar a una familia ideológica que no para de crecer. En este punto, los partidos han tenido que decidir entre dos alternativas: la estrategia de cooptación o la de confrontación.
Comenzando por la primera, “cooptar” se refiere a la adopción parcial de ideas y temas de tu rival. Muy sencillo: en el caso de la competencia política, hace alusión directamente al proceso por el cual el centroderecha ha comenzado a comprar y hacer suyos algunos de los argumentos de la derecha radical. El caso típico, de hecho, es la inmigración.
Hasta ahora, el tema de la inmigración era un asunto que el centroderecha y el centroizquierda preferían no tocar o sobre el cual incluso existía cierto consenso. Sin embargo, según han ido surgiendo partidos de derecha radical, el centroderecha ha comenzado a hacer suyas estas ideas antiinmigratorias. El PP sería uno de los últimos casos, por lo que hemos visto esta semana.
En teoría, la cooptación no tiene mala pinta en términos estratégicos. La derecha radical debe buena parte de su éxito al tema migratorio, pues han sido los primeros en volver a hablar de él. Por tanto, si el centroderecha da ese giro, arrebataría a la derecha radical su monopolio sobre este asunto. Además, si estos partidos dicen lo mismo en materia migratoria, los votantes deberían optar por el centroderecha, pues tienen más experiencia de gobierno, mayor capacidad de gestión o más probabilidad de ganar las elecciones. Es plausible que Feijóo se haya leído alguno de estos artículos académicos para trazar su plan de frenar a Vox.
Sin embargo, no nos olvidemos de que existe una segunda teoría que reza justamente lo contrario: que la cooptación es un error garrafal. Por si fuera poco, el propio Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen y fundador del Frente Nacional, advirtió de que los ciudadanos siempre “preferirán al original antes que a la copia”.
Distintos académicos han seguido esta línea de razonamiento y han advertido que la estrategia de cooptación sería un remedio peor que la enfermedad. Una vez compras parte del argumentario de la derecha radical, estás justamente normalizando dicho debate. Permites que esa discusión se popularice e incluso llegas a legitimar opiniones que hasta entonces eran vistas como demasiado extremistas por buena parte de la población.
Además, no está tan claro que el centroderecha pueda arrebatarle la inmigración a la derecha radical. Como ya se ha destacado, esta familia basa prácticamente todo su atractivo en su posición antimigratoria, por lo que emplean buena parte de su tiempo en enfatizar que ellos son los propietarios de este debate. En cambio, los votantes pueden ver al partido de centroderecha como oportunista e interpretar el cambio ideológico como una estrategia sin más.
Visto lo visto, Feijóo ha optado claramente por la vía de la cooptación, moviendo al PP desde una posición más centrista a una más cercana a la de Vox. Sin embargo, si existen dos teorías contradictorias, ¿cuál es la que tiene la razón? Las investigaciones de mayor prestigio no dejan lugar a dudas: no existe ninguna evidencia de que la estrategia de cooptación funcione y, de hecho, lo más probable es que esta decisión lleve a que incluso más votantes abandonen el centroderecha para pasarse a la derecha radical.
Esta estrategia podría haber sido útil antes de que Vox se popularizara. Cuando el partido verde era marginal, el PP podría haber cubierto la posición nativista y así dejar sin espacio a Vox. Una vez la derecha radical ya está consolidada en el tablero político, la estrategia no es que les desgaste, sino que les refuerza.
Es decir, que acercarse a Vox en el tema migratorio no ayudaría para nada al PP. Va a legitimar un discurso en el que Abascal es mucho mejor que Feijóo y es posible que aumente el sangrado que ya sufre el PP.
¿Giro a la derecha para mirar a la izquierda?
Sin embargo, recordemos que la intención del PP era doble. Si bien es posible que esta estrategia no consiga frenar el coladero de votos frente a Vox, tal vez lo compensa atrayendo a votantes socialistas.
No obstante, reflexionemos sobre la situación actual del PSOE. El partido lleva años en el Gobierno, con el desgaste que esto conlleva. Además, distintos sucesos como el acercamiento a los partidos independentistas o las sucesivas crisis judiciales ya han puesto a prueba al electorado socialista. Hoy en día, lo más probable es que aquellos que sigan optando por el PSOE pueden ser considerados como votantes “muy leales”, que difícilmente van a optar por el PP únicamente por un giro estratégico en materia migratoria.
Sin duda, la inmigración es un tema muy importante para los votantes de la derecha. El 73% de Vox y el 69 de Se Acabó La Fiesta dicen estar muy preocupados por el tema. Cuando nos vamos al PP, la cifra ya se reduce al 46%.
Si nos vamos a la izquierda, un tercio de los socialistas la ven como un tema muy preocupante. El porcentaje sigue siendo sustancial, pero queda opacado por otros temas como la vivienda, el cambio climático o las desigualdades (51, 52 y 46 puntos porcentuales respectivamente). Es decir, a lo mejor el votante socialista puede coincidir más con Feijóo que con Sánchez en el tema migratorio, pero a su vez cree que hay temas mucho más importantes en los cuales el PP tiene una posición radicalmente distinta.
Además, los partidos socialdemócratas llevan años experimentando una tendencia: cada vez reciben más votos de profesionales socioculturales y menos de la clase obrera. Los trabajadores industriales tienden a ser conservadores en términos culturales como la inmigración, por lo que el cambio de Feijóo podría llegar a ser atractivo. Sin embargo, el PSOE y la socialdemocracia europea cada vez depende más de un electorado progresista en términos tanto económicos como culturales. De hecho, es posible que incluso limite todavía más el atractivo del PP para estos votantes, quienes podrían estar desencantados con la situación del PSOE.
Bueno, a lo mejor Feijóo es optimista y se está enfocando en el sector obrero del PSOE. Sin embargo, el gallego ya llega tarde. La tarta del votante industrial ya está repartida entre los socialistas y, sorpresa, Vox. El partido de Abascal es el partido más votado por los desempleados, por los que se consideran pobres y por tres de las seis categorías laborales con peor remuneración. Vox supera al PP en estas categorías, pero también al PSOE.
Además, el votante obrero se fía mucho menos del centroderecha. En primer lugar, porque como ya hemos explicado, la derecha radical siempre va a ser más atractiva en términos de inmigración, pues monopolizan el tema. Por otro lado, el centroderecha tiende a tener una postura más liberal-conservadora en términos económicos, algo que no gusta al votante obrero. La derecha radical ha sido mucho más difusa a la hora de hablar de economía, interpretándose esto como un intento de ignorar el debate y centrarse siempre en la inmigración. Esto aumenta sus probabilidades con la clase obrera.
Conclusión
En definitiva, parece que al Partido Popular le puede salir el tiro por la culata. Endurecer su discurso va a legitimar la posición de Vox, quien tiene la propiedad de un asunto tan polarizador como la inmigración. Además, no está claro que el discurso vaya a calar entre los votantes socialistas, quienes ahora mismo es posible que estén enfocados en otros temas políticos.
Sin embargo, también es necesario tener en cuenta que los resultados de las distintas investigaciones que se incluyen en este trabajo estudian esta dinámica a nivel europeo. Es posible que España, por cualquier cuestión particular, acabe siendo una de las excepciones, pero al menos ahora ya conocemos la tendencia.
Por otro lado, el PP ha tratado de enfatizar que su posición se coloca entre la del PSOE y Vox. De todas formas, es necesario tener en cuenta que los votantes no estamos constantemente midiendo la posición política de los partidos y comprobando cómo de extremista ha sido un cambio. Probablemente la idea que permanezca es que el PP ha endurecido su discurso y que se ha acercado más al de Vox, quien seguro que está encantado de que se hable más de inmigración.
