El caso Gallardo, por el que el candidato del PSOE a la presidencia de Extremadura se encuentra imputado, genera un terreno de juego desigual para los partidos. Es, posiblemente, la clave principal del inicio de este ciclo electoral.

María Guardiola, presidenta de Extremadura por el PP, tomó la decisión de convocar elecciones anticipadas dada su incapacidad de lograr los apoyos suficientes para aprobar los presupuestos generales. El movimiento de Guardiola también responde a otras consideraciones estratégicas. Una de ellas, sin lugar a dudas, es la condición de su principal rival, Miguel Ángel Gallardo, candidato del PSOE e imputado por la contratación irregular del hermano del presidente Sánchez. 

Como se ha podido ver en el debate electoral del pasado 11 de diciembre, tanto PP como Vox subrayaron las investigaciones por corrupción del PSOE, especialmente la del propio candidato. Por ello, hoy analizamos una de las claves electorales de Extremadura: el caso Gallardo. 

Qué es el caso Gallardo

Todo se remonta a finales del año pasado cuando el hermano del presidente Pedro Sánchez, David Sánchez, es llamado a declarar por su contratación en la Diputación de Badajoz. Este organismo estaba presidido por Miguel Ángel Gallardo, motivo por el que también fue citado por la jueza del caso. Más adelante, en abril de este año, ambos son procesados por los delitos de prevaricación y tráfico de influencias. Es decir, lo que se investiga es si el puesto que ocupó David Sánchez no existía y fue creado exclusivamente y de manera deliberada para él.

Pese a ello, Gallardo fue reelegido como secretario general del PSOE extremeño. No obstante, debido a que ocupa ese cargo desde 2024 y él era el presidente de la Diputación desde el año 2015, Gallardo no era diputado de la Asamblea de Extremadura elegida en las elecciones de mayo de 2023, por lo que no tenía la condición de aforado. 

¿Por qué es esto relevante? Por la segunda decisión que se le atribuye: cometer fraude de ley para conseguir el aforamiento. Hay que tener en cuenta que todos los diputados de la asamblea, al igual que los de las cortes nacionales, tienen la condición de aforados. Es decir, son ciudadanos que, debido a su cargo, deben ser juzgadas por una instancia superior al tribunal ordinario, el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura en el caso Gallardo. Por ese motivo, cuando Gallardo tomó posesión como diputado de la Asamblea después de que cinco compañeros renunciasen al puesto, el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura declaró que «se [había buscado] precipitadamente el aforamiento para eludir la competencia del juzgado de instrucción y de la audiencia provincial». 

Gallardo defiende que él nunca ha colocado a nadie y que todo este asunto nace de una denuncia falsa de Manos Limpias de la que el PP y Vox se están haciendo eco para desprestigiarle

El propio Miguel Ángel Gallardo ha reconocido en una entrevista en el programa Más de Uno de Carlos Alsina que las cosas no se hicieron bien. Según sus palabras, «yo nunca busqué aforamiento, yo quería estar en el parlamento. Solo quería confrontar y debatir con la señora Guardiola». Aun así, defiende que él nunca ha colocado a nadie y que todo este asunto nace de una denuncia falsa de Manos Limpias de la que el PP y Vox se están haciendo eco para desprestigiarle. Conscientes ya de la posición de las piezas en el tablero, la pregunta es cómo afecta esto a la campaña y proyecciones electorales.

Implicaciones para la izquierda

Para los socialistas, el que su candidato sea un procesado judicial dificulta la campaña electoral. Asimismo, el hecho de que se le impute precisamente por crear un puesto para el hermano de Pedro Sánchez, lo complica aún más. Teniendo en cuenta todo lo que está pasando en torno al PSOE y Moncloa, es muy fácil para la derecha meter a Gallardo en el mismo saco que Ábalos, Santos Cerdán, Koldo…

Además, el candidato socialista es una figura muy asociada con el propio Pedro Sánchez. No solo por la implicación directa con su hermano, sino porque el presidente del Gobierno siempre ha defendido su candidatura. Por tanto, estas elecciones pueden servir como unas «minigenerales» en las que el candidato no sea Gallardo, sino Pedro Sánchez.

Como tercer punto hay que tomar en consideración que en comunidades autónomas como Extremadura, las pérdidas de votos del PSOE están asociadas a la desmovilización de su electorado (abstención) y al trasvase de votos hacia el PP. Por ende, candidatos como Emiliano García Page en Castilla-La Mancha buscan construir un perfil que coquetee con posturas conservadoras y que se distancie de la situación nacional para aglutinar un mayor poder electoral. Gallardo, como figura asociada directamente con Sánchez, es el ejemplo de todo lo contrario.

Implicaciones para la derecha

Por el otro lado, a la derecha extremeña le ha tocado la lotería. Está claro que para el PP es muy sencillo añadir a Gallardo a la larga lista de presuntos casos de corrupción asociados al PSOE. Además, la implicación del hermano del presidente permite a los populares usar el nombre de Pedro Sánchez durante toda la campaña electoral de manera justificada para ahuyentar el voto a la izquierda.

Siguiendo la misma lógica, el mensaje de campaña contra las corruptelas y los casos de acosos sexuales (Salazar y otros) es tan fuerte en la coyuntura actual que María Guardiola no necesita prestar tanta atención a las cuestiones programáticas de su discurso. Al fin y al cabo, cuando la oposición puede quedar desacreditada por el caso Gallardo, la mejor estrategia es no hablar más de la cuenta, por si acaso.

El desafío que enfrenta el PP en la actualidad es la creación de una narrativa en la que se combine el querer gobernar en minoría y la necesidad material del apoyo de Vox

De igual manera, mientras más se hable de la imputación de Miguel Ángel Gallardo, menos se tratan los pactos poselectorales, razón por la que se adelantaron las elecciones en primera instancia. Así pues, el desafío que enfrenta el PP en la actualidad es la creación de una narrativa en la que se combine el querer gobernar en minoría y la necesidad material del apoyo de Vox. Esta situación es un blanco fácil para el PSOE, que podría acusar a los populares de abrazar las propuestas de la derecha radical en materia de pacto verde, inmigración o seguridad. Sin embargo, el marco del caso Gallardo está monopolizando la agenda.

Por último, el caso es un arma de doble filo para Vox. Es cierto que un caso de corrupción aumenta todavía más la desafección política de la que se nutre la formación política liderada por Santiago Abascal. Asimismo, pueden usar la carta de que PP y PSOE han legislado juntos a pesar de todo ello para intentar desacreditar a sus antiguos socios.

No obstante, si tomamos en consideración que la mayor parte del voto a Vox viene del descontento del votante de los populares, el contexto extremeño beneficiaría más a los moderados, pudiendo darse resultados electorales más parecidos a Andalucía y Madrid que a Valencia o Castilla y León.

Los futuros escenarios tras el caso Gallardo

Lo que está claro es que el proceso judicial que existe sobre Gallardo promete ser el tema central de la campaña electoral, condicionando de manera crucial los posibles resultados. Mirando al espectro de la izquierda, el PSOE está lejos de poder usar estas elecciones como disuasión de los casos de corrupción que le rodean. De hecho, la figura de su candidato, imputado junto al hermano de Pedro Sánchez, puede llegar a personificar la corrupción del PSOE.

Siguiendo con los socios de Gobierno, estos no cuentan con la fuerza electoral suficiente en Extremadura como para atraer a todos los descontentos (si bien se espera una mejora electoral) y no pueden apoyar abiertamente a Gallardo por lo que pudiera pasar en el futuro.

Toda esta situación, como se puede suponer, pone muy de cara la campaña electoral a la derecha. María Guardiola no tiene la necesidad de entrar en promesas programáticas y, además, le permite desviar la atención de los más que probables pactos postelectorales con Vox. Por todo lo expuesto, y con el caso Gallardo como tema central de campaña, la duda no es si Guardiola ganará las elecciones, sino si va a tener unos resultados suficientes para no depender extremadamente de Vox.

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por Abel Gómez Arévalo

Estudios Internacionales y Ciencias Políticas en la UC3M. Apasionado por la geopolítica, analizo el mundo a través de sus conflictos, alianzas y transformaciones. Siempre en busca de entender el poder detrás del mapa.

2 comentario en “Elecciones Extremadura 2025 | El caso Gallardo”

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