Phyllis Schlafly es al mismo tiempo una gran desconocida para el público general y una figura indispensable para entender el pensamiento conservador actual. ¿Por qué es tan importante?

Cuando uno hace un repaso de la historia del conservadurismo, los nombres que tienden a aparecer son masculinos. Con algunas excepciones como Margaret Thatcher o Ayn Rand, existe la impresión de que históricamente el papel de las mujeres en el lado derecho del tablero no ha sido muy destacable.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad: en la historia del pensamiento conservador encontramos una gran cantidad de mujeres. Mujeres como la que hoy nos ocupa, Phyllis Schlafly. Este nombre, prácticamente desconocido, ha sido crucial a la hora de sentar las bases del actual Partido Republicano estadounidense y del pensamiento conservador contemporáneo. 

A pesar de lo controvertido de muchas de sus ideas, merece la pena realizar un acercamiento a su figura para entender su impacto e importancia que aún perduran a día de hoy.

Hacia la movilización de la (nueva) base conservadora

El panorama político después de la Segunda Mundial era tan diferente al actual que podría considerarse otro planeta. La devastación resultante del conflicto llevó a que políticas sociales como el New Deal se convirtieran en la norma.

En este contexto en el que incluso los políticos republicanos se vieron obligados a seguir la corriente social de la época, Schlafly rompe los esquemas de la época apoyando a Barry Goldwater en las primarias republicanas. Su libro, A choice not an echo, fue clave para que este consiguiera la nominación.

La publicación de libros breves sobre temas de actualidad fue una de las principales maneras con las que consiguió extender su influencia. Otra de las claves estuvo en su newsletter, The Phyllis Schlafly report, que se publicó desde 1967 hasta 2016 y contaba en sus orígenes con una de las listas de suscriptores más extensas del panorama conservador.

Volviendo a su libro, este no solo buscaba impulsar a Goldwater, sino cambiar las dinámicas internas del Partido Republicano. En el libro se critica duramente el control de las élites sobre las estructuras de los partidos, considerando que estas conspiraban para imponer candidatos moderados.

Esta idea coincidió con un cambio en la base del conservadurismo estadounidense que durante el siglo XX atravesó una transformación de un movimiento elitista institucionalmente moderado a uno más amplio, populista e ideológicamente asertivo.

La intervención de Schlafly cimentó en el Partido Republicano el llamado grassroot activism (una manera de entender la acción política que pone el foco en la gente de a pie) y las candidaturas insurgentes, lo que allanó el camino para momentos decisivos como la elección de Ronald Reagan.

Intelectualmente, Schlafly se caracterizó por su capacidad de integrar política interior, que debía estar regida por un tradicionalismo cristiano, y exterior, con un ferviente anticomunismo, para ofrecer una cosmovisión cohesionada en la que el alma de Estados Unidos estaba luchando una batalla existencial contra sus enemigos.

Esta narrativa de decadencia y resistencia que impulsaron Schlafly y otros autores pasaría a ser la piedra angular del pensamiento conservador desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

La clave del pensamiento de Schlafly no está en la originalidad de ideas individuales, sino en su capacidad de sintetizar, popularizar y explotar una serie de compromisos ideológicos emergentes que luego pasarían a ser la norma. Su obra funcionó como un puente entre la teoría tecnócrata elitista y la política de masas, transformando principios e ideas elevadas en retórica accesible que conseguía movilizar a las bases.

Cristalizando un movimiento: STOP ERA

La capacidad de Schlafly para convertir ideas de lucha conservadora contra la decadencia en movimiento concreto de las bases tiene su momento clave en su liderazgo de la campaña contra el Equal Rights Amendment, durante los años setenta.

La Enmienda de Igualdad de Derechos buscaba una igualdad material entre hombres y mujeres en Estados Unidos y, hasta la intervención de Schlafly, se consideraba como una política consensuada a ambos lados del espectro político que se aprobaría sin problemas.

Su argumentación contra la enmienda tenía dos dimensiones. En primer lugar, una legal, que defendía que con su aprobación desaparecerían privilegios legales de las mujeres como la exención del reclutamiento militar obligatorio. En segundo término, uno político, por el que se vinculaba la ley a una gran expansión del poder federal, lo que conectaban con ansiedades anticentralistas propias de los conservadores. Fue este enfoque pragmático-cultural el que le permitió conseguir apoyos de sectores muy dispares de la sociedad.

Lejos de no contar con la participación de mujeres en su cruzada, Schlafly se encargó de alentarla especialmente. Esto reveló una paradoja en el centro de su nueva manera de hacer política: el uso de técnicas de participación política activa modernas para defender normas sociales tradicionales.

La ley de Igualdad de Derechos nunca fue aprobada y el legado de Schlafly en la concreta movilización política se cristalizó y fue más allá de STOP ERA, sentando las bases para futuras movilizaciones conservadoras como las contrarias al aborto o los derechos LGTBI.

Género, poder y paradojas

La carrera de Phyllis Schlafly debe verse como un caso muy interesante de estudio de la interacción entre las dinámicas de género y la agencia política. Schlafly era una abogada licenciada por Harvard, una autora extraordinariamente prolífica y una figura política influyente en el tablero nacional estadounidense, representando muchas de las oportunidades que luchó por extender el feminismo de segunda ola. A pesar de esto, Schlafly se posicionó radicalmente en contra del movimiento, abogando por una vuelta a un status quo tradicional en el que su carrera no podría haberse desarrollado.

Una lectura que hace la doctrina al respecto denomina la postura de Schlafly como “esencialismo estratégico”. Así, los roles tradicionales de género debían ser no solo aceptados, sino convertidos en identidades políticas. Las mujeres tendrían una autoridad moral derivada de sus roles como madres y amas de casa que legitimaba su participación política cuando se trataba de temas relativos a la familia y la organización social. De esta manera puede congeniarse la participación femenina activa con una visión explícitamente antifeminista.

Otra línea de interpretación de su papel y obra se centra en la dimensión performativa de la política de Schlafly. De esta manera, la clave estaría en cómo su personalidad pública de mujer formada, femenina y muy tradicional no era una contradicción, era un contrapeso simbólico a los elementos confrontacionales y rupturistas del movimiento feminista de la época. Se rechaza una búsqueda de legitimación abstracta en favor de una utilitarista.

Una mirada holística al conjunto de su obra revela un entendimiento profundo de la adaptabilidad de los movimientos ideológicos y el valor de la incorporación de tácticas de sus rivales. A un nivel más profundo, esta dinámica revela cómo los movimientos de oposición pueden verse envueltos en dinámicas de adaptación al otro, no solo de negación categórica.

El legado de Phyllis Schlafly es uno de búsqueda de la ampliación de su agencia individual a través de la limitación estructural de la de otros. Su influencia es profunda y extensa, pudiendo concluir con que su figura es clave para poder comprender cómo hemos llegado al momento político actual. 

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por Alejandro Hernández

Filólogo y (casi) jurista. Yo he venido aquí a hablar de política (especialmente la de Estados Unidos) y tomar café (especialmente el de fuera de Estados Unidos).

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