Vox se sitúa en las encuestas como el partido con más expectativas de crecimiento en las elecciones extremeñas. Su estrategia, en una campaña conducida por el propio Santiago Abascal, pasa por disponer de la posibilidad de garantizar o romper la gobernabilidad.

Media victoria, media derrota
Siguiendo los números de prácticamente todas las casas de encuestas, parece que la decisión de María Guardiola de adelantar las elecciones fue un acierto electoral. Mientras que en 2023 empató en escaños con el PSOE de Guillermo Fernández Vara, los comicios de 2025 le permitirán marcar una distancia histórica con los socialistas.
De hecho, cada vez es más probable que el PP cumpla con su «objetivo realista»: obtener más escaños que toda la izquierda junta. Mientras que el PP sacaría entre 28 y 30 escaños, el PSOE y Unidas por Extremadura suman una horquilla de 25 a 29 escaños (21-23 y 4-6 respectivamente). Este resultado permite a Guardiola consolidar el giro ideológico de una comunidad autónoma tradicionalmente de izquierdas, además de dotarse de una posición política muy fuerte. Los socialistas se desangran y van a caer a un nuevo suelo histórico con un candidato cuestionado, clave electoral de la que se benefician los morados.
Los resultados de Santiago Abascal van a ser tan buenos que no parece que vayan a suavizar sus exigencias.
Sin embargo, de forma paralela, también se asienta la idea de que no cumplirán con su «meta soñada»: obtener una mayoría absoluta, reducir a cero su dependencia de Vox y replicar la épica de Díaz Ayuso o Moreno Bonilla. De hecho, si bien obtener más asientos que toda la izquierda debería otorgarle a Guardiola gran poder para la futura negociación, los resultados de Santiago Abascal van a ser tan buenos que no parece que vayan a suavizar sus exigencias.
Vox obtuvo en 2023 el 8 % de los votos, mientras que los sondeos actuales pronostican que prácticamente doblará su resultado electoral, alrededor del 15%. Si bien es cierto que la formación de Abascal partía de un resultado muy humilde en Extremadura y nada comparable a la media nacional, duplicar el número de escaños no le augura un futuro sencillo a Guardiola, con quien no tienen una gran relación.
Competencia entre las derechas
La relación entre Guardiola y Vox siempre ha sido la más conflictiva en comparación a otras comunidades autónomas. La candidata del PP aseguró en múltiples ocasiones que no pactaría con Vox, alegando que el partido era demasiado extremista en temas como igualdad de género o inmigración, debates políticos que seguirán marcando la agenda tras las elecciones de este domingo.
A pesar de que Guardiola terminó aceptando y metiendo a Vox en su Gobierno, la relación no mejoró nunca.
Sin embargo, Guardiola acabó cediendo ante la presión interna, pues los populares veían que estaba en riesgo la conquista de una comunidad autónoma tradicionalmente de izquierdas y que el rechazo de la extremeña podía incluso deteriorar la carrera de Feijóo hacia la Moncloa. A pesar de que Guardiola terminó aceptando y metiendo a Vox en su Gobierno, la relación no mejoró nunca.
El punto de mayor tensión lo alcanzaron el primer día de campaña, cuando el propio Abascal sugirió que el PP debería cambiar de candidata. Como es lógico, los populares han cerrado filas con su candidata, negando que vayan siquiera a tener en cuenta esa posibilidad. Más allá del movimiento de Vox, que puede incluso haber sido un exceso estratégico, el episodio demuestra que los de Abascal no van a moderarse en comparación a 2023.
Si el PP mantiene a Guardiola y Vox sus exigencias, solo hay tres opciones posibles. La primera de ellas es que los moderados pasen por el aro, como en 2023, y acepten las demandas de Abascal, al estilo valenciano. Si los del PP no aflojan, es posible que lo haga Vox, si bien es cierto que los buenos resultados electorales les dotan de confianza y parecen reafirmar sus pretensiones. En tercer lugar, ante la falta de acuerdo, tenemos la posibilidad de repetición electoral. ¿A quién beneficiaría esta?
El botón nuclear
A los ciudadanos no les suelen gustar las repeticiones electorales. Si bien una encuesta GAD3 demuestra que una mayoría de extremeños entienden y aprueban el adelanto electoral actual, justificado por la falta de acuerdo entre Guardiola y Vox, es probable que un nuevo fracaso en las negociaciones y acudir a las urnas por tercera vez ya comience a cansar a los votantes.
En el hipotético caso de repetición electoral, esta beneficiará al partido que imponga su relato. Por un lado, parece lógico que Guardiola haga un llamamiento al voto útil, por lo que una buena porción de extremeños podrían decidir cambiar de voto y darle una oportunidad al partido que ya de por sí tiene más probabilidades de vencer (además, con una diferencia considerable respecto al PSOE, el segundo más votado). Además, la candidata popular puede culpar a Vox de ser una fuerza inestable, que no hace ningún tipo de concesión a pesar de que el PP triplique a su potencial socio menor en votos y escaños.
En una repetición electoral, Vox puede ofrecerse como un partido puro en términos ideológicos, que no prioriza los puestos y sueldos políticos, sino sus ideas.
Frente a ellos, Vox puede ofrecerse como un partido puro en términos ideológicos, que no prioriza los puestos y sueldos políticos, sino sus ideas. Además, como ya se ha destacado, el hecho de que el partido doble su resultado previo le permite mostrarse como un jugador real y con verdadera influencia. De hecho, el sondeo de GAD3 indica que, ante la situación de una negociación con Guardiola, el 65% de los votantes de Vox preferirían una repetición electoral antes que «apoyar al PP en todo caso», sacrificando una parte de sus promesas electorales.
Sin embargo, Vox es el único partido cuyos votantes tienen tan claro que prefieren una tercera votación antes que permitir gobernar a Guardiola. Por ejemplo, en el caso del PSOE solo el 42 % preferiría una repetición, frente a un reseñable 35% que cree que Vox debería permitir el gobierno de los populares.
De hecho, que un 65% de los votantes de Vox prefieran acudir de nuevo a las urnas significa que un 32% creen que es más importante dejar gobernar a Guardiola (solo un 4 % no saben / no contestan). Si hubiera repetición electoral, es muy posible que la candidata popular se lance a por ese tercio de votantes de Vox, que verían como irresponsable la decisión de Abascal de apretar el botón nuclear.
Hasta ahora, la formación verde está disfrutando de un momento dulce a nivel nacional, aupada por la antipolítica y las críticas al bipartidismo tradicional. De hecho, buena prueba de ello es que su candidato, Óscar Fernández, es un absoluto desconocido, pues quien verdaderamente está liderando la campaña es el propio Santiago Abascal, que trata de nacionalizar las elecciones regionales. Con todo, Guardiola y Feijóo ya han asegurado que no tienen miedo a repetir elecciones, tratando de hacer su amenaza creíble.
Otros comicios serían un salto al vacío de resultado incierto. Ambas formaciones pelearían por ganar el relato y culpar al otro de ser el responsable del caos, aunque nada les asegura salir ganando. Por ello, no podemos descartar que la solución sea un punto intermedio: concesiones por parte de Guardiola, pero permitiendo gobernar.
