Kosovo acude a las urnas por segunda vez este año. Si bien los partidos tratan de superar el bloqueo político, las encuestas indican un estancamiento.

Introducción
Kosovo, territorio de estatus disputado de los Balcanes, celebrará este domingo elecciones parlamentarias anticipadas en un contexto de crisis de gobernabilidad, tensiones con su vecino y dificultades económicas. Se trata de una de las últimas citas electorales de 2025, la segunda vez que votarán tras el fracaso de la Asamblea anterior.
La falta de consenso entre los partidos de mayoría albanesa y la inviabilidad de pactos con algunas minorías hacen casi imposible formar una mayoría. Aunque este ha sido un caso extremo, desde la declaración unilateral de independencia los adelantos electorales han sido la norma y no la excepción. Kosovo ha celebrado diez elecciones desde la caída del comunismo y solo una legislatura pudo completarse.
Reconocimiento de Kosovo
El principal problema que afecta a Kosovo es la controversia que rodea su estatus político, más de quince años después de su declaración de independencia de Serbia. Su independencia de facto está fuera de discusión, pues ejerce soberanía plena sobre el territorio que reclama. Más de la mitad de los miembros de la ONU —y, quizá más importante, un 80 % de los miembros de la Unión Europea— lo reconocen como Estado, al igual que Estados Unidos.
Sin embargo, Serbia sigue luchando contra el reconocimiento jurídico de Kosovo, un debate que también crea división incluso en el bloque occidental. El problema de Kosovo es que su independencia, unilateral y sin el consentimiento de Serbia, puede sentar un precedente peligroso para otros países. Este sería el principal motivo de la negativa de España (ante la cuestión catalana y otros nacionalismos), pero también de Argentina (ante el conflicto diplomático con el Reino Unido por las Islas Malvinas) o Marruecos (ante la cuestión del Sáhara Occidental).
Dentro de la antigua Yugoslavia, Kosovo no era una república federada, sino una provincia autónoma de Serbia. Igual de importante es que, a diferencia del resto del país, su territorio tenía una población mayormente albanesa. Tras el colapso del Estado, que resultó en la intervención de la OTAN, la expulsión de las tropas serbias del territorio y el establecimiento de una administración de la ONU. Si bien el plan nominalmente nunca fue concederle a Kosovo la independencia, este fue el que terminó allanando su camino.
Desde entonces, el principal problema para Kosovo ha pasado por las tensiones militares esporádicas con Serbia y la lucha por el reconocimiento internacional. Luego de que la Corte Internacional de Justicia declarara que Kosovo «no había violado el derecho internacional» al declarar su independencia, se iniciaron una serie de negociaciones con miras a normalizar las relaciones. Sin embargo, las amenazas de enfrentamiento militar, las tensiones en los municipios kosovares donde hay una mayoría de serbios étnicos y los constantes cruces internacionales al amparo de potencias benefactoras siguen siendo comunes.
Entre los acuerdos que sí se alcanzaron, Serbia y Kosovo acordaron comprometerse a no entorpecer ni alentar a otros Estados a bloquear el proceso de adhesión de ambos a la Unión Europea. Kosovo presentó una solicitud formal de adhesión en 2022 y, si bien la UE considera al pequeño país un candidato potencial, sus posibilidades están supeditadas al rechazo de un grupo de Estados miembros que no lo reconocen.
El adelanto electoral
La Asamblea de Kosovo está compuesta por 120 miembros, de los cuales 20 son reservados para minorías étnicas. Concretamente, 10 son para los serbios, mientras que el resto se reserva para otros grupos (como los turcos.
Durante la última década, la política kosovar ha estado marcada por el ascenso del Movimiento de Autodeterminación (LVV). Este partido, de tendencia socialdemócrata, favorece una eventual unificación con Albania por medio de un referéndum, aunque por lo pronto se centra más en criticar a los partidos tradicionales (que lideraron el proceso hacia la independencia) como corruptos o manipulados por intereses extranjeros.
Durante la última década, la política kosovar ha estado marcada por el ascenso del Movimiento de Autodeterminación
Frente a él tenemos a la Liga Democrática de Kosovo (LDK), partido conservador que arrasó en las primeras elecciones y que lideró los primeros gobiernos autónomos de la región en la puja por la independencia antes de comenzar a perder fuerza por sus posturas «negociantes». También al Partido Demócrata de Kosovo (PDK), antiguo brazo político del Ejército de Liberación Kosovar que libró la guerra de 1998. Ambas fuerzas se alternaron en el poder bajo diferentes coaliciones hasta el ascenso de LVV a finales de la década de 2010.
El cuarto partido en disputa es la Alianza para el Futuro de Kosovo (AAK), partido unionista albanés de derecha conservadora que surgió en 2001. Aunque en general se ha mantenido periférico, tiene un electorado muy estable. No obstante, ha permanecido la mayor parte del tiempo en la oposición.
Pasando a las minorías, debemos citar a la Lista Serbia, partido representativo de los serbios residentes en Kosovo y fuertemente arraigada en el norte. La lista se considera vinculada al Partido Progresista del presidente serbio, Aleksandar Vučić, y es vista como un títere de Belgrado para influir en la política kosovar. Aunque ocasionalmente ha logrado acuerdos con los partidos kosovares, suelen ser con el objetivo de debilitar al gobierno de turno y provocar inestabilidad parlamentaria.
En febrero de 2021, beneficiado por la crisis posterior a la pandemia que acrecentó el descontento contra las fuerzas tradicionales, LVV arrasó y logró 58 de los 100 escaños albaneses, lo más cerca que se ha estado jamás de la mayoría absoluta de 61 escaños. Su líder, Albin Kurti, asumió como primer ministro.
La gestión de Kurti reportó un moderado crecimiento económico y, de acuerdo con estudios de organizaciones de la sociedad civil locales, una mejora en la transparencia institucional. Sin embargo, también sufrió una alta inflación y gran desempleo.
El gobierno de Kurti también vio un aumento de las tensiones con Serbia que pudieron contribuir a debilitar su apoyo. Su intento (finalmente abortado) de prohibir las matrículas serbias en los vehículos kosovares desató protestas masivas y una amenaza de acción militar por parte de Serbia. Más tarde, su decisión de emitir documentos de entrada y salida para los ciudadanos serbios que ingresaran en Kosovo provocó que varios políticos renunciaran a las instituciones que ocupaban y que varios policías de origen serbio desertaran.
De este modo, en febrero, cuando a LVV le tocó rendir cuentas por su mandato, estos problemas se hicieron sentir. Si bien siguió siendo la fuerza más votada (con más del 42 % de los votos) y ganó casi la mitad de los escaños albaneses (48 de 100), esa pequeña hemorragia de diez escaños le costó al gobierno su mayoría y el bloqueo parlamentario precipitó este adelanto electoral.
¿Seguirá el bloqueo en Kosovo?
A pesar de los problemas del contexto institucional, para muchos votantes kosovares la principal preocupación de cara al domingo pasa por la economía. El largo bloqueo parlamentario ha dejado al Gobierno sin presupuestos, paralizando reformas clave y retrasando incluso la ratificación de préstamos de la Unión Europea y el Banco Mundial.
El oficialismo espera, curiosamente, aprovecharse de la situación con una campaña menos enfocada en temas polarizantes como el estatus político y más en el pragmatismo: exhibirse como el único partido con posibilidades de formar un gobierno estable. Con este fin, Kurti ha centrado su discurso en que necesita un triunfo contundente, superior al 50 %, para lograr una mayoría propia y poner fin a la inestabilidad. Por su parte, el PDK y la LDK se han enfocado en acusar al gobierno de Kurti de ser culpable del malestar económico y denunciar que el estancamiento parlamentario no se debe tanto a la falta de mayoría como a la falta de voluntad de LVV de negociar.
Se estima, sin embargo, que las urnas que habrá que mirar con más detenimiento no se encuentran en Kosovo propiamente dicho, sino en el extranjero. El proceso de registro de votantes vio la aprobación de más de 71.900 solicitudes de kosovares en el extranjero (la gran mayoría de kosovares residentes en Alemania y Suiza) para ser admitidos como votantes. Se estima que estos votantes, en gran medida de tendencia nacionalista y pro-LVV, terminarán representando casi una décima parte del electorado total, más que suficiente para definir una mayoría en un contexto estrecho.
No obstante, de acuerdo con las pocas encuestas difundidas, no parece que ningún discurso haya calado particularmente profundo en ningún espacio de votantes. La mayoría de los sondeos coinciden en que los resultados de febrero prácticamente se repetirán (con alguna leve caída o subida). Se percibe que el gobierno ha hecho poco por ampliar su base de apoyo y que la oposición se ha concentrado en atacar al oficialismo más que en construir una alternativa coherente.
