Desde que David Broncano tomase posesión de las noches de La 1, la sociedad española ha estado viviendo en un constante día de elecciones: datos de audiencia en vivo, campañas de desprestigio, comentarios hirientes camuflados en bromas… Lo que parecía un simple impulso de la cadena pública ha tenido como resultado una de las batallas mediáticas más importantes de los últimos años.

Este crecimiento de la televisión estatal se ha expandido también a los telediarios y programas de mañanas, donde Silvia Intxaurrondo y Pepa Bueno han conseguido hacer temblar los cimientos del dominio de Antena 3. Ahora bien, ¿es esto motivo de alegría? ¿Cuál debe ser el objetivo de una televisión pública? En definitiva, ¿por qué busca la 1 ser la cadena más vista?

La paradoja de la audiencia

La respuesta a estas preguntas puede parecer obvia: toda cadena de televisión busca la máxima audiencia o, lo que es lo mismo, el máximo beneficio. Por ejemplo, Atresmedia ha conseguido 63,5 millones de euros de beneficio en los últimos nueve meses. Estos ingresos vienen dados, en su inmensa mayoría, en forma de publicidad convencional: anuncios, spots, patrocinios, etc. Por tanto, es entendible que busquen unas mayores audiencias que atraigan mayores inversiones publicitarias. 

Tercer Informe anual sobre el sector audiovisual en España 2025. Fuente: SpainAVSHub

No obstante, cabe resaltar que las televisiones del Estado no pueden ser usadas para publicitar productos o servicios privados. De igual manera, Radio Televisión Española (RTVE) se financia de manera íntegra por el Estado, por lo que no depende de los beneficios de dichas promociones. Por tanto, si las fuentes de ingreso no son el motivo principal, ¿por qué busca Televisión Española ser la cadena más vista?

Toda empresa pública debe regirse por un factor fundamental: la eficiencia

Toda empresa pública debe regirse por un factor fundamental: la eficiencia. Nadie quiere ver cómo sus impuestos se destinan a iniciativas que no aporten ningún valor a la sociedad. Por ese motivo, si nadie viera La 1, se podría argumentar que su existencia solo produce un agujero en las arcas públicas y que dicho dinero estaría mejor invertido en otro tipo de sectores. Por ende, aquí hallamos la primera paradoja de la televisión pública: la (no) necesidad de la audiencia para su supervivencia. 

La crisis de identidad

Ahora vamos a por la segunda paradoja. Si nos remontamos al siglo pasado, el nacimiento de la televisión pública viene ligado a una misión de servicio público: proveer acceso a información y entretenimiento de manera universal a la población. Sin embargo, hoy existen decenas de canales gratuitos que, aun siendo privados, cumplen con la misma función. Es más, dichos canales privados cuentan con una gran ventaja comparativa: financiación privada.

Al ser todos sus gastos privados, o mejor dicho, no sufragados por el contribuyente, pueden justificar de mejor manera sus gastos. Mientras tanto, la televisión estatal se debe a la mayor rendición de cuentas que existe: el ciudadano. La pregunta que surge es: ¿por qué va a querer dicho ciudadano pagar en impuestos un servicio gratuito que ya tiene gracias a otros medios? Por lo tanto, ¿ha quedado la televisión pública obsoleta?

RTVE nació con un propósito que a día de hoy ha sido cubierto por otros. Todos recordaremos con cariño la mítica programación de “la primera” y “la segunda”. La infinidad de programas y series, eventos deportivos y la narración de los acontecimientos más importantes del siglo. Pero, e insistiendo una vez más, la televisión estatal española fue concebida con un sentido de servicio público y, lamentablemente, las luchas de audiencias, fichajes y orgullos heridos no cumplen con esa misión.

Serie de televisión Verano Azul. Fuente: El Mundo

Horizonte: ser la más veraz

Entonces, la respuesta es sencilla, ¿no? Simplemente hay que suprimir lo que no sirve y, en este caso, es RTVE. O tal vez exista otra opción. La gran ventaja frente a sus otros competidores es su independencia de financiación. Nunca podrá ser acusada de servir intereses económicos de ningún tipo. En este nuevo mundo de Internet y las redes sociales, el monopolio de la información ha sido destrozado. Por un lado, el ciudadano puede optar a mayor variedad de contenido y comunicadores. Por otro, es mucho más fácil emplear esa apertura en la instigación de informaciones falsas.

Es en este nuevo mundo donde la televisión pública debe hacerse una pregunta crucial: ¿Qué función puedo cumplir? ¿Puede La 1 ser la cadena más rápida? No, pues está X, antes Twitter. ¿Puede La 1 ser la cadena más mediática? No, pues está Tiktok y sus influencers ¿Puede La 1 ser la cadena cuya información sea la más veraz? Sí, rotundamente sí. Es a partir de este enfoque en el que TVE puede volver a su origen de servicio público llenando un hueco que la sociedad necesita.

No hay que ser muy perspicaz que su línea editorial encaja de manera perfecta en la retórica de los dirigentes a su cargo

Ahora bien, existe un riesgo que hasta ahora no ha sido mencionado: la política. Igual que la financiación pública es una ventaja para esquivar intereses privados, existe una posibilidad enorme de que los partidos políticos en el poder usen la televisión pública como un medio donde exponer su agenda y sus discursos. Por poner dos ejemplos de cada lado, podemos pensar en la 1 y en Telemadrid. A pesar de que ambas cadenas defiendan que su contenido es totalmente independiente, no hay que ser muy perspicaz que su línea editorial encaja de manera perfecta en la retórica de los dirigentes a su cargo.

Fuente: Canal UNED

Quo vadis, RTVE?

Lo que ha quedado claro es que este debate no es numérico o económico desde el punto de vista de la demanda y la oferta. Ni La 1 necesita los ingresos de las audiencias, ni la población necesita la programación de La 1 para mantenerse informada o entretenida. Lo que necesita es saber discernir la realidad de un nuevo mundo donde se suceden guerras sucias de información que manchan de un fango putrefacto el debate público.

Por ello, convendría que no solo RTVE como institución, sino todos como ciudadanos nos preguntásemos qué esperamos y qué queremos de nuestro servicio público de información. ¿Queremos que La 1 sea la cadena más vista? ¿Apostamos tener a los mejores comunicadores y programas? ¿Optamos a que nuestra cadena de televisión sea acusada constantemente de estar sesgada a favor del Gobierno? 

A fin de cuentas, todo ello supondría caer en las mismas lógicas que los entes privados y de los instigadores de la desinformación. Por eso, tal vez, y solo tal vez, convendría usar la virtud de lo público para distinguirse y convertirse en el referente nacional de información veraz.

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por Abel Gómez Arévalo

Estudios Internacionales y Ciencias Políticas en la UC3M. Apasionado por la geopolítica, analizo el mundo a través de sus conflictos, alianzas y transformaciones. Siempre en busca de entender el poder detrás del mapa.

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