El PP busca mejorar sus resultados en una contienda electoral diseñada con un doble objetivo: mostrar la fragilidad de Sánchez a la vez que se desembaraza de su dependencia de Vox para gobernar.

Jorge Azcón convocó elecciones tras la imposibilidad de aprobar los presupuestos y la falta de apoyos. De esta forma, marcó un hito al ser los primeros comicios anticipados en la historia de la comunidad y desvinculados de otras elecciones. El Partido Popular (PP) ha buscado atraer a descontentos del PSOE y a la vez atacar a Vox, su socio potencial ¿Cómo ha enfrentado el PP esta campaña?
El contexto
El PP afronta las elecciones tras un mandato marcado por la inestabilidad política y la necesidad de pactos. Azcón, actual presidente aragonés, asumió el cargo en agosto de 2023 gracias al apoyo de Vox, tras ganar las elecciones sin alcanzar la mayoría absoluta. Durante su gestión, el bloqueo en la aprobación de los presupuestos regionales y la falta de apoyos parlamentarios —incluso de su socio Vox— llevaron a la disolución anticipada.
El PP ha gobernado en minoría, con Vox anteriormente ocupando la vicepresidencia primera y dos consejerías, pero la tensión entre ambos partidos ha sido constante, especialmente en temas clave como la financiación autonómica y la gestión del agua.
Con el adelanto electoral, el PP aspira a consolidar su liderazgo y, si es posible, mejorar sus resultados para reducir su dependencia de Vox. Las encuestas más recientes le otorgan entre 28 y 29 escaños, con un apoyo que oscila entre el 37% y el 39% de los votos, pero sigue lejos de los 34 necesarios para gobernar en solitario.
El objetivo de Azcón es reforzar su posición y buscar alternativas a Vox, como el apoyo puntual de PAR o Aragón Existe, aunque la fragmentación del parlamento hace improbable una mayoría absoluta. El adelanto electoral busca, pues, romper el bloqueo político y revalidar el mandato, pero el escenario poselectoral sigue siendo incierto y condicionado por la necesidad de acuerdos.
El mundo exterior
Sin embargo, el PP ha enfrentado en campaña no solo temas propios de Aragón. De hecho, aunque desde Génova se intenta transmitir tranquilidad, los barones territoriales y dirigentes del partido ven con recelo cómo Vox capitaliza el malestar social en asuntos como Mercosur o la regularización de inmigrantes, consolidándose como alternativa a la derecha del PP.
El acuerdo UE-Mercosur y la reciente regularización masiva de inmigrantes anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez han reavivado tensiones dentro del PP. Feijóo ha endurecido su postura frente al tratado comercial, exigiendo salvaguardias para proteger al sector agrario español, pero muchos en el partido consideran que esta reacción llega tarde. Vox, por su parte, ha aprovechado el descontento en el campo —con protestas masivas de agricultores y ganaderos— para acusar al PP de traición y presentarse como el único defensor de sus intereses.
La votación en el Parlamento Europeo, donde el PP apoyó no paralizar el acuerdo (a diferencia de Vox), ha sido utilizada por Abascal para atacar a los populares, tachándolos de incoherentes. Además, la regularización de medio millón de inmigrantes, pactada entre el PSOE y Podemos, ha permitido a Vox movilizar a su electorado con un discurso antiinmigración, mientras el PP intenta contrarrestar sin éxito el relato de que Sánchez busca alterar el censo electoral.
El PP teme que el voto de protesta —tanto por Mercosur como por la inmigración— se decante por Vox, especialmente en zonas rurales donde el malestar agrario es mayor. En el partido reconocen que el discurso de Vox cala más entre los votantes descontentos, con las previsiones de que pueda llegar a duplicar sus escaños. La estrategia de Génova pasa por minimizar el daño, pero la incertidumbre persiste: el PP podría ganar en votos, pero la consolidación de Vox como fuerza imprescindible para gobernar limitaría su margen de maniobra en el futuro.
No hay que olvidar tampoco el contexto político en el que se ha producido este adelanto de los comicios autonómicos: Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, todos ellos territorios gobernados por el PP, enfrentan estas elecciones (no todos anticipadas) como estrategia política para erosionar la posición del Gobierno central de Pedro Sánchez.
Esta cadena de comicios, iniciada en Extremadura el pasado 21 de diciembre de 2025, se ha convertido en un instrumento para que el PP demuestre su capacidad de movilización y gobierno. El objetivo no declarado, pero evidente, es acumular victorias regionales que obliguen a Sánchez a convocar elecciones generales anticipadas, especialmente en un contexto de bloqueo parlamentario y sin presupuestos estatales.
Sin embargo, la falta de entendimiento entre los partidos de Feijóo y Abascal para formar gobierno en Mérida resta credibilidad a este adelanto electoral. Si bien es cierto que, una vez pasen las elecciones aragonesas, el acuerdo podría acelerarse.
La estrategia electoral
Con este contexto, la sede del PP en Zaragoza se ha convertido en el epicentro de la estrategia de final de campaña, con la presencia de los principales dirigentes autonómicos y figuras nacionales, como Alberto Núñez Feijóo, quien ha centrado su discurso en el «voto útil» frente a la fragmentación de la derecha y el auge de Vox.
Azcón ha combinado un tono ofensivo contra el PSOE —especialmente contra su candidata, Pilar Alegría, a quien acusa de falta de transparencia tras las declaraciones de Francisco Salazar por presunto acoso sexual— con una crítica cada vez más directa a Vox, su potencial socio de gobierno. El líder popular intenta atraer al electorado descontento con el PSOE, aprovechando temas como la financiación autonómica, la política de vivienda del Gobierno central y los casos de corrupción socialistas.
Sin embargo, el verdadero reto está en disputarle a Vox el voto de los indecisos de derecha, especialmente en el sector agrario, donde la formación de Santiago Abascal ha capitalizado el rechazo al acuerdo UE-Mercosur y a otras políticas europeas. Azcón ha intentado desmarcarse de Vox, tachándolos de «populistas» y recordando su oposición al trasvase del Ebro, una propuesta que, aunque popular en algunos sectores, es rechazada por la mayoría de los partidos aragoneses.
La estrategia del PP también se ha centrado en evitar errores como los cometidos en Extremadura o en las generales de 2023, donde una campaña final poco estudiada les pasó factura. A diferencia de María Guardiola, Azcón ha participado en cuatro debates electorales y ha concedido más de 60 entrevistas, mientras que Feijóo y otros dirigentes nacionales han redoblado su presencia en la comunidad para cerrar filas.
El objetivo es claro: maximizar el resultado y sentarse en la mejor posición posible para negociar con Vox, un socio incómodo pero necesario para gobernar. En este contexto, el mensaje de «voto útil» busca evitar que la derecha se fragmente y que el descontento con el PSOE no termine beneficiando principalmente a la ultraderecha.
Este voto útil puede alcanzar todo su sentido si los partidos minoritarios consiguen sumar suficientes escaños como para crear una mayoría alternativa con el PP. Esto daría a Azcón la posibilidad de reeditar el éxito de su predecesora, Luisa Fernanda Rudi, quien ya alcanzó la presidencia de Aragón gracias a los votos del PAR. Lo mismo puede decirse del voto provincial: cuando unos pocos votos pueden decidir un escaño, no es de extrañar que todo el PP se haya volcado en este último tramo de campaña.
El domingo se sabrá si esta estrategia ha dado sus frutos.
