Tanto Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo atraviesan momentos comprometidos para sus liderazgos. Los datos revelan una situación delicada para los dos líderes a las puertas de un gran año electoral en España.

El año que arranca es un año electoral para España. Extremadura ha sido la antesala de la llamada a las urnas en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Además, antes, durante y después de cada cita electoral, la gran pregunta del adelanto de elecciones generales resurgirá con fuerza.

Si 2027 será el gran año electoral de Europa, hay muchos indicadores de que tal vez España se adelante a las citas de otros países. Por ello, las dinámicas que están funcionando en este momento son más importantes que nunca, pues serán las que definan los equilibrios del poder en un momento en el que los errores penalizarán más que nunca.

No sería descabellado pensar que quizá haya una renovación incluso antes, por eso ya se están dando movimientos para afianzar a los dirigentes de cada partido.

La configuración del ciclo electoral deja poco lugar a interpretaciones: tras las próximas generales llegarán nuevos liderazgos a los partidos. Pero no sería descabellado pensar que quizá haya una renovación incluso antes, por eso ya se están dando movimientos para afianzar a los dirigentes de cada partido.

Mientras que Pedro Sánchez traza una línea cada vez más clara —y costosa— entre Moncloa y Ferraz, Santiago Abascal continúa «renovando» la cúpula de Vox, rodeándose de sus afines. Al mismo tiempo, Alberto Núñez Feijóo gestiona la impaciencia de sus barones y las crisis que van dejándole estos: la DANA, los casos de cáncer de mama en Andalucía o los desacuerdos con Vox en Aragón o Extremadura son los ejemplos más claros. A la izquierda del PSOE, la incertidumbre es máxima con una Irene Montero que, hace meses, prometió ser la candidata nacional de Podemos, en un movimiento pensado para condicionar cualquier futura lista conjunta.

Elecciones autonómicas con sabor nacional

Con este marco en mente, las elecciones autonómicas van a tener un componente de competición que traspasará las fronteras de cada CCAA. La nacionalización de la campaña en Extremadura, donde Sánchez o Abascal fueron los protagonistas de sus partidos, es buena prueba de ello.

Así las cosas, la imagen general de la valoración de líderes nos dice poco sobre lo que piensan los votantes. La muestra del CIS sin «cocina» incluye una muestra más amplia de izquierda que de derechas y esto puede limitar análisis más ambiciosos. Los datos muestran que Abascal (2,63) es el líder peor valorado y Sánchez el mejor (3,98), pero esto añade poco color al dibujo.


Antes que la valoración general importa más la nota que ponen a su líder los afines a cada partido. Primero, porque se elimina el sesgo de la muestra del CIS, pues se agrupa por intención de voto aunque la muestra sea menor. Segundo, porque es más interesante ver cómo se mueven los apoyos entre los votantes potenciales, o al menos los que declaran interés de voto en ese momento. Esta imagen sí enseña algunas claves importantes.


Entre los principales partidos, Alberto Núñez Feijóo es el líder peor valorado por su propio electorado. Diciembre, con un 6,36, fue su segunda mejor marca del año, pero queda descolgado del resto de líderes, los cuales superan con holgura el 7 de valoración. En la otra cara de la moneda, Pedro Sánchez ha sido el líder mejor valorado por sus votantes desde el mes de abril. Abascal y Yolanda Díaz —sin incluir al electorado de Podemos— avanzan con una nota muy similar. 

Entre los principales partidos, Alberto Núñez Feijóo es el líder peor valorado por su propio electorado. Diciembre, con un 6,36, fue su segunda mejor marca del año, pero queda descolgado del resto de líderes.

Este dibujo de valoración es casi el contrario al de la intención de voto. Lejos de tratarse de un error, lo cierto es que se pueden extraer varias lecturas al respecto. La tendencia de los últimos meses muestra a Vox en máximos históricos, rozando el 20 % en la mayoría de encuestas y a un PP que también crece, pero no tanto como se podría esperar. Por contra, el PSOE continúa achacando un desgaste prolongado, si bien no se aleja en exceso de los populares. Con distintos números, es la imagen que dejaron los comicios extremeños.

Aquellos que se están quedando en el PSOE están plenamente convencidos del liderazgo del presidente, pero cada vez son menos.

Pero, ¿cómo es posible que Sánchez sea el líder con más apoyo y Feijóo el que menos si sabemos de la dinámica de estos dos partidos? Una hipótesis está en el votante de centro y el trasvase de votos. Aquellos que se están quedando en el PSOE están plenamente convencidos del liderazgo del presidente, pero cada vez son menos. Al mismo tiempo, los que viajan del PSOE al PP pueden no estar encantados con el liderazgo del gallego, pero prefieren optar por los populares.

La composición del electorado nos da una pista: en el PP, con datos de diciembre, el 27,8 % de su electorado se ubica en el centro, cifra que en el PSOE no alcanza el 10 %. Es decir, Sánchez logra movilizar en la izquierda, aunque cada vez amplía más la brecha con un votante moderado que no está encantado con Feijóo, pero está decepcionado con los últimos meses del PSOE.

Otra de las dinámicas que se ven con más claridad es la temporal. Desde que los casos de corrupción en el PSOE están agudizándose, afloran muchos cambios a izquierda y derecha. Siguiendo con el CIS, la preferencia (espontánea) por un líder político para ser presidente revela los principales conflictos a un lado y a otro. Empecemos con la izquierda (por ubicación ideológica).


Pedro Sánchez ha pasado de ser preferido por el 72 % de los izquierdistas a que solo lo hagan el 55 %. Son poco más de seis meses de caídas casi continuadas y que, por el momento, parecen no encontrar su suelo. Este dato es importante porque aquí no se incluyen las transferencias desde el centro: esta pérdida es netamente izquierdista y apunta a los pilares de voto del PSOE. Si se desagrega por género, la caída está presente tanto para hombres (52 % de preferencia) como para mujeres (57 %).

Pedro Sánchez ha pasado de ser preferido por el 72 % de los izquierdistas a que solo lo hagan el 55 %. Son poco más de seis meses de caídas casi continuadas.

Este desgaste del líder socialista se contrapone al auge de Gabriel Rufián. A estas alturas, parece claro que «algo» surgirá a la izquierda del PSOE cuando llegue el momento, y el candidato preferido para liderar ese algo es el diputado catalán. 

Aunque la viabilidad de una lista única de izquierdas de ámbito estatal y periféricas es más que dudosa, esta parece nutrirse del desgaste socialista a la vez que moviliza al electorado que más posibilidades tiene de quedarse en casa. Por último, un matiz importante: Irene Montero (2 %) e Ione Belarra (1,2 %) tampoco pondrán fácil el que se dé esa candidatura con una líder que no sea la propia Montero. Es tan obvio que surgirán listas unificadas a la izquierda del PSOE como difícil que sea una lista transversal que no deje fuera a ningún partido.

Veamos ahora las preferencias en la derecha.


Feijóo se ha consolidado como la opción preferida entre el votante derechista, pero la tendencia al alza de Santiago Abascal es cuanto menos importante. El líder de Vox ha pasado de competir con Isabel Díaz Ayuso en cifras cercanas al 20 % a lanzarse por encima del 30 %, llegando a ser la opción preferida para la presidencia en octubre y noviembre.

El líder de Vox ha pasado de competir con Isabel Díaz Ayuso en cifras cercanas al 20 % a lanzarse por encima del 30 %, llegando a ser la opción preferida para la presidencia en octubre y noviembre.

Ese dato demuestra que, aunque el PP continúa a una distancia muy prudente de Vox en términos de voto agregado, el liderazgo de Abascal consigue optimizar mucho sus apoyos y está lejos de alcanzar su techo. También deja una pregunta en el aire: ¿El electorado que prefiere a Ayuso se quedaría con el candidato popular o se cambiaría al verde?

Es importante matizar, sin embargo, que al no incluir al votante de centro (autoubicación 5) se pierde una parte del electorado donde se ha demostrado que Feijóo rinde algo mejor. Además, en el agregado total (con toda la muestra), la opción preferida para presidir el país es «Ninguno/a de ellos/as», con el 25 %.

La carrera de 2026 ya ha comenzado

Con estos datos se puede ver la entrada al 2026 con un PSOE venido a menos y en el que el liderazgo de Pedro Sánchez lejos de sumar, adolece de un desgaste importante. Atrás quedan los meses en los que los socialistas fueron líderes en la arena internacional contra el genocidio en Gaza: hoy la agenda está ocupada por la vivienda, los casos de acoso en el PSOE y las tramas de corrupción en el seno del partido. Aunque la vorágine causada por Donald Trump puede volver a centrar a la ciudadanía en el plano internacional.

Si los populares no pueden hacer gala de una buena gestión ni de ser la oposición más dura, Vox va a seguir escalando puestos.

En Génova las celebraciones han de ser muy contenidas. El paradigma de Extremadura, con un PP que gana pero necesita de «alguien más» puede repetirse. Y si los populares no pueden hacer gala de una buena gestión ni de ser la oposición más dura, Vox va a seguir escalando puestos al tiempo que Abascal depura la cúpula del partido. En esta batalla, la incógnita de entrar al Gobierno o no va a seguir siendo una constante.

Finalmente, lejos de la acción, las izquierdas apuntan a seguir discutiendo las fórmulas de una unión que sin cambios de discurso solo aspira a amortiguar una fuerte caída.

Autor

Hola 👋
¿Otra partida?

Únete para no perderte ninguno de los movimientos del juego.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

por Jorge de Diego Hurtado

Politólogo, analista electoral y cinéfilo cuando me dejan. Cofundé El Tablero Político y ahora trabajo también en Agenda Pública. Antes, merodeé por Bruselas.

Deja una respuesta