Los aragoneses disfrutan hoy de su jornada de reflexión. Sin embargo, hasta mañana todavía puede haber movimientos de calado. ¿Qué le espera cada partido en este cierre electoral?

Las cartas ya están sobre la mesa. Desde este lunes, la ley obligó a las casas de encuestas a no publicar más sondeos, aunque las tendencias han sido estables. Tras estos días de apagón electoral, los aragoneses acudirán mañana a las urnas, pero todavía hay alguna que otra baza en juego. Los partidos son conscientes de ello: en los últimos metros de una carrera, los sprints y los tropiezos son la regla. Hagamos un resumen de lo que cada partido se está jugando estas últimas horas.
Azcón y la cifra mágica
El Partido Popular fue siempre consciente de que, al convocar elecciones anticipadas, el resultado más probable era que Azcón disfrutara de cierto impulso electoral, pero que el verdadero beneficiado fuera Vox. Sin embargo, y aunque las encuestas han confirmado que este es el resultado más probable, en el PP sueñan con, al menos, alcanzar un número determinado de escaños.
Exactamente igual que en Extremadura, los populares fantasean con alcanzar la cifra mágica de 30 escaños. Los sondeos más agoreros le dan a Azcón el mismo resultado que en 2023 —28 escaños— e incluso alguno no se atreve a descartar que baje uno, pero la mayoría de encuestadoras creen que llegará a los 29 asientos.
Sin embargo, este incremento no sería suficiente para justificar un adelanto electoral que, además, refuerza a su potencial socio. La única posibilidad, que varias casas de encuestas sugieren, es alcanzar los 30 diputados, que permitirá al menos hablar de victoria pírrica. Esto permitiría a Azcón repetir el mejor resultado del PP en la comunidad, los 30 escaños de Luisa Fernanda Rudi, en 2011.
El 30 % de los votantes de Vox dudan entre Nolasco y Azcón. Esto serían unos 35.000 votos, que se han convertido en la obsesión del PP estos últimos días.
De hecho, los populares tienen hasta los cálculos hechos. Sus trackings internos (siempre peligrosos) susurran que el 30 % de los votantes de Vox dudan entre Nolasco y Azcón. Esto serían unos 35.000 votos, que se han convertido en la obsesión del PP estos últimos días. Las negociaciones, a no ser que presenciemos una hecatombe electoral, serán duras sea cual sea el resultado final. Sin embargo, el PP se juega sumar más que toda la izquierda junta (otra victoria simbólica) y no haber repetido las elecciones «por capricho», como le critican los de Abascal.
Alegría, más cerca del tercero que del segundo
Mientras que en el PP hay dudas sobre si podrán volver a su mejor registro, en el PSOE cada vez parece más claro que sí caerá a su suelo histórico, o que incluso abrirán uno nuevo. El PSOE sufrió su peor derrota en 2015, cuando Lambán únicamente consiguió 18 escaños. Sin embargo, en esos días incluso un resultado así podía estar justificado, pues los socialistas caían en un momento en el que Podemos y Pablo Iglesias arrasaban por toda España.
En pleno 2026, Alegría se juega no solo tocar los 18, sino incluso caer a los 17 escaños. Esto supondría la incapacidad de aprovecharse del voto útil, en un escenario donde los partidos a su izquierda se presentan divididos en tres candidaturas distintas.
Esto nos lleva a otra realidad estadística de gran poder simbólico: el PSOE se quedará más cerca de Vox que del PP. En otras palabras, mañana se espera un combate más reñido por la segunda que por la primera plaza. Entre el PP y el PSOE habrá un espacio de unos 13 escaños (un 14 % en votos), mientras que con Vox la distancia será de unos cinco asientos (o seis puntos porcentuales).
Aunque el PSOE lleva los últimos días tratando de resolver la situación, poco margen tiene. De hecho, dado que la derrota parece evidente, deja la siguiente pregunta para los socialistas: ¿Qué hará Alegría el lunes?
El paralelismo con Extremadura, en este caso, no es tan sencillo. En diciembre, Gallardo también llevó a los socialistas a su suelo electoral en la comunidad, lo que le llevó a dimitir como dirigente y luego a renunciar al acta de diputado. Sin embargo, en este caso la atribución de culpas parecía más fácil. Aunque judicialmente atado al hermano de Pedro Sánchez, Gallardo nunca llegó a ser parte del núcleo duro en Moncloa. Esto llevó a que los resultados y su dimisión pudieran ser vendidos desde Ferraz como «una cuestión únicamente de Extremadura».
Mientras que con Gallardo el argumento evidente era su situación judicial, que Alegría también obtenga malos resultados se interpretará más fácilmente como un castigo a Moncloa.
En cambio, Pilar Alegría es indudablemente parte del círculo de Sánchez y, sobre todo, no es tan fácil excusar la derrota electoral. Mientras que con Gallardo el argumento evidente era su situación judicial, que Alegría también obtenga estos resultados se interpretará más fácilmente como un castigo a Moncloa. Por lo tanto, si la candidata decide dimitir se entenderá como una asunción de culpabilidad y podría debilitar la imagen de Sánchez.
Sin embargo, el PSOE aragonés es ahora mismo un hervidero. La confrontación de Lambán con Sánchez ya provocó la tensión entre distintas facciones, pero la llegada de Alegría como nueva líder tampoco ha ayudado a calmar las aguas. Aunque hasta el fin del conteo reinará el silencio, no se puede descartar que haya cuchillos afilados bajo las togas. Para que nos hagamos una idea, durante la confección de las listas Alegría prácticamente no hizo ni un solo guiño al sector lambanista.
En definitiva, el gran debate que tendrá el PSOE aragonés será la situación de Alegría. Una candidata con gran capital político, que llegó a estar en la quiniela para sustituir a Sánchez durante sus días de reflexión, ahora podría acabar quemada.
Abascal y sus planes a medio plazo
La situación de Vox, en cambio, no podría ser mejor. Al igual que en Extremadura, el partido disfrutará de un impulso electoral insuperable. Los de Abascal entraron hace años a gobernar como socio minoritario del PP, lo que les perjudicó electoralmente hasta que tomaron la mejor decisión de su historia: abandonar los gobiernos.
De esta forma, el partido ha retornado a su origen anti-establishment, además de haber esquivado el desgaste provocado por crisis como la DANA en Valencia o los incendios en Castilla y León. Sin embargo, a pesar de que el acierto de este movimiento estratégico es innegable, es hora de pensar en el siguiente.
Vox cosecha ya unos resultados electorales que disipan su imagen de partido simplemente anti-política.
Aunque se hayan suspendido por las elecciones en Aragón, Vox ya negocia con el PP extremeño. De hecho, tras el conteo de este domingo, lo más probable es que la formación de un gobierno en Extremadura se agilice. Probablemente, en Aragón ocurrirá lo mismo. Es hora de que los de Abascal reformulen su estrategia electoral.
Por un lado, pueden mantenerse como un socio externo, ajeno al gobierno. Este movimiento dejaría una estrategia muy similar a la anterior, pero encarna nuevos riesgos. Sin duda, esto les permitiría seguir exigiendo nuevas políticas públicas a la vez que reducen el desgaste de gobernar. Sin embargo, no es tan sencillo. Vox cosecha ya unos resultados electorales que disipan su imagen de partido simplemente anti-política. Los votantes eligen a un partido pensando en que gobernará, por lo que la negativa de Abascal a la formación o incluso a apoyar al PP puede jugarle una mala pasada.
Por otro lado, Aragón nos deja la idea de un Vox muy competitivo. Como ya hemos visto, el partido se está acercando al PSOE en su pugna por la segunda plaza, pero también es capaz de arañar un porcentaje considerable de votos al PP. Si la tendencia se mantiene, la lucha con el PP puede ser cada vez mayor, con la imagen en mente de cuando Podemos peleó con el PSOE. ¿Puede Abascal seguir rechazando la presencia de los suyos en el gobierno?
Al menos sí parece evidente que, sea cual sea la dirección que tome el partido, las pautas pueden cambiar. Su vuelta a los centros de mando le obligará a pasar las mismas penurias de gestión que sufre el PP. Mantenerse fuera puede estabilizar la tendencia electoral, pero también puede provocar el hartazgo de una parte de sus votantes actuales y potenciales.
Las izquierdas y las lecturas
Finalmente, la competencia entre los tres partidos a la izquierda del PSOE no es menor. Por un lado, el claro ganador será Chunta Aragonesista, quien parte de la mejor posición (actualmente tres escaños) e incluso podría ganar alguno. Sin duda, el papel de Jorge Pueyo es innegable. El candidato ha ganado popularidad gracias a su papel en el Congreso, pero también por su estrategia de comunicación. Todo ello ha llevado a que CHA sea espectacularmente atractiva para los jóvenes, incluso más que grandes partidos como el PSOE.
Parece claro que CHA ha dado por amortizado su papel a nivel nacional y que era momento de volver a volcarse en la comunidad.
Sin embargo, aunque la candidatura de Pueyo sea un éxito a corto plazo, también encarna ciertos riesgos. Su vuelta a casa le ha obligado a renunciar a su acta de diputado, la cual tan beneficiosa le ha sido para este domingo. De hecho, el recambio de Pueyo no será otro miembro del CHA, pues la lista de Sumar en Zaragoza colocó como número dos a Laura Vergara Román, que forma parte de Movimiento Sumar. Por lo tanto, parece claro que CHA ha dado por amortizado su papel a nivel nacional y que era momento de volver a volcarse en la comunidad.
Tras la Chunta, la izquierda sigue dividida entre IU-Sumar y Podemos-Alianza Verde. De la competencia entre estas dos saldrán varias lecturas nacionales. En Extremadura, la izquierda acudió unida y, debido a las particularidades de la comunidad, con Movimiento Sumar teniendo un papel prácticamente simbólico. Desde Podemos aprovecharon el resultado para sacar pecho, pero en Aragón la situación será radicalmente distinta.
En este caso, IU-Sumar aspira a, como mínimo, subir en porcentaje de votos, mientras que en Podemos están cada vez más cerca de perder su único diputado. Este resultado (y su expectativa durante toda la campaña) podría haber servido como correctivo a la desunión de la izquierda, pero no ha sido así. Para las siguientes elecciones, las de Castilla y León, ya tenemos asegurado que IU (con Sumar) y Podemos irán también cada uno por su camino.
Todo ello aleja también la posibilidad de una unión para las elecciones generales, aunque haya todavía cierto margen de maniobra. Por lo tanto, y salvo sorpresa, parece que la competencia por un par de puntos porcentuales será la norma entre las izquierdas. Hasta que solo quede uno.
El día después
En definitiva, a pesar de que las encuestas marquen unas tendencias bastante estables, este domingo hay todavía varios restos por jugarse. El Partido Popular luchará por el escaño número 30, mientras que el PSOE se juega no solo el futuro de Alegría, sino también su posición entre el PP y Vox. Mientras tanto, Vox disfrutará de otro éxito electoral, aunque tras las celebraciones deba sentarse y plantear cuál será su estrategia a partir de ahora. Quienes no parecen que vayan a cambiar son las izquierdas, que tras Extremadura no parece que vayan a volver a reunirse.
