Continúan las protestas masivas en Irán, caracterizadas por una durísima depresión. La oposición, todavía sin una estructura clara, mantiene el pulso.

A finales de 2025, la población iraní comenzó una serie de protestas y movilizaciones alrededor del país que han acabado por paralizar la República Islámica, además de adquirir una relevancia internacional notoria. La movilización, iniciada por la progresiva degradación de las condiciones económicas, se ha convertido en la mayor protesta del siglo, poniendo a prueba el régimen de los ayatolás.
A diferencia de protestas anteriores, las actuales se caracterizan por una profunda erosión en la confianza social, un recuerdo vivo en las protestas reprimidas y una creciente presencia en el exterior de rostros opositores. Pero, ¿qué está sucediendo en Irán?
Origen y características de la protesta
Las protestas comienzan el 28 de diciembre de 2025 en Teherán, cuando los propietarios de los negocios del Gran Bazar (mercado histórico del país y de suma importancia para el negocio local) comienzan a cerrar en protesta por la inflación y la devaluación del rial. Poco después, la protesta acaba expandiéndose a cientos de ciudades en todas las provincias del país, entre ellas Mashhad, Isfahán, Shiraz, Qom, Yazd y Kermanshah.
Las protestas carecen de estructura organizativa o liderazgo visible, por lo que resulta difícil desarticularlas
El perfil de los manifestantes es diverso. En primer lugar, participan comerciantes y trabajadores fabriles, pero se acaba extendiendo a jóvenes, estudiantes, y sectores precarizados. Las protestas, por otro lado, carecen de estructura organizativa o liderazgo visible, por lo que resulta difícil desarticularlas. De hecho, las movilizaciones han sido muy variadas, pasando por concentraciones pacíficas, marchas espontáneas, huelgas parciales, cortes de vías e incluso enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
Todo ello un reflejo de la diversidad de demandas durante esta movilización. Junto con las reclamaciones de carácter económico, hay críticas abiertas hacia el sistema político y hacia los líderes más destacados en él. En muchos videos verificados aparecen consignas en contra del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y en contra del establishment clerical en su conjunto. Además, el papel de la mujer sigue estando presente en la calle, representando la continuidad en la lucha que comenzó en 2022 después de la muerte de Mahsa Amini. Toda esta heterogeneidad ha provocado que la respuesta estatal se convierta en un interrogante para el propio régimen.
Represión del régimen de Irán
La reacción del Gobierno iraní ha sido inmediata y contundente. Las fuerzas de seguridad, incluidas las Guardias Revolucionarias Islámicas y las milicias Basij, se han extendido por las calles del país, utilizando mecanismos violentos y la represión para acabar con cualquier atisbo de movilización o protestas. En este sentido, organizaciones de derechos humanos informan sobre el uso de proyectiles reales, arrestos en masa y operativos nocturnos en barriadas residenciales.
A pesar de esto, la censura informativa del régimen hace difícil determinar el número exacto de víctimas o detenidos, aunque entidades como Iran Human Rights han cifrado el número de manifestantes muertos en 3.428 (datos del 14 de enero), así como en torno a 10.000 detenidos. Sin embargo, otras organizaciones han calculado que el número de detenidos ascendería realmente hasta los 18.000.
El Gobierno impuso apagones en Internet y telefonía móvil, lo que dificulta la organización
Como destacábamos, el control de la información se ha convertido en uno de los instrumentos claves del régimen ayatolá. A principios de 2026, el Gobierno impuso apagones en Internet y telefonía móvil, lo que dificulta la organización entre los manifestantes y reduce en gran medida la información que sale al extranjero.
En términos políticos, el Gobierno culpa a otros países de provocar las revueltas. En este sentido, el ayatolá Alí Jamenei ha culpado a los «enemigos del país» de fomentar los disturbios y, además, ha justificado la violencia como medio de mantener el orden en el país. Otros ayatolás prominentes y con cargos en el poder judicial sopesan castigos severos a los detenidos por delitos como moharebeh (enemistad con Dios).
Reza Pahlavi y la oposición
En paralelo al desarrollo de las protestas dentro de Irán, se hace cada vez más visible la figura de Reza Pahlavi, hijo del último sah derrocado en 1979. Desde su exilio, Pahlavi se posiciona como representante de la protesta y destaca la necesidad de una transición política basada en un referéndum y en un sistema laico y democrático.
En las últimas semanas, Pahlavi ha aumentado su aparición en medios internacionales para condenar la represión y solicitar apoyo a los manifestantes. Sus mensajes pasan a ser difundidos ampliamente en las redes sociales, lo que contribuye a colocarlo entre las voces más reconocidas entre las oposiciones en el extranjero.
En el contexto iraní, la figura de Pahlavi es objeto de sentimientos encontrados. Para algunos miembros del movimiento, en especial jóvenes y la diáspora, Pahlavi es la alternativa simbólica al régimen teocrático. Para otros, la conexión con la monarquía derrocada puede constituir una limitación en la acción como líder del movimiento descentralizado. El propio régimen ha utilizado su figura y sus distintas apariciones públicas para defender la idea de que la oposición está manipulada desde el exterior.
Sin embargo, la figura de Pahlavi no ha adquirido ese papel de protagonismo o personificación que él mismo quiere atribuirse. En este sentido, las manifestaciones siguen careciendo de una dirección común o de una organización jerárquica establecida.
En conclusión, las protestas en que continúan desarrollándose en Irán evidencian un conflicto estructural entre amplios sectores de la sociedad y un sistema político que responde al descontento mediante la coerción y el control informativo. La persistencia de las movilizaciones, la dureza de la represión y la ausencia de un liderazgo interno consolidado mantienen abierto un escenario de elevada incertidumbre, tanto para la estabilidad del régimen como para la capacidad del movimiento social de traducir la protesta sostenida en un cambio político efectivo en Irán.
