Nueva Zelanda celebra este sábado unas elecciones de lo más inciertas. Los dos grandes partidos llegan prácticamente empatados, pero en caída libre en un país caracterizado por un bipartidismo histórico. Opportunity, un partido con apenas un 5 % de los votos, podría decidir quién gobierna.

El próximo sábado, mientras todo el mundo habla de las midterms de Estados Unidos, Nueva Zelanda acudirá a las urnas para renovar su Parlamento, el cual se encargará de investir al próximo gobierno del país oceánico.

Será una competencia «voto a voto» entre el gobierno de centroderecha de Christopher Luxon y la oposición de centroizquierda liderada por su predecesor, Chris Hipkins. Por si fuera poco, un nuevo partido centrista llamado Opportunity (Oportunidad) podría tener la llave para definir el próximo gabinete. Nueva Zelanda es una de las democracias más laureadas del planeta, pero con la legitimidad de sus dirigentes en entredicho ante el alza de la inflación y del coste de vida.

El sistema político de Nueva Zelanda

Compuesta por dos grandes islas en el océano Pacífico, Nueva Zelanda es una excolonia británica que se independizó como un «dominio» o «Reino de la Commonwealth». Como tal, conserva al monarca británico como jefe de Estado ceremonial y tiene un sistema de gobierno parlamentario basado en el modelo Westminster. Sin embargo, con el paso de los años, su sistema electoral ha ido mutando para adquirir características propias.

En Nueva Zelanda, las elecciones se celebran cada tres años y el sistema electoral es mixto, con 64 escaños elegidos en circunscripciones uninominales, 49 mediante representación proporcional y, finalmente, 7 escaños reservados para los indígenas maoríes. Cada elector tiene dos votos, uno para su circunscripción local y otro para los partidos a nivel nacional. 

Desde la introducción en 1996 de este modelo mixto, que dejó atrás el sistema uninominal puro heredado de su período colonial, es muy inusual que un partido político logre una mayoría absoluta propia (solo ha ocurrido en 2020). Lo más habitual son los pactos flexibles entre los bloques de centroizquierda y centroderecha, o incluso la formación de gobiernos de coalición.

La mayoría de los neozelandeses descienden de colonos británicos, mientras que los maoríes originarios constituyen cerca de un quinto de la población (y su relación con el Estado neozelandés ha sido objeto de debates, acuerdos y discusión histórica). También hay importantes minorías de asiáticos y polinesios.

Prácticamente desde su independencia, Nueva Zelanda ha estado a la vanguardia en materia de derechos políticos y civiles, y casi siempre ha resaltado en todos los indicadores globales. Por si fuera poco, Nueva Zelanda es el primer país del mundo en conceder a las mujeres el derecho al voto y el primero en introducir una legislación de salario mínimo.

Los partidos tradicionales, un panorama plural

Desde 1935, la política neozelandesa ha visto una alternancia bipartidista entre el Partido Nacional y el Partido Laborista. La reforma electoral de 1996 dio mayor protagonismo a terceros partidos y convirtió las coaliciones y los acuerdos en la práctica habitual, aunque el gobierno siga principalmente en manos de los dos partidos principales.

Formación de centroderecha con fuerte base en los sectores rurales, empresariales y jubilados, el Partido Nacional (popularmente conocidos como «los Nats») ha sido el partido que más tiempo ha gobernado Nueva Zelanda. Es el partido del actual primer ministro, Christopher Luxon, quien buscará este sábado un segundo mandato en medio de una fuerte caída de su popularidad. Los sondeos apuntan a que la coalición que lo sostiene podría perder su mayoría, pero que todavía cuenta con la posibilidad de que su partido sea el más votado, especialmente si el voto de la oposición sigue fragmentado.

Por su parte, el Partido Laborista surgió como el brazo político del movimiento sindical y el constructor del Estado de bienestar neozelandés. Su líder es Chris Hipkins, quien fuera primer ministro durante menos de un año en 2023, tras el retiro de la icónica líder Jacinda Ardern. Hipkins busca retornar al cargo y, aunque todavía tiene posibilidades de terminar gobernando, enfrenta una fuga de votos dentro de su propia coalición.

Fuera del bipartidismo tradicional está el Partido Verde, caracterizado por su visión ecologista tradicional pero también por algunas facciones que buscan representar las posiciones a la izquierda de los laboristas. Presentes en el legislativo desde la reforma electoral, han sido el tercer partido con mayor representación del Parlamento durante la última década y aliado más probable de los Laboristas en la formación de gobiernos.

En la derecha está el partido ACT (surgido originalmente de las siglas en inglés para «Asociación de Consumidores y Contribuyentes»). Es un partido liberal en cuestiones sociales y libertario en términos económicos. Fundado por el exministro laborista Roger Douglas (arquitecto de las reformas económicas neoliberales de los años ochenta), el partido irrumpió con fuerza en los años noventa tras la reforma electoral, para luego sufrir una dura debacle en la década de 2010 que lo llevó a casi desaparecer. Busca su resurgimiento de la mano de David Seymour, su líder desde 2014 y que hoy es viceprimer ministro en el gabinete de Luxon, culminando la primera legislatura en la que forman parte del gobierno.

El partido NZ First («Nueva Zelanda Primero») ha estado presente en la política neozelandesa desde 1993 y desde su creación ha sido presidido por Winston Peters, de origen mixto maorí-europeo. Curiosamente, tiene un origen similar al de ACT pero inverso: correspondía a un sector de los «Nats» proteccionista en lo económico que abandonó el partido durante el período neoliberal. Nacionalista y populista, Peters ha sido durante tres décadas el «hacedor de reyes» de Nueva Zelanda, apoyando pragmáticamente a gobiernos Laboristas y Nacionales dependiendo del contexto. Esto le permitió ser miembro del gabinete de cinco de los últimos ocho primeros ministros, llegando a ser el segundo al mando tanto de Luxon (hasta 2025) como de Ardern (de 2017 a 2020).

Finalmente, completa la formación de partidos tradicionales el Te Pāti Māori o «Partido Maorí», que representa los intereses de dicho grupo étnico. Aunque ha disputado algunas circunscripciones con fuerte población maorí, por lo general se limita a disputar los siete escaños reservados, en los que compite con los Laboristas. Hoy por hoy se considera que el partido está a la izquierda del laborismo, aunque históricamente solía ser más pragmático e incluso llegó a sostener acuerdos con el Partido Nacional.

Christopher Luxon: un director ejecutivo en caída

Perteneciente al ala derecha de su partido, Christopher Luxon llegó al cargo de primer ministro en 2023, remontando a un Partido Nacional que venía cayendo en picado durante los años anteriores. Luxon venía de ser director ejecutivo de la aerolínea estatal neozelandesa, Air New Zealand, y se vendió en campaña como un gestor eficiente con experiencia pública y privada para bajar los impuestos y acomodar una inflación al alza. Llevó a los «Nats» a convertirse en la fuerza más votada, aunque sin mayoría, y consiguió un frágil acuerdo de derechas con ACT y NZ First para ser investido primer ministro.

Luxon ha trasladado sus métodos corporativos al gobierno, estableciendo «planes de acción trimestrales» con viñetas de tareas y metas preestablecidas cada 100 días. Desde ese enfoque, implementó un agresivo recorte del gasto, desarmó regulaciones ambientales para favorecer al sector agrario, ejecutó reformas fiscales para la clase trabajadora y adoptó una línea dura en seguridad, promoviendo campamentos militares de reeducación para delincuentes juveniles.

Sin embargo, Luxon perdió apoyo muy rápidamente. Aunque la inflación al final cedió, lo hizo muy tardíamente y el desempleo llegó a alcanzar su pico histórico en once años, con un 5,7 % al cierre de este año. Asimismo, la frágil coalición con socios tan dispares forzó a Luxon a hacer concesiones al libertario ACT en el ámbito cultural (como la revisión de tratados históricos para disolver instituciones indígenas) que enfadaron a los votantes maoríes, hasta entonces un electorado muy accesible para los «Nats».

Su tendencia a hablar al público como CEO de una empresa en una junta de accionistas difícil tampoco ha ayudado a librarse de la imagen de tecnócrata «frío» del electorado.

El desplome en la popularidad de Luxon también agitó las aguas dentro de su partido, desatando conflictos internos ante la amenaza de verse desalojados del poder. Solo este año, Luxon tuvo que someterse a dos mociones de confianza para capear los conflictos dentro de su propio partido, lo que no ha hecho más que continuar desangrando su liderazgo. Su tendencia a hablar al público como CEO de una empresa en una junta de accionistas difícil tampoco ha ayudado a librarse de la imagen de tecnócrata «frío» del electorado.

Entre la economía estancada, la «guerra cultural» y la inestabilidad parlamentaria tanto dentro del Partido Nacional como de sus socios de coalición, la aprobación del gabinete saliente oscila entre el 16 y el 17 %, un suelo histórico para un gobierno neozelandés en su primer mandato. Solo la polarización ideológica y un desgaste similar de su rival mantienen a Luxon con vida.

Chris Hipkins: presente favorable, pasado de plomo

Como decimos, el gran activo del primer ministro no está en sus filas, sino en lo que tiene delante. Menos carismático y magnético que su predecesora, la icónica Jacinda Ardern, Chris Hipkins es visto como un político «de carrera» dentro del Partido Laborista. Llegó al gobierno brevemente luego de que Ardern se retirara en 2023 y su posición se debilitó muy rápidamente tras un año marcado por la inflación y la crisis por el coste de vida, que hasta entonces la pandemia había ayudado a amortiguar.

Pasados los años, sin embargo, las encuestas indican que un importante núcleo de votantes no lo ha perdonado.

No es raro que bajo el liderazgo de Hipkins el laborismo pasara de tener la primera mayoría absoluta obtenida bajo el sistema mixto a perder el gobierno en 2023. Hipkins conservó el control del partido y asumió como líder de la oposición. Pasados los años, sin embargo, las encuestas indican que un importante núcleo de votantes no lo ha perdonado, independientemente de si el gobierno actual también los ha decepcionado.

Por eso, mientras el laborismo critica el enfoque «neoliberal» y «desconectado» de Luxon, el desgaste del propio Hipkins le resta credibilidad a la hora de prometer resultados distintos a los de su anterior etapa en el Gobierno. A esto se suma quiénes serían sus potenciales socios de coalición: Hipkins no volverá a ser primer ministro sin el aval del Partido Verde y el Te Pāti Māori, quienes compiten con agendas mucho más izquierdistas. Luxon ha explotado eso en su campaña, afirmando que votar al laborismo implica llevar al poder una «agenda radical de izquierda» que debilitará la estabilidad macroeconómica.

Entre este «pánico rojo» del votante moderado y el desgaste del laborismo entre los votantes jóvenes más izquierdistas (muchos de los cuales han migrado al Partido Verde), el partido socialdemócrata todavía disputa el primer puesto a los «Nats», pero también espera una caída electoral.

Q Wong: la nueva «Oportunidad»

Estas elecciones han estado marcadas por el vertiginoso ascenso del «Partido de las Oportunidades» (o simplemente Opportunity), una formación autodefinida como «de centro radical», liderada por la empresaria Qiulae Wong (apodada «Q»). Podría terminar teniendo la llave para la gobernabilidad en un Parlamento sin mayoría.

Cuando fue fundado en 2016 por el economista y filántropo Gareth Morgan, este enigmático partido parecía destinado a ser solo la irrelevante aventura de un multimillonario con ganas de política. Compitió en tres elecciones con un discurso basado en la eficiencia económica sin obtener escaños antes de rendirse. No obstante, en noviembre de 2025, el partido eligió como su líder a Wong, exconsultora de sostenibilidad de KPMG y exdirectora de una red de empresas.

La plataforma del partido afirma ser «post-ideológica», por lo que termina siendo un compendio de postulados muy variados.

A diferencia de su predecesor, Wong usa un tono pragmático y profesional, con críticas al establishment político de turno. La plataforma del partido afirma ser «post-ideológica», por lo que termina siendo un compendio de postulados muy variados de los otros partidos. Su principal propuesta pasa por implementar una modalidad de «Ingreso Ciudadano» que reemplace al sistema de bienestar social e introducir un «impuesto al valor de la tierra» para abaratar la vivienda. También asume una posición marcadamente ecologista, promoviendo la prohibición de la pesca de arrastre de fondo.

Con estas propuestas como bandera, el partido ha realizado un despliegue masivo a través de las redes sociales, logrando obtener una base militante sólida entre los profesionales urbanos y los más jóvenes, hasta ahora la principal base de votos del Partido Laborista. Hoy por hoy, las encuestas anticipan que obtendría cerca de un 5 % de los votos que, si bien es un resultado modesto, podría resultar decisivo si ni el bloque de derecha ni el de izquierda logran una mayoría por sí solos.

¿Quién podría gobernar Nueva Zelanda?

A pesar de que Luxon tiene una aprobación pública de entre el 16 y el 17 % y de que Hipkins dejó el cargo en 2023 con un 19 %, lo cierto es que al final solo uno de los dos impopulares dirigentes será primer ministro de Nueva Zelanda. Sin embargo, el rechazo público a ambos ha debilitado al bipartidismo histórico y ha abierto la puerta a que el próximo parlamento sea uno de los más fragmentados de su historia reciente. Muchos votantes de la base más ideológica de los dos partidos están virando hacia los extremos: tanto el Partido Verde como ACT están creciendo en las encuestas y están a las puertas de obtener sus mejores resultados a costa de sus socios mayoritarios.

El ascenso de Opportunity podría convertirlo en el «hacedor de reyes» a la hora de formar la próxima coalición

Por su parte, el ascenso de Opportunity podría convertirlo en el «hacedor de reyes» a la hora de formar la próxima coalición de gobierno. Wong ha anticipado que está dispuesta a gobernar con cualquiera de los dos partidos y que, el día posterior a las elecciones, iniciará negociaciones con el que resulte más votado. Si estas conversaciones fracasan, negociará con el segundo. También ha aclarado que «no apoyarán políticas en las que no creen» y que, si al final de las negociaciones no logran ningún punto de encuentro, pasarán a la oposición.

Muchas de las «líneas rojas» de Wong para una eventual negociación se ven más fáciles de cumplir por el lado de la izquierda, con ciertos matices en el ámbito fiscal. Por su parte, Luxon ha declarado en campaña que considera el «Ingreso Ciudadano» un delirio económico y que «no levantaría el teléfono para convocar a Wong bajo ninguna circunstancia». Sin embargo, es discutible si sostendrá el mismo discurso en caso de que esta fuera la única forma de permanecer en el poder.

En un escenario marcado por el descontento con el presente, el rechazo al pasado y la llegada de nuevos actores relevantes, Nueva Zelanda acudirá a las urnas para elegir a su propio gobierno. Tanto si se mantiene hacia la derecha como si gira a la izquierda, el próximo gobierno se verá obligado a abordar la creciente insatisfacción si no quiere que se profundice.

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por Felipe Galli

Estudiante de Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, con experiencia en activismo en contextos autoritarios y especialización en la cobertura de procesos electorales de todo el mundo.

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