
Irlanda se prepara para cerrar una etapa marcada por la estabilidad de Michael D. Higgins, el actual presidente. Con su salida, el país deberá elegir entre dos caminos: la continuidad institucional que encarna Heather Humphreys o la apuesta crítica y antiestablishment de Catherine Connolly. Más que poder, está en juego el tono moral y simbólico que Irlanda proyectará en los próximos siete años. Todo, además, en un contexto europeo de creciente desafección y búsqueda de autenticidad política.
¿Qué hace el presidente irlandés?
Antes de meternos en materia tenemos que entender qué es exactamente lo que está en juego cuando los votantes irlandeses acuden a las urnas.
Básicamente, el presidente en Irlanda (en irlandés, Uachtarán na hÉireann) es el jefe de Estado, un cargo más bien simbólico y de representación internacional, en la línea de fórmulas similares que encontramos en otros países del entorno europeo. El cargo tiene un periodo de siete años, con posibilidad de ser reelegido como máximo para otro mandato.
Los candidatos que se presenten deben ser ciudadanos irlandeses y tener al menos 35 años. Además, deben ser nominados por 20 miembros del poder legislativo o por 4 autoridades locales. Existe una tercera opción: un candidato puede autopostularse si es o fue presidente.
Esta construcción institucional hace que las elecciones presidenciales en Irlanda, más que un combate por el poder político, funcionen como elecciones simbólicas, de legitimidad moral o representativa, en la que los candidatos proponen visiones de país, valores y estilo.
Es momento ahora de hablar de cada uno de los candidatos.
Catherine Connolly: contra el statu quo
Las coordenadas políticas en las que debemos situar a Connolly son complejas. Su carrera política comenzó en el partido Laborista en 1999, pero ocho años más tarde abandonó el partido por una disputa a raíz de que este se negara a presentar como candidato a su compañero, Michael D Higgins.
Este episodio comenzó en la campaña de las elecciones presidenciales de 2004, cuando la entonces presidenta Mary McAleese se presentó para la reelección tras concluir su primer mandato. Higgins quiso presentarse, pero el partido laborista le negó la oportunidad argumentando que no tenía sentido que se postulase a unas elecciones que estaban perdidas.
Comienza a partir de ahí a hablar públicamente en contra del partido, en un alejamiento que culminó con su salida en 2006. En este año, Connolly buscaba presentarse bajo la candidatura laborista por Galway Oeste en las elecciones generales de 2007. Higgins no tenía seguro presentarse ese año pero finalmente terminó por hacerlo. Los laboristas le dijeron a Connolly que retirara su candidatura porque no querían dividir el electorado y el resto es historia.
Si bien dejó el partido, no hizo lo mismo con la política. Intentó varias veces sacar adelante una candidatura independiente en Galway Oeste, pero sin mucho éxito. En 2016, sin embargo, consiguió ser elegida diputada. Además, en 2020 fue elegida portavoz de la cámara baja del parlamento.
Aunque es independiente, sus alianzas en el parlamento dejan entrever una preferencia por el ala izquierdista. Su candidatura se basa en su perfil antiestablishment, con un discurso que gira en torno a justicia social, vivienda, neutralidad irlandesa, inclusión, y críticas al capitalismo.
Su fortaleza está en su frescura política, su apoyo transversal en el espacio de la izquierda. Sin embargo, es necesario destacar que no está exenta de controversias, especialmente en lo relativo al conflicto entre Israel y Hamás. Connolly ha descrito a Hamás como “parte de la fisonomía social del pueblo palestino”, algo que puede hacerle perder apoyos moderados.
Connolly representa unos valores simbólicos más que una serie de medidas concretas y es por eso que, tras más de un cuarto de siglo, parece haber encontrado una candidatura a su medida.
Heather Humpreys: la buena gestora
Después de hablar de Connolly, para entender a su rival principal (y única aunque en la papeleta haya tres candidatos como ahora veremos) hay que pensar en ella como la otra cara de la moneda.
Mientras que Connolly empezó con el partido laborista y luego rompió relaciones con ellos, Humphreys jamás ha abandonado al partido liberal, Fine Gael, desde que entrara en política en 2003. Frente a la independencia crítica con el sistema de su rival, Humphreys ofrece estabilidad, moderación y una capacidad de gestión avalada por su papel como ministra en el gobierno de coalición.
Su objetivo es presentarse como la candidata de la continuidad. Sin embargo, también cuenta con algunas vulnerabilidades a sus espaldas. Para empezar, se le critica su falta de dominio del irlandés, algo muy importante para un pueblo genuinamente orgulloso de su identidad cultural e historia. Su problema más grande es la otra cara de su mayor virtud: su imagen de establishment y su unión al gobierno que, en un contexto en el que la gente pide un cambio, pueden terminar saliéndole caras.
Jim Gavin: el revés final
Procedente del otro partido del actual gobierno de coalición, Fianna Fáil, el exfutbolista era la gran apuesta del centroderecha para tomar la presidencia. Gavin ha dado la sorpresa, pero no como él se esperaba, ya que se ha visto forzado a retirar su candidatura tras desvelarse un escándalo económico.
El escándalo en cuestión sucedió hace 16 años, cuando Gavin no le devolvió 2.865 libras a un inquilino que había pagado de más al ingresar el alquiler. Esta controversia hizo que el pasado 6 de octubre Gavin retirara su candidatura con apenas 19 días de margen para las elecciones, en uno de los giros más impactantes en la memoria reciente de las campañas electorales irlandesas.
Su nombre sigue apareciendo en las papeletas al no haber tenido tiempo para cambiar, pero, si bien esto atraerá algún que otro voto despistado, la clave a este respecto estará en ver hacia cuál de las otras dos candidatas se inclinará el trasvase.
¿Qué pasará hoy?
Las encuestas previas a la retirada de Gavin mostraban un escenario fragmentado, con cierta ventaja para Humphreys, pero sin mayoría clara. Tras la retirada, algunas encuestas sitúan a Connolly por delante, con un 36 % vs 25 % en primeras preferencias, según una encuesta de RED C.
La retirada de un candidato en un punto tan avanzado de la campaña genera una crisis de legitimidad, además de que obliga a los partidos tradicionales a recolocarse, puede estimular mayor participación o cambio de alianzas. Por otro lado, el descontento puede ser capitalizado por Connolly como candidata protesta contra el estado actual de la política irlandesa.
En general, dependiendo de los resultados podemos estar básicamente en dos escenarios. Que Connolly gane con claras transferencias del lado de Gavin, proyectando una presidencia de tono crítico y simbólico frente al establishment. Por otro lado, una que Humphreys logre suficiente apoyo en las transferencias y recuperación de votos pro-Gavin para imponerse, asegurando continuidad institucional.
Sin embargo, existe el riesgo de un tercer escenario en el que, sin importar quién gane, el margen sea muy estrecho y genere cuestionamientos en un contexto ya agitado para la política irlandesa.
