Las elecciones en Castilla y León continúan el mapa electoral autonómico de españa. Es el feudo del PP más claro del ciclo electoral. El momento internacional, las lógicas de la región y las negociaciones en Extremadura y Aragón convierten estas elecciones en un experimento político.

«Algo» está ocurriendo en Castilla y León. La comunidad es la tercera en discordia dentro de este ciclo electoral improvisado por el Partido Popular y la que mayor nivel de incertidumbre presenta. A diferencia de Aragón o Extremadura, las encuestas no reflejan un escenario definido a pesar de que la suma de PP y Vox —probablemente— baste para gobernar. No está claro si Vox ganará o perderá escaños, aunque es cierto que sus resultados en 2022 en la comunidad ya fueron bastante buenos. Tampoco hay certezas en el PSOE, que podría perder un par de escaños o, incluso, ganar a los populares de Alfonso Fernández Mañueco por la mínima. 

Una victoria socialista sería la tercera en la historia de Castilla y León. La primera fue en 1982, y fue también la primera y única legislatura con un gobierno distinto al del Partido Popular o Alianza Popular. Desde 1987, en una campaña liderada por el entonces candidato a la Junta de Castilla y León José María Aznar, la comunidad de castellanos y leoneses ha estado pintada de azul. A excepción del año 2019, cuando los socialistas, gracias a Luis Tudanca, lograron ser la primera fuerza. Aunque, en aquel momento, la suma de escaños de PP y Ciudadanos —liderado por Francisco Igea, quien ha pedido el voto para Izquierda Unida en esta campaña de 2026— bastó para investir por primera vez a Mañueco.

Renovarse continuando un legado siempre es una tarea difícil y Mañueco lo debe hacer tras año y medio de gobierno en minoría y una gestión muy criticada de la crisis forestal el pasado verano.

Hasta el momento, quien fuera el alcalde de Salamanca ha sabido continuar la racha más larga de gobierno de un partido en España. Aunque queda lejos de la longevidad de la CSU en Baviera (con cerca de 70 años de gobierno ininterrumpido), la experiencia de más de tres décadas de gestión es un elemento a tener en cuenta en la campaña electoral. Renovarse continuando un legado siempre es una tarea difícil y Mañueco lo debe hacer tras año y medio de gobierno en minoría y una gestión muy criticada de la crisis forestal el pasado verano. 

Castilla y León es un territorio en el que convergen muchas dinámicas. Incluso, algunas de ellas son contradictorias. Frente a la presión de la vivienda en ciudades como Segovia y Valladolid, que ofrecen a más de 6.000 personas la posibilidad de trabajar a diario en Madrid pero vivir en una ciudad más asequible, la despoblación causa estragos en provincias como Soria o Zamora. Al mismo tiempo, faltan casas para las personas y faltan personas para las casas; si bien, en términos globales, la despoblación gana en todo este inmenso territorio. Las nueve provincias que hoy conforman esta comunidad autónoma sumaban más población en el año 1930 que en 2026. Por entonces, superaban los 2,5 millones y, además, representaban el 11 % de la población del país. Hoy, esa cifra se encuentra por debajo de 5 %, a pesar de que Castilla y León abarca el 20 % del territorio del país.

Por si fuera poco, la división entre las dos regiones históricas que hoy componen Castilla y León, es más determinante que nunca. Actualmente, los partidos regionalistas (Unión del Pueblo Leonés, Soria ¡Ya! y Por Ávila) suman siete escaños en las Cortes. El próximo 15 de marzo, la media de encuestas de RTVE les da seis escaños, pero hay encuestas que dan hasta cinco escaños a los regionalistas leoneses. Este hecho contrasta con la falta de identidad de la comunidad, la cual carece de himno o de capital oficial —aunque, de facto, puede decirse que es Valladolid—. 

El componente ¿internacional? de las elecciones en Castilla y León

El último ingrediente de este cóctel es el plano internacional. Primero por un elemento de sobra conocido: la ruralidad de Castilla y León. Su base agraria y ganadera ha sido tradicionalmente un motor de oposición constante a la apertura del sector primario europeo. Por tanto, tras la reciente puesta en marcha provisional del acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur, el tema está plenamente incorporado a la agenda electoral. A todas luces, el principal beneficiario de esta casualidad en el calendario puede ser Vox. 

El partido de Santiago Abascal presenta como candidato a Carlos Pollán, quien hasta la convocatoria electoral y disolución de las Cortes era el presidente de esta cámara. Esto supone un elemento de cambio con respecto a Extremadura y Aragón, donde Óscar Fernández y Alejandro Nolasco sí eran grandes desconocidos para la población general. En Vox parece que los nombres importan cada vez más, ya que los cambios de influencia dentro del partido están siendo más y más costosos. Javier Ortega-Smith (portavoz del partido en Madrid) y José Ángel Antelo (presidente de Vox Murcia) son —eran— dos pesos pesados dentro del partido verde que ahora han pasado a criticar abiertamente a los de Abascal en plena precampaña y con Aragón y Extremadura aún por concretar sus respectivos gobiernos. Además, en Castilla y León, Juan García-Gallardo, vicepresidente de la Junta por Vox hasta la ruptura autonómica, tampoco se olvida de Santiago Abascal en redes sociales, mostrándose muy crítico con la gestión interna del que ya no es su partido.

Dejando a Vox de lado, el otro componente del plano internacional en Castilla y León puede ser la geopolítica. Es evidente que ninguno de los partidos habla en su programa electoral de Irán —aunque Se Acabó la Fiesta, el partido de Alvise Pérez, sí menciona trece veces a los «aragoneses» en su programa—, o incluso de Donald Trump y la OTAN. Sin embargo, la tensión en la agenda exterior, por su peso, tiene el potencial de activar identidades de voto que en otras circunstancias quedarían en un segundo plano.

Liderazgos y la recta final

Finalmente, los liderazgos incluyen caras conocidas y algunas novedades. Mañueco defenderá su posición en la Junta frente al candidato socialista Carlos Martínez, alcalde de Soria, que llegó a la cabeza del PSOE-CyL después del enésimo choque entre Tudanca y Ferraz (es decir, Pedro Sánchez). Por parte de Vox está Carlos Pollán; en Podemos, el portavoz del partido Pablo Fernández ha dado un paso al lado para que Miguel Ángel Llamas trate de mantener el único escaño de la formación morada; el otro bloque de izquierdas, IU, lleva como candidato a Juan Gascón; en los regionalistas, la UPL presenta a Alicia Gallego como candidata, Soria ¡Ya! vuelve a confiar en José Ángel Ceña y Por Ávila, la escisión del PP en la provincia, cuenta con Pedro Pascual Muñoz.

Por todo ello, los candidatos saben que en Castilla y León «pasa algo». No está claro qué, porque las encuestas son inconclusas, pero definitivamente algo ocurre. También porque no solo se está mirando a esta comunidad: los avances y retrocesos en las investiduras de María Guardiola y Jorge Azcón pueden alterar los equilibrios en la derecha y cargar el tono en los últimos días de campaña. Haya o no acuerdo entre las derechas, parece claro que lo que ocurra allí repercutirá en las posiciones que adquieran los candidatos desde León hasta Palencia.

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