El auge y declive de los nuevos partidos suele explicarse mediante leyes electorales o coyunturas pasajeras. Pero estas razones se quedan cortas: la clave está en las personas que los integran. Este artículo explora cómo el capital humano determina su éxito o desaparición.

El debate sobre el surgimiento de nuevos partidos suele centrarse en dos aspectos clave: por un lado, el dominio del espacio político por parte de los partidos tradicionales; y, por otro, los límites institucionales, como las leyes electorales y los umbrales de voto. No obstante, solemos pecar de obsesión con los aspectos formales de nuestro sistema político y olvidarnos de lo que de verdad importa: el factor humano. 

Si bien es cierto que la fórmula electoral ha castigado históricamente a los partidos más jóvenes, esto no explica el porqué de su surgimiento y, mucho menos, el porqué de su posterior desaparición. En este artículo se propone una explicación alternativa: el principal desafío de los nuevos partidos no reside en su capacidad de conseguir los votos suficientes para superar cierto umbral electoral, sino en su capacidad de atraer talento, profesionalizar su organización y consolidar un equipo estable.

Explicación institucional

La literatura reciente atribuye el surgimiento de estos nuevos partidos a factores circunstanciales (crisis económicas, desafección política, polarización…) que abren una ventana de oportunidad donde nuevas formaciones pueden fragmentar el voto tradicional del bipartidismo. Si pensamos en el caso español, este se encuentra bajo ese paraguas teórico. En primer lugar, Podemos es aupado en las elecciones europeas de 2014 gracias a transformar en partido político el movimiento social del 15M, nacido del descontento tras la crisis económica del año 2008. 

Vox surfeó la ola del nacionalismo catalán y de la crisis migratoria de 2015 para construir un discurso que en España todavía no existía.

Por su parte, Ciudadanos, aunque sus orígenes se remontan a 2005, también se aprovecha de esta desafección para saltar a la política nacional creando una imagen de moderación necesaria en la época del auge independentista. Finalmente, y de igual manera, Vox surfeó la ola del nacionalismo catalán y de la crisis migratoria de 2015 para construir un discurso que en España todavía no existía. Todo esto es relevante para explicar el origen de los partidos pero, ¿qué pasa si esos factores circunstanciales se agotan? ¿Qué sucede si las ventanas de oportunidad se cierran?

Estas preguntas serán respondidas en la siguiente sección. Antes, vamos a repasar la otra gran explicación tradicional: la ley electoral. Lo primero que hay que saber es que para que un partido político consiga representación parlamentaria ha tenido que obtener como mínimo el 3 % de los votos de la circunscripción (división territorial en la que los ciudadanos eligen a sus representantes). Si tenemos en cuenta que casi la mitad de las 52 circunscripciones eligen a 5 diputados o menos, estos partidos necesitan bastante más del 3 % (si son partidos regionales este criterio no siempre se cumple). 

Las explicaciones institucionales son útiles para mostrar el sesgo hacia el bipartidismo del sistema electoral, pero no para hablar de la consolidación de los nuevos partidos.

El segundo factor es la fórmula electoral, es decir, la manera en la que los votos se traducen en escaños que España es el sistema D’Hondt. Dejando tecnicismos a un lado, esta fórmula siempre ha castigado a los partidos que no llegan al 15 %.

El motivo es muy simple: se pierden votos en las circunscripciones más pequeñas. Por ejemplo, en Castilla y León, que es donde hay más circunscripciones de este tipo, Vox consiguió, en el 2023, un solo escaño con el 13% de los votos en la comunidad; en 2019 consiguió seis escaños con el 16%. No obstante, estas explicaciones institucionales son útiles para mostrar el sesgo hacia el bipartidismo del sistema electoral, pero no para hablar de la consolidación de los nuevos partidos.

Cuestión de hiperliderazgos

Como se ha introducido en la sección anterior, no hay ninguna duda de que existen mecanismos formales que condicionan enormemente la entrada de nuevas formaciones a la arena política. Ahora bien, si España es un ejemplo de algo, es precisamente de lo contrario. Desde la implosión de la vieja política en la década de los 2010, nuevas formaciones han ido surgiendo tanto a la izquierda del espectro (primero UPyD, luego Podemos y Sumar) como a la derecha (Ciudadanos, Vox y, recientemente, SALF). Por tanto, más que centrarnos en su origen, nuestro foco debe ir dirigido al porqué han desaparecido la mitad de ellos.

Si nos fijamos en la composición inicial de estos nuevos partidos, nos daremos cuenta de que no cuentan con una estructura fuerte y organizada. De hecho, la principal característica de estas nuevas formaciones es su hiperliderazgo. Este es definido como la centralización del poder de decisión en el líder para suplir las disfuncionalidades operativas de la burocracia de partido. Por un lado, un líder con el suficiente carisma que puede mover votantes únicamente con su imagen y oratoria permite al partido elevar enormemente su suelo electoral. No hace falta ni mencionarlos, pero Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal son ejemplos claros.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos (dcha) y Pablo Iglesias, líder de Podemos (izq). Fuente: RTVE

No obstante, la parte negativa reside en lo que se conoce como los cuadros intermedios. Cuando la imagen del líder se agota, ¿es la segunda línea del partido suficientemente poderosa como para continuar su legado? Cuando un partido ha funcionado durante ciertos años como plataforma de un candidato, es verdaderamente complicado vender un proyecto de país separado del líder que fundó dicho partido. Una vez más, si nos fijamos en Podemos y Ciudadanos podemos ver cómo su presente ha sido altamente condicionado por la salida de sus líderes

Las nuevas formaciones hacen un all in en sus líderes, que perjudica la formación de talento en los cuadros intermedios y dificulta que puedan sustituir o heredar el proyecto.

Asimismo, este protagonismo del líder se hace en detrimento de la estructura orgánica del partido. Es decir, estas nuevas formaciones hacen un all in en sus líderes, que perjudica la formación de talento en los cuadros intermedios y dificulta que puedan sustituir o heredar un proyecto tras el desgaste natural de su líder.

Al fin y al cabo, si tu única estrategia durante años ha sido potenciar la imagen de tu líder y sus cuatro compañeros de la cúpula, es muy complicado que cuando estos caigan hayas conseguido separar su imagen del partido. Por ende, los mismos hiperliderazgos que propulsan el ascenso original de estos nuevos partidos, pueden ser la sentencia que los haga desaparecer del mapa.

Déficit del capital humano

Tras esto, queda hablar del elefante en la habitación: el bipartidismo. PP y PSOE se han consolidado como entes inevitables de la democracia española. Lejos de ser superados por sus alternativas, ambos partidos han conseguido resistir y volverles a comer el terreno perdido. Esto los posiciona como formaciones muy estables que han sobrevivido a los hiperliderazgos de figuras como Felipe González o José María Aznar sin que repercuta en su credibilidad electoral. Siempre han conseguido sacar a la palestra nuevos candidatos no solo a nivel nacional, sino también en las CC. AA., provincias y municipios de toda España.

Estas organizaciones juveniles sirven de cantera de talento para que, al igual que los equipos juveniles Real Madrid y Barça.

Esta gran implementación territorial y un legado histórico de casi 50 años han conseguido crear una marca indisoluble en la sociedad española. Prueba de ello son las Juventudes Socialistas y Nuevas Generaciones, donde jóvenes de todo el territorio español empiezan desde edades tempranas a ascender en los cuadros intermedios del partido. Estas organizaciones juveniles sirven de cantera de talento para que, al igual que los equipos juveniles Real Madrid y Barça, concentran a aquellos con mayor potencial para la política.

Imagen de un acto de las Juventudes Socialistas. Fuente: Web Oficial de las JSE

La pregunta es: ¿Pueden los partidos nuevos captar o retener talento político? Si nos ponemos en el lugar de estos jóvenes en búsqueda de un futuro dedicado a la política, ¿qué empresa elegirías? La que lleva 50 años dando buenos salarios a miles y miles de personas por todo el territorio español o, por el contrario, la aventura política que acaban de comenzar unos profesores universitarios donde el sueldo solo está asegurado el par de años que está en auge el partido. 

Lo cierto es que la política requiere de mucho tiempo y dinero para que de verdad se pueda traducir en cargos relevantes. Por ese mismo motivo, los partidos tradicionales cuentan con una ventaja comparativa abismal al ofrecer puestos por toda la geografía española, haciendo viable una carrera política a largo plazo. Por último, para el que quiera colaborar puntualmente en la política en algún puesto técnico, tanto PP como PSOE ofrecen un gran valor curricular. Mientras tanto, los nuevos partidos o no pueden ofrecer las mismas condiciones laborales o, directamente, pueden llegar a estigmatizar o marcarte de por vida.

El horizonte de los liderazgos y los nuevos partidos

Como se ha ido desarrollando a lo largo del artículo, las explicaciones institucionales a las que estamos acostumbrados han quedado obsoletas para el caso español, ya que los nuevos partidos no han tenido problema para conseguir representación política en las más altas esferas. Y aunque es verdad que el sistema electoral les penaliza drásticamente, eso no quita que, al menos, tienen un porcentaje de voto considerable. 

Lo que de verdad lastra la vida política de estos nuevos partidos son las cuestiones que tienen que ver con el capital humano: los hiperliderazgos, la falta de cuadros medios competentes, la competición por talento con el bipartidismo y el estigma de participación en estos nuevos partidos. Teniendo todo lo explicado en cuenta, ¿qué podemos esperar de nuevos partidos como Aliança Catalana o SALF?

Si repasamos todos los puntos mencionados en el artículo, nos daremos cuenta de ambos partidos cuentan con las mismas características que Podemos, Vox o Ciudadanos: un/a líder fuerte (Silvia Orriols y Alvise Pérez) que compensa la falta de estructura formal. No obstante, Alvise compite con Vox para capitalizar el voto de descontento político, mientras que Orriols ocupa un espacio que no existía en Cataluña (extrema derecha nacionalista). Por tanto, si bien SALF corre el riesgo de quedar absorbido o desmovilizado, Aliança Catalana cuenta con un liderazgo fuerte y un discurso novedoso que puede llevarla al éxito político.

Autor

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por Abel Gómez Arévalo

Estudios Internacionales y Ciencias Políticas en la UC3M. Apasionado por la geopolítica, analizo el mundo a través de sus conflictos, alianzas y transformaciones. Siempre en busca de entender el poder detrás del mapa.

Un comentario en «¿Por qué desaparecen los nuevos partidos?»

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