El conflicto en Yemen es uno de los más ignorados por la prensa internacional, pero estas últimas semanas diversos sucesos han dado un giro inesperado a la disputa. 

Las últimas décadas han visto una sucesión de acontecimientos políticos y militares de fuerte impacto global en Oriente Medio, una de las regiones más castigadas por la guerra, el colapso estatal o el autoritarismo. De la gran cantidad de conflictos que azotan a esta sufrida región, la guerra civil en Yemen, el país más pobre y subdesarrollado de la península arábiga, es uno de los más devastadores y, a su vez, más ignorados.

En las últimas semanas, sin embargo, el país ha experimentado una serie de sucesos que anticipan un cambio de ciclo para una crisis estatal que parecía totalmente irresoluble. ¿Qué ha pasado en Yemen?

¿Cómo llegó Yemen hasta donde está hoy?

El actual Estado yemení se creó en 1990, cuando se logró la unificación entre Yemen del Norte, gobernado por un régimen nasserista, y Yemen del Sur, el único régimen comunista pleno del mundo árabe. Toda la región había sido foco de frecuentes luchas y guerras civiles en el pasado, fruto de una sociedad muy fragmentada por diferencias tribales, sociales y religiosas. Aunque casi la totalidad de los yemeníes son musulmanes, alrededor de dos tercios son suníes, mientras que cerca de un tercio practica una rama del chiismo. Más allá de la religión, las diferencias entre clanes y tribus son aún más marcadas.

El largo régimen de Saleh, marcado por el autoritarismo, se apoyó en agitar los conflictos regionales y tribales para preservar el poder.

Desde su fundación, Yemen fue presidido por el dictador Ali Abdullah Saleh, que había gobernado previamente Yemen del Norte desde 1978. El largo régimen de Saleh, marcado por el autoritarismo, se apoyó en agitar los conflictos regionales y tribales para preservar el poder. A tal fin, reprimió con dureza tanto los levantamientos islamistas en el norte como las aspiraciones de sectores separatistas del sur, que lo acusaron de incumplir sus promesas en el momento de la unificación.

En 2011, en el marco de la Primavera Árabe, estalló un abrumador movimiento de protesta nacional que expulsó del poder a Saleh y, tras un acuerdo entre los diferentes grupos opositores y el gobierno interino, llevó a su reemplazo temporal por su vicepresidente, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi.

La caída de Saleh fue recibida con alegría por buena parte de la población, que esperaba la llegada de un gobierno más democrático y transparente. Sin embargo, el resultado fue un vacío de poder que debilitó la posición del Estado yemení para afrontar los intereses contrapuestos del gobierno de Hadi, los grupos separatistas del sur, las organizaciones islamistas del norte, los remanentes del régimen de Saleh todavía fuertemente arraigados en el sector público y las fuerzas de la oposición nacional.

A finales de 2014, la organización islamista chií Ansar Allah («Partidarios de Alá»), conocida popularmente como los «hutíes», organizó un intento de golpe de Estado con el apoyo de sectores leales a Saleh. Tras una serie de intensos combates que perduraron hasta los primeros meses de 2015, el golpe logró triunfar en la capital, Saná, expulsar al gobierno de Hadi a Adén (antigua capital de Yemen del Sur) y apoderarse de casi la totalidad del antiguo territorio del norte, pero no pudo asegurar el control total del país.

Pese a verse expulsado de la capital, Hadi continuó siendo reconocido como presidente de Yemen por la comunidad internacional. Su principal aliado militar fue Arabia Saudita, que temía una toma de poder total por parte de los hutíes, organización vinculada a Irán, su principal rival por la hegemonía regional. Los saudíes intervinieron agresivamente para asegurar el control del gobierno central en las áreas no controladas por los hutíes, facilitando la supervivencia del régimen al borde del colapso.

Sin embargo, la descoordinación del gobierno yemení y el surgimiento de otros grupos que buscaban disputarle el poder terminaron desvirtuando el conflicto. De una guerra entre el gobierno de Hadi apoyado por los saudíes y los rebeldes hutíes apoyados por los iraníes se pasó a un escenario con, al menos, cinco organizaciones armadas con capacidad de control territorial, desde grupos islamistas suníes como el Estado Islámico (ISIS) hasta los separatistas sureños y partidarios de Saleh. En 2017, después de que estos últimos se rebelaran contra los hutíes, el mismo Saleh sería declarado traidor y ejecutado. Por su parte, en 2022, Hadi dimitió y fue reemplazado por un Consejo Presidencial con representantes de diversas organizaciones, que sigue siendo considerado el gobierno legal de Yemen.

Hoy por hoy, se estima que más del 80 % de la población de Yemen depende de ayuda humanitaria para sobrevivir.

Arabia Saudita lideró una coalición internacional (integrada por Bahréin, Kuwait, Marruecos, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) para intervenir militarmente en Yemen a favor del gobierno. Esta brutal campaña militar consistió en intensos bombardeos sobre el área controlada por los hutíes y un bloqueo aéreo y naval que resultó en un colapso generalizado de la infraestructura estatal, el sistema sanitario y las condiciones de vida del país. Hoy por hoy, se estima que más del 80 % de la población de Yemen depende de ayuda humanitaria para sobrevivir.

¿Qué pasó en los últimos meses?

En el último año, se ha visto un deterioro en las relaciones entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, entre los cuales se ha desatado una creciente rivalidad por liderar el bloque regional árabe contra la influencia de Irán. El conflicto yemení ha sido el principal escenario de esta crisis, con Arabia Saudita respaldando al gobierno central, mientras que los Emiratos Árabes Unidos han ayudado con equipamiento y reconocimiento a los separatistas sureños.

Entretanto, el estallido de las protestas en Irán durante las últimas semanas de diciembre debilitó la posición de la potencia chií para intervenir más decididamente a favor de los hutíes, lo que dejó al grupo islamista atrincherado en sus bastiones. Esto privó a los saudíes y a los emiratíes de una excusa para preservar la unidad de su coalición a la fuerza y dio margen para una resolución acelerada de su disputa.

Mientras en el resto del mundo la captura de Nicolás Maduro copaba los titulares internacionales, Arabia Saudita inició una campaña de bombardeos y ayudó al gobierno central a lanzar una agresiva contraofensiva.

A finales de 2025, grupos rebeldes tribales impulsados por Arabia Saudita ocuparon Hadramaut, región del este yemení bajo el control del Consejo de Transición que alberga más del 80 % de las reservas de petróleo del país. En respuesta, el Consejo de Transición rompió definitivamente con el Gobierno central, declaró su intención de restablecer Yemen del Sur por medio de un referéndum y comenzó una ofensiva que casi provocó el colapso definitivo del gobierno internacionalmente reconocido. Para el 2 de enero de 2026, controlaba más de la mitad del territorio de todo Yemen y casi la totalidad del antiguo Yemen del Sur.

Sin embargo, mientras en el resto del mundo la captura de Nicolás Maduro copaba los titulares internacionales, Arabia Saudita inició una campaña de bombardeos y ayudó al gobierno central a lanzar una agresiva contraofensiva que, en menos de cuatro días, desalojó a todas las fuerzas del Consejo de Transición del sur de Yemen. El 7 de enero, los Emiratos Árabes Unidos se retiraron de la coalición y anunciaron que pondrían fin a su participación militar en Yemen, lo que condujo a la disolución de facto del Consejo el 9 de enero.

¿Qué esperar?

La salida de los Emiratos Árabes Unidos del conflicto yemení y la toma de control por parte del régimen de Adén de la totalidad del sur abren la puerta a un conflicto diferente. Aunque una ofensiva contra los hutíes que termine de reunificar Yemen se percibe como improbable, el conflicto vuelve a ser (al menos sobre el papel) una guerra casi bipolar entre el gobierno central y los rebeldes islamistas. El único tercer actor con peso territorial es la Resistencia Nacional Yemení, grupo de partidarios del difunto dictador Saleh, que ya ha declarado su lealtad al gobierno central. Otros grupos pequeños son las organizaciones islamistas Ansar al-Sharia y Estado Islámico, que controlan algunas aldeas en el centro del país.

La derrota militar del Consejo de Transición del Sur no representa el fin del movimiento separatista sur yemení.

En principio, esto significa un conflicto mucho menos «complejo» y abre la puerta a que muchas resoluciones que antes eran prácticamente imposibles ahora sí puedan discutirse, como el acuerdo para la apertura de corredores que permitan paliar la crisis humanitaria con el ingreso de ayuda, algo demasiado difícil de hacer cuando esta debía pasar por más de cinco canales y verse sometida a las restricciones de decenas de burocracias separadas. Para muchos yemeníes, esto representa un paso adelante significativo.

Pero no todo es color de rosa. La derrota militar del Consejo de Transición del Sur no representa el fin del movimiento separatista sur yemení. El estallido de masivas protestas por parte de los secesionistas en Adén, que han durado varios días, apunta a que la unidad a la fuerza del Estado yemení, lograda vía militar por los saudíes, podría ser mucho más frágil de lo que parece.

Por lo pronto, los devenires de la guerra en Yemen permiten, al menos en esta ocasión, dar un repaso a lo que es uno de los conflictos más tristes, interminables y penosos de una de las regiones más conflictivas del mundo. Tal vez, del mismo modo, los próximos meses traigan nuevas noticias para discutir sobre una de las naciones más sufridas de tiempos modernos.

¿Por qué nadie habla de Yemen?

Si algo ha marcado a la guerra en Yemen es el silencio internacional respecto a ella. Es muy raro que veamos reportes de prensa constantes sobre el conflicto, aun cuando se dan ofensivas de peso como la que barrió del mapa al Consejo de Transición hace tan solo unas semanas. Aunque es entendible que eventos como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela o el estallido social en Irán la eclipsaran, eso no explica por qué existe tan poca discusión respecto a una guerra tan larga y penosa. Una decisión calculada por parte de potencias interesadas tampoco la explicaría: a Israel le gustaría que nadie hablara de Gaza y se sigue haciendo; a Irán le gustaría que nadie hablara de las protestas y, aun cuando la cobertura periodística ha sido baja, estas siguen copando la agenda.

Si se habla de Siria, Libia o Irak es porque las guerras precipitaron masivas oleadas migratorias desde Oriente Medio hacia Occidente, sobre todo Europa, provocando un impacto social evidente.

En principio, está la escasa consecuencia externa. Aunque se trata de una guerra civil en la que las potencias regionales interesadas han tenido una injerencia abrumadora, por lo pronto prácticamente los únicos afectados en forma directa por el conflicto son los propios yemeníes. Si se habla de Siria, Libia o Irak es porque las guerras precipitaron masivas oleadas migratorias desde Oriente Medio hacia Occidente, sobre todo Europa, provocando un impacto social evidente que fuerza a discutir el tema. Entretanto, la guerra en Yemen ha desplazado a más de cinco millones de personas, pero la gran mayoría ha sido de migrantes internos. Yemen está «encajonado» del norte al este en sus fronteras terrestres por la coalición árabe, que impide, vía bloqueo, la salida en masa de migrantes, mientras que al sur solo hay una peligrosísima ruta marítima hacia un África oriental que tampoco es prometedora.

Otra motivación es la dificultad que implica, para muchos medios, resumir de forma simple y «atractiva» desde el punto de vista de la cobertura periodística un conflicto multilateral con más de cinco facciones y al menos cuatro potencias regionales implicadas. Por lo general, muchos medios de peso ven conflictos entre dos facciones claramente distinguibles que puedan contrastarse para generar un debate (Israel y Palestina, Assad y la oposición siria, Maduro frente a la oposición venezolana) como más «fáciles de vender»

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por Felipe Galli

Estudiante de Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, con experiencia en activismo en contextos autoritarios y especialización en la cobertura de procesos electorales de todo el mundo.

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