La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, ha irrumpido en la política del país como un terremoto. Este domingo se medirá su fuerza y la del Partido Liberal Democrático en unas elecciones forzadas tras encontrarse en minoría parlamentaria.

Este domingo, Japón celebrará unas elecciones generales anticipadas en las que Sanae Takaichi, primera ministra desde el pasado octubre, buscará obtener un mandato más sólido para encarar su ambicioso programa económico. Entre una oposición dividida y un oficialismo desgastado, pero bajo un nuevo liderazgo muy popular, la contienda electoral japonesa parece definida. Sin embargo, son muchos los problemas a los que se enfrentará.

Cerca de 1.300 candidatos se disputan los 465 escaños de la Cámara de Representantes, cámara baja del parlamento nacional nipón, que tiene a cargo la elección del primer ministro. El sistema electoral es mixto: 289 escaños son elegidos en circunscripciones de un solo miembro, mientras que los otros 176 se distribuyen por representación proporcional en doce distritos de múltiples miembros.

Hace más de siete décadas que el Partido Liberal Democrático (LDP, por sus siglas en inglés) domina el panorama político del país y todo apunta a que esta vez no será la excepción.

Si bien Japón es considerado por la mayoría de las organizaciones internacionales como una de las democracias más sólidas del Asia Oriental, hace más de siete décadas que el Partido Liberal Democrático (LDP, por sus siglas en inglés) domina el panorama político del país y todo apunta a que esta vez no será la excepción, aunque con algunos matices importantes.

El complejo panorama japonés

Considerada una de las naciones más prósperas y una potencia en toda regla, Japón llega a los comicios con la sombra de una grave crisis social, económica y demográfica que ha ido complejizando su panorama político. Desde el retiro de Shinzo Abe, gobernante entre 2012 y 2020 y con el impacto de la pandemia, Japón viene experimentando cinco años de inflación y estancamiento, así como la caída sucesiva de tres primeros ministros a raíz de escándalos o derrotas electorales.

Desde su fundación en 1955, el LDP ha gobernado Japón casi sin interrupciones, y su hegemonía ha sido considerada un pilar clave del progreso económico, la industrialización y el desarrollo del país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El partido solo perdió el poder en tiempos de crisis muy graves, como tras el estallido de la burbuja económica en 1990 (lo que condujo a una efímera coalición anti-LDP entre 1993 y 1994) y luego con la crisis financiera global (su primera derrota total en 2009).

Con el retiro de Abe, el país transitó la pandemia (con su esperable impacto sanitario y económico), sufriendo un vacío de poder considerable, así como un enfrentamiento entre las facciones más conservadoras y más moderadas del LDP.

En general, el país ha optado más por gobiernos tecnocráticos que por liderazgos personales, si bien un mandato largo es inusual para un primer ministro japonés. Sin embargo, desde su última vuelta al poder —en 2012—, el LDP ha estado marcado por el liderazgo de Abe. Su política económica agresiva (las «Abenomics»), sus posiciones nacionalistas conservadoras y su estilo de liderazgo más personalista implicaron un giro de 180 grados para el país del sol naciente.

Con el retiro de Abe, el país transitó la pandemia (con su esperable impacto sanitario y económico), sufriendo un vacío de poder considerable, así como un enfrentamiento entre las facciones más conservadoras y más moderadas del LDP. En paralelo, Japón viene sufriendo una grave crisis demográfica.

Cerca de un 40 % de la población japonesa supera los sesenta años y el país tiene el mayor número de centenarios del mundo, mientras que, por otro lado, tiene una de las tasas de natalidad más bajas. La decisión del Gobierno de paliar la «emergencia silenciosa» atrayendo migración laboral selectiva despertó una profunda irritación en algunos sectores de la juventud, levantando discursos xenófobos que antes parecían extintos.

No es raro que las elecciones de 2024, hace menos de un año y medio bajo el liderazgo del moderado Shigeru Ishiba, vieran al partido obtener uno de sus peores resultados históricos. Ishiba retuvo el Gobierno únicamente gracias a su alianza con el partido religioso Komeito y al hecho de que la oposición (a derecha y a izquierda) estaba demasiado dividida como para formar una coalición alternativa.

Los siguientes meses vieron una lenta recuperación económica. Sin embargo, el disparo de los precios de los alimentos y en particular el arroz, básico para la mayoría de la población, terminaron marcando el breve mandato de Ishiba. El cereal duplicó su valor en pocos meses como consecuencia de una serie de desastres naturales y malas cosechas. Asimismo, el Gobierno se enfrentó con los productores agrícolas (uno de los grandes pilares electorales del oficialismo) al intentar vender arroz directamente a los minoristas, lo que, de todas formas, no ayudó a reducir el costo.

Como consecuencia, el LDP sufrió duras pérdidas en las elecciones a la Cámara de Consejeros de julio de 2025, precipitando la renuncia de Ishiba. En la elección de liderazgo posterior fue elegida Sanae Takaichi, dirigente del ala ultraconservadora del partido, que asumió en octubre como la primera mujer en gobernar Japón.

Takaichi, la líder del momento

Takaichi resalta por mucho más que por el hecho de ser mujer. Con un discurso frontal y directo que contrasta con liderazgos hasta ahora percibidos como «tibios» por la población, asumió prometiendo cambios inmediatos en el campo económico y sosteniendo una postura dura contra China. Impulsó un paquete de estímulo fiscal y medidas para aliviar el costo de vida, como reducir el impuesto al consumo de alimentos. Se considera a sí misma una firme seguidora del legado de Abe, y algunos consideran que su actitud de dama de hierro se le parece mucho.

La actitud de Takaichi tuvo un impacto electoral casi inmediato. De una aprobación inferior al 35 % al momento del retiro de Ishiba, Takaichi goza actualmente de un respaldo superior al 60 % de acuerdo a los sondeos recientes, en algunos casos, rondando el 70 %. Su principal base de partidarios parecen ser los jóvenes urbanos angustiados. Si bien es muy pronto para ver el resultado de sus políticas, muchos japoneses consideran a una líder directa como la mejor opción.

Sin embargo, el frente político para Takaichi al momento de asumir era complicado. Algunas de sus posiciones más polémicas (su actitud ante los crímenes de guerra japoneses y otras posiciones comúnmente tachadas de ultraderechistas), la dejaron en abierto enfrentamiento con el establishment político moderado. Komeito, aliado del LDP desde hace más de veinte años, anunció el fin de su coalición con el partido y se unió a la oposición tras la jura de Takaichi. Con solo 191 de 465 escaños, la aplicación de su programa económico en un Parlamento tan fragmentado se veía inviable.

Así convoca Takaichi estas elecciones adelantadas en las que buscará demostrar que su alta aprobación personal puede contrarrestar el desgaste que aún carga el LDP. Consciente de esta dicotomía, Takaichi ha centrado su campaña en dejar claro a los japoneses que la apoyan que necesita una mayoría para trabajar, afirmando que renunciará si fracasa.

Oposición dividida y sin visión: lo mismo de siempre

Además de su popularidad, Takaichi cuenta con el hecho de que enfrenta a una oposición profundamente aquejada por divisiones ideológicas, liderazgos desgastados o directamente carente de un programa político alternativo. El LDP disputará estas elecciones contra un variopinto conjunto de partidos opositores con bases de apoyo estables, pero insuficientes para desalojarlo del poder.

Se espera que el principal rival de Takaichi sea la Alianza de Centro Reformista, coalición bipartidista entre el Partido Demócrata Constitucional, del exprimer ministro Yoshihiko Noda (el gobernante ajeno al LDP más reciente) y el antiguo aliado gubernamental, Komeito. La Alianza hace campaña enfocándose en criticar al LDP y ni siquiera pierden el tiempo en centrarse en Takaichi. Si bien el voto opositor tradicional y el voto duro de Komeito (visto como partido instrumental de la secta religiosa Soka Gakkai) pueden ayudarles a construir un bloque parlamentario grande, probablemente no sean rival para el oficialismo.

Por la izquierda, el Partido Comunista Japonés es uno de los partidos comunistas no gobernantes más grandes del mundo y siempre ha logrado una representación parlamentaria visible, pero también se ha visto políticamente marginado y periférico en un país de profunda tradición capitalista. Otro partido, Reiwa, calificado de izquierda populista, atrae a los votantes progresistas más jóvenes.

Y por el lado de la derecha, esta elección se percibe como una prueba de fuego para la formación ultraderechista Sanseito, liderada por el muy controvertido Sohei Kamiya. Este partido, de dura retórica conspiranoica, ha ido ganando adeptos por su postura contraria a la inmigración, que denuncia como un intento de «reemplazar a los japoneses con chinos». Kamiya ha ido tan lejos en sus discursos como para denunciar las vacunas como un «arma homicida» y hablar permanentemente del peligro internacional del «capital judío».

Sin embargo, este tono agresivo que fue muy útil para ganar votantes contra Ishiba en la elección de Consejeros pasada (en la que emergió como segundo partido más votado) parece tener menos oportunidades en una juventud que, aunque quizá simpatice con la derecha dura, ve en el nuevo liderazgo de Takaichi una alternativa mucho más viable.

La palestra principal de la elección se completa con dos fuerzas conservadoras, el Partido Democrático del Pueblo (que tiende a cooperar con la oposición al LDP) y el Partido Innovador de Japón, más populista y hoy el único aliado parlamentario de Takaichi, que disputa en algunos distritos en alianza directa con el gobierno.

¿Qué puede pasar este domingo en Japón?

Por ahora, la mayoría de las encuestas coinciden en una victoria para el LDP, lo que permitiría al nuevo gobierno de Takaichi consolidar un liderazgo personalista inusual y avanzar en su programa sin tener que negociar con otras fuerzas en el parlamento. En el plano geopolítico, consolidaría el estrechamiento de las relaciones con el gobierno de los Estados Unidos. Donald Trump ha dado apoyo directo a Takaichi en sus redes sociales y, en una inusual decisión, la ha invitado a visitar el país para el 19 de marzo. Técnicamente, si Takaichi perdiera las elecciones, ya no sería primera ministra para entonces.

Por el contrario, si se diera un —por ahora improbable— resultado ajustado o una mayoría demasiado frágil, se reabrirá el escenario de parálisis política que ha marcado los últimos años, con primeros ministros efímeros y discusiones apremiantes constantemente postergadas.

Más allá del resultado, estas elecciones dejan en evidencia un problema estructural de la política japonesa: la ausencia de una oposición capaz de articular una alternativa creíble y la falta de preparación del sistema político para un parlamentarismo multipartidista. Todo ello provoca el giro hacia un modelo basado en gobiernos de hombre fuerte (o mujer fuerte, para el caso) para mantenerlo a flote. El fracaso de volver al sistema horizontal tras el retiro de Abe y el ascenso rápido de Takaichi son una prueba de ello.

Pero en definitiva, Japón enfrenta desafíos que ningún liderazgo podrá esquivar: el próximo gabinete tendrá que enfrentar un panorama económico que todavía está en recuperación, la crisis demográfica que podría costarle al país la mitad de su población para finales del siglo, y una sociedad cada vez más tensionada entre la necesidad de cambios y el miedo a los mismos. Si la nueva primera ministra logra el mandato fuerte que pide, tendrá la responsabilidad de traducirlo en políticas serias. En caso contrario, el país del sol naciente podría verse empujado nuevamente a la inestabilidad que busca dejar atrás.

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por Felipe Galli

Estudiante de Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, con experiencia en activismo en contextos autoritarios y especialización en la cobertura de procesos electorales de todo el mundo.

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