Las elecciones anticipadas convocadas por Guardiola encuentran al PSOE en plena reorganización de su estructura territorial y un candidato, Miguel Ángel Gallardo, investigado por corrupción. ¿Por qué no lo cambiaron a tiempo? 

María Guardiola convocó elecciones anticipadas alegando un bloqueo político por parte de la oposición. En condiciones normales, el candidato socialista y principal opositor, Miguel Ángel Gallardo, podría (y de hecho, lo hace) centrar su campaña en la incapacidad del PP para llevar a cabo políticas públicas y «su dependencia de la ultraderecha para gobernar», en palabras del propio candidato. 

Sin embargo, en su campaña hay dos elefantes en la habitación que están relacionados: la imputación del propio Gallardo y la relación de este con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. A raíz de ello, los sondeos apuntan que Gallardo hundiría todavía más al PSOE extremeño, que históricamente ha monopolizado el territorio. ¿Por qué mantener un candidato que a todas luces parece estar amortizado? 

Gallardo y el tablero extremeño

Miguel Ángel Gallardo es el primer candidato a la presidencia de Extremadura que ha tenido que afrontar dos primarias en menos de un año. Es decir, ha competido en dos ocasiones con otros miembros socialistas por ver quién lideraba al partido regional. Alcalde de Villanueva de la Serena desde el año 2003 al 2024 y presidente de la Diputación de Badajoz desde el 2015, parecería un candidato bastante sólido. 

Sin embargo, es necesario observar los detalles: las dos candidatas (Lara Garlito y Esther Gutiérrez) son de Cáceres, siendo la segunda la vicepresidenta de dicha Diputación. Este hecho, aparentemente banal, es explicado por el expresidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que advertía a principios de año que las primarias implicaban un señalamiento del rival.

«Había costado un riñón y parte del otro la unificación del partido socialista de Cáceres con el de Badajoz. La rivalidad que históricamente mantuvieron las dos provincias se reflejaba en muchas actividades, organismos e instituciones. Las dos federaciones provinciales socialistas se mantenían separadas, y separadas acudimos a algunos Congresos Federales», sostuvo Rodríguez Ibarra.

Las palabras de Ibarra no son una anécdota sobre una rencilla, sino la mejor forma de explicar la fractura territorial que divide al PSOE. En términos históricos, el partido ha llegado a funcionar como dos aparatos provinciales con baja conexión entre ellos. La integración de ambas fue costosa y sigue siendo frágil. 

Aunque ésta no deja de ser una opinión, parece ir en consonancia con la motivación de la candidatura de Gutiérrez, que se presentaba en protesta por las formas autoritarias de ejercer la secretaría general de los socialistas extremeños. El hecho de no haber arrasado en los dos procesos de primarias (55,7 % vs. 43,3 % en el primero,  62,61 % vs. 36,12 % en el segundo) parece arrojar dudas acerca de la aprobación que despierta el candidato ya desde hace tiempo. 

A todo esto hay que sumar la acusación de prevaricación y tráfico de influencias, así como la operación para hacer que Gallardo formara parte de la Asamblea de Extremadura, en la cual se obligó a que candidatos por encima de Gallardo tuvieran que renunciar para que este pudiera acceder a la cámara regional y el aforamiento

Entonces, ¿por qué presentar a un mal candidato que puede llevar a los socialistas extremeños al peor resultado de su historia? 

Gambito a nivel nacional

Hay que remontarse a 2023, a las elecciones autonómicas y municipales celebradas el 28 de mayo. En estos comicios se eligieron los representantes autonómicos en todas las comunidades autónomas, exceptuando Andalucía, Cataluña, Galicia, País Vasco y Castilla y León (12 de 17).​ 

Tratadas en clave nacional y de castigo al Gobierno de Pedro Sánchez, las elecciones fueron un desastre para el PSOE, que pasó de gobernar en nueve comunidades autónomas a hacerlo únicamente en Asturias, Castilla-La Mancha y Navarra.​ En el nuevo mapa autonómico, once comunidades pasaban a estar gobernadas por el PP, tres por el PSOE, País Vasco por el PNV, Cataluña por el PSC (a partir de 2024) y Canarias por Coalición Canaria. 

Poder territorial por poder central, asegurado gracias a las cesiones en favor de los nacionalismos periféricos

Lejos de amedrentarse, Pedro Sánchez convocó al día siguiente elecciones generales para el 23 de julio de 2023. La apuesta salió bien: pese a que Feijóo consiguió ser la fuerza más votada con 137 diputados, no cosechó apoyos suficientes para ser investido. Sánchez, por su parte, acabó aceptando la amnistía a cambio de su apoyo para ser investido presidente de España. Se consumaba así el primer gambito: poder territorial por poder central, asegurado gracias a las cesiones en favor de los nacionalismos periféricos.  

Estas concesiones no sentaron nada bien en muchas federaciones socialistas, que vieron cómo muchos de los gobiernos regionales se habían perdido como consecuencia de la acción y castigo al Gobierno. Fue el caso de Javier Lambán, expresidente de Aragón, pero también fue comentado Emiliano García Page, uno de los pocos presidentes socialistas que habían sobrevivido a la debacle territorial socialista de mayo, o del citado Juan Carlos Rodríguez Ibarra. 

A pesar de las críticas y los escándalos que se han ido sucediendo, la Moncloa (ahora ya separada de Ferraz) defiende que a España «le renta» que siga en el poder por la gestión del Gobierno pese a los casos de corrupción y acoso. Pero para sustentar este Gobierno gracias a los nacionalismos periféricos es necesario que todo el partido socialista esté supeditado a este propósito, por lo que en este momento de liderazgos socialistas débiles en los distintos parlamentos autonómicos, es relativamente fácil hacer los cambios necesarios a nivel orgánico.

Pedro Sánchez ha anunciado hasta cinco candidatos-ministros, como Pilar Alegría (que ya ha renunciado al cargo para acudir a las elecciones en Aragón) o María Jesús Montero (que volverá a Andalucía). A estos hay que sumar un sexto ministro, Salvador Illa, que ya ocupa la presidencia de la Generalitat y que ha llegado a hacer de emisario para intentar desbloquear los Presupuestos Generales del Estado de 2026. Un total de seis ministros con poder orgánico dentro de sus federaciones regionales para disputar el poder en cada una de sus comunidades autónomas, y todos ellos supeditados a las decisiones de Moncloa. 

Se consuma, por tanto, el segundo gambito de piezas: el PSOE de los barones (siendo precisamente Emiliano García Page el último exponente), en el cuál cada una de las federaciones tenía poder e influencia dentro de Ferraz, ha sido sustituido por una red de personas afines al presidente del Gobierno. Pero también por esta misma razón se está configurando un partido muy distinto al PP, en el cual los barones (y baronesas) pueden influir e incluso marcar el ritmo, la agenda y el discurso de Génova.

La decisión de Sánchez de cambiar a Gallardo se habría interpretado por algunos medios como un movimiento de desconfianza hacia el candidato e, indirectamente, su hermano.

Llegados hasta este punto, no se ha mencionado al candidato extremeño socialista, Miguel Ángel Gallardo, a propósito: si no ha sido ministro ¿por qué se le incluye dentro del tablero nacional? Sin entrar en la legalidad de la contratación, la suerte de Gallardo y el hermano de Sánchez están de una u otra forma vinculadas. La decisión de Sánchez de cambiar a Gallardo se habría interpretado por algunos medios como un movimiento de desconfianza no solo hacia el candidato (que, además, ha vencido en dos primarias), sino también contra el resultado de la investigación judicial bajo la cual también está su familiar directo.

Por otro lado, ya bajo el proceso judicial, parece claro que Gallardo, sin llegar a ser miembro del Ejecutivo nacional, ha acabado vinculado a Sánchez y a su línea política. Sin embargo, tampoco es descabellado que se deje quemar a un candidato que no muestra una gran aceptación en el aparato extremeño para sustituirlo con vistas a las elecciones de 2027, tal y como ha hecho con Juan Espadas

Y con estas piezas en el tablero, Pedro Sánchez parece indicar que no va a disputar todas y cada una de las partidas regionales que van a jugarse la próxima semana y siguientes, sino que va a asegurarse el control de dichas piezas para presionar a las periféricas y seguir manteniendo la mayoría en el Congreso en las hipotéticas elecciones de 2027. 

Si es que consigue superar todos los “jaque al rey” que se plantean desde no solo la política, sino también la Justicia. 

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por Daniel Andrés

Jurista, economista y apasionado de la historia y la política. No concibo lo anterior si no está debatido en un bar con buena música y cervezas. Pasan (han pasado) demasiadas cosas en este mundo como para no conocerlas.

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