Mañueco aspira a ocupar por tercera vez la presidencia de Castilla y León en la que es la tercera cita de este ciclo electoral y, previsiblemente, su tercer gobierno de coalición con un socio incómodo.

Durante este ciclo electoral que comenzó en Extremadura, continuó en Aragón y llega a su (por ahora) penúltima parada en Castilla y León, el Partido Popular (PP) parece haber tenido un papel casi idéntico en cada territorio.
Los azules, en una coalición con Vox rota en 2024, han buscado en cada cita desmarcarse de los de Abascal y obtener una mejora de resultados que les diera mayor poder de negociación o incluso un gobierno en solitario. De momento, la jugada parece no haber salido bien, ni siquiera cuando el PP aumenta su número de escaños, pues Vox siempre disfruta de un impulso mayor.
A este leitmotiv electoral debe sumarse un dolor de cabeza añadido en el caso de Castilla y León: la posibilidad de un sorpasso del PSOE con ecos de 2019. ¿Puede dejar el PP de ser la lista más votada en Castilla y León?
Tres legislaturas, un candidato
El candidato que los populares han presentado es una cara más que conocida para los votantes de Castilla y León: Alfonso Fernández Mañueco. Exalcalde de Salamanca, etapa en la que amasó la mayor parte de su capital político, Mañueco lleva gobernando la comunidad autónoma desde 2019. Curiosamente, en estas elecciones el PSOE quedó como primera fuerza política (segunda vez en la historia de Castilla y León), pero el PP consiguió gobernar gracias a un pacto con Ciudadanos.
El gobierno con Ciudadanos transcurrió con abundantes luchas y tensiones internas, que culminaron en un adelanto electoral en 2022.
Su trayectoria autonómica siempre se ha desarrollado tras el bipartidismo, teniendo que congeniar los intereses de su partido con los de su socio de coalición, sea quien sea. El gobierno con Ciudadanos transcurrió con abundantes luchas y tensiones internas, que culminaron en un adelanto electoral en 2022.
Tras un polémico vídeo inicial sobre nueces, el discurso con el que se enmarca esta campaña y su lema «Aquí, certezas», dejan bastante claro cuál es su oferta al votante: estabilidad, continuidad y experiencia. Su perfil entra dentro de lo que puede describirse como el de «buen gestor», en contraposición a otros candidatos con una personalidad mucho más fuerte.

Sin embargo, pese a que el factor de continuidad es una ventaja innegable y más aún en una comunidad históricamente conservadora como Castilla y León, la realidad es que la última legislatura ha complicado las fortalezas percibidas de Mañueco.
La experiencia en cuanto a gestión ha sido puesta en tela de juicio tras un verano de intensos fuegos en el que se ha cuestionado el papel del presidente. De hecho, este ha sido el elemento en el que ha basado el PSOE su campaña mediática.
El salmantino vuelve a presentarse con el mismo mensaje que le llevó a la presidencia de la comunidad en las dos anteriores elecciones, pero en un contexto muy diferente.
El PSOE, liderado por Carlos Martínez Mínguez, se sitúa en segundo lugar en las encuestas, perdiendo algo de terreno pero no tanto como podría haberse perdido teniendo en cuenta el escenario nacional y la situación en otras comunidades. Mañueco aprovecha el desgaste del partido, pero comienza a notar el suyo propio. En definitiva, el salmantino vuelve a presentarse con el mismo mensaje que le llevó a la presidencia de la comunidad en las dos anteriores elecciones, pero en un contexto muy diferente.
Tres tristes socios
Si bien la experiencia permanece, el gran elefante en la habitación es la estabilidad. Porque si la coalición con Ciudadanos terminó siendo inestable, la conseguida con Vox en 2023, que supuso la primera vez que el partido entraba a un gobierno autonómico, terminó por superar las expectativas de un PP que pensaba estar curado de espantos coalicionales.
La beligerancia interna estuvo a la orden del día desde el primer momento, algo normal y esperable de un partido anti-bipartidismo como Vox. A esto se le suma el candidato, Juan García Gallardo, quien fuera uno de los barones más fuertes del partido de Abascal hasta su expulsión del mismo.
Pese a las tensiones, el verdadero punto de inflexión llegó en 2024 cuando desde Bambú se decidió romper los pactos autonómicos alegando un incumplimiento generalizado de los acuerdos de coalición, con la aceptación del reparto de menores migrantes no acompañados.
A partir de ese momento, si bien el gobierno de Mañueco no cayó, ya estaba herido de muerte, con un Vox que, desde fuera del Ejecutivo, gustaba de estar en misa y además repicando. Desde el inicio de la campaña la actitud de ambos partidos ha sido de absoluta confrontación con el otro, siguiendo el patrón que hemos visto en otras elecciones autonómicas.
La repetición de la dinámica por tercera vez preocupa a un Partido Popular que mira las negociaciones autonómicas temiendo el momento que le toque tenerlas a nivel nacional
Es destacable en este sentido el nivel de extrapolación al tablero nacional que ha tenido en esta ocasión el enfrentamiento, con Feijóo llegando a decir que «hay quien se presenta para no gobernar e impedir que gobierne quien gana. Ser patriota le viene grande». Está claro que la repetición de la dinámica por tercera vez preocupa a un PP que mira las negociaciones autonómicas temiendo el momento que le toque tenerlas a nivel nacional.
Las encuestas, si bien indican que la dependencia de Vox es inevitable, no reflejan un crecimiento sustancial de esta formación, como en otras regiones. También es cierto que los de Abascal ya contaron con 13 escaños en 2022 y que emplearán el impulso general para afrontar las negociaciones con fuerza.
A la tercera va a la vencida
Las elecciones de Castilla y León marcan el tercer punto en el mapa de bucles en los que el PPparece estar inmerso durante este ciclo electoral. La dinámica de tensión constante con Vox permanece aún intacta al no haberse resuelto ni siquiera las negociaciones en Extremadura.
Estas elecciones en Castilla y León, si bien no parecen traer nada nuevo al tablero por parte del PP, consolidan la tendencia que les convierte en líderes del bloque conservador pero con una capacidad cada vez menor de ejercer ese liderazgo sin condicionantes.
Parece que lo más interesante llegará la mañana después, cuando Mañueco deba coger el teléfono para llamar al rival al que lleva denostando semanas para demostrar cuál es el coste que está dispuesto a aceptar en esta ocasión, si es que su interlocutor se lo ofrece.
