Vox busca consolidar un crecimiento sostenido y sin síntomas de agotamiento pese a sus polémicas internas y cambios de liderazgo. ¿Lo conseguirá en Castilla y León?

Aterrizando en Castilla y León
Al igual que en otras comunidades autónomas, la legislatura en Castilla y León (iniciada en 2022) estuvo marcada por la ruptura del pacto de gobierno entre el Partido Popular y Vox en julio de 2024. La ruptura entre estas dos fuerzas se dio a causa de la aprobación por parte de la Junta de la acogida de 21 menores extranjeros no acompañados procedentes de Canarias, una decisión que Vox consideró contradictoria con su discurso sobre inmigración.
Para entender estos comicios autonómicos hay que tener presente su sistema electoral. Castilla y León elige a 82 procuradores en nueve circunscripciones provinciales. El reparto actual, según el censo actualizado, es el siguiente: Valladolid (15), León (13), Burgos (11), Salamanca (10), Palencia, Ávila, Segovia y Zamora (7 cada una), y Soria (5). .
La barrera electoral se sitúa en el 3 % de los votos válidos por provincia, siendo un caldo de cultivo ideal para propuestas de ámbito local, pero también resulta muy útil para partidos nacionales y en evolución, puesto que las provincias con mayor representación permiten unreparto más proporcional de los diputados entre los votos emitidos. Esto permitiría la entrada de Vox en 2019, dado que la fragmentación del voto conservador en Valladolid les dio un escaño negado en provincias con menor peso electoral.
De dónde venimos
Durante la primera parte del mandato que ahora termina, los ultraconservadores ostentaron la vicepresidencia de la Junta y tres consejerías clave: Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural; Industria, Comercio y Empleo; y Cultura, Turismo y Deporte. Su gestión se centró en la prevención de incendios forestales, promoviendo la ganadería extensiva como herramienta de limpieza de montes y la contratación de desempleados para labores de mantenimiento.
Sin embargo, su desempeño fue criticado por la falta de coordinación con el PP y por medidas consideradas más ideológicas que prácticas, como la organización de conciertos benéficos en lugar de inversiones estructurales. A pesar de su discurso de defensa del mundo rural, la despoblación rural y la falta de reindustrialización también fueron puntos débiles.
La aprobación por parte de la Junta de la acogida de 21 menores extranjeros no acompañados procedentes de Canarias fue el detonante que acabó con el gobierno de coalición. Vox consideró que esta medida contradijo su línea dura en materia migratoria y rompió el acuerdo de gobierno con el PP, acusando a su socio de traicionar los principios pactados.
La fractura no solo paralizó la aprobación de los presupuestos autonómicos para 2025 y 2026, sino que también dividió al grupo parlamentario de Vox: mientras la dirección nacional impulsaba la salida del gobierno como parte de una estrategia más amplia de endurecimiento ideológico, algunos diputados autonómicos mostraron reticencias, generando tensiones internas. Tras la ruptura, el partido de Abascal pasó a la oposición, adoptando un discurso de confrontación con el PP y acusándolo de «claudicar» ante las políticas progresistas y europeas, especialmente en temas como la inmigración, la gestión de los incendios forestales y el acuerdo Mercosur.
Esta crisis dejó al gobierno de Alfonso Fernández Mañueco en minoría, incapaz de sacar adelante iniciativas legislativas clave, pero también escenificó el cambio de liderazgo dentro del partido de Abascal. Este hizo dimitir a —su hasta entonces candidato— Juan García-Gallardo para encumbrar al presidente de las Cortes, Carlos Pollán. Bajo su batuta, mucho más acorde con las directrices de Bambú, consolidó a Vox como un actor mucho más hostil, dispuesto a condicionar la gobernabilidad de la comunidad incluso desde fuera del ejecutivo.
Vox en campaña
En este escenario electoral, el candidato de Vox a la Presidencia de la Junta de Castilla y León es Carlos Pollán. Él y su equipo encaran las elecciones del 15 de marzo con un mensaje claro: su partido no se presenta solo para influir, sino para gobernar y cambiar el rumbo de las políticas autonómicas. La formación verde busca «eliminar las políticas socialistas» que, según ellos, el PP ha acabado aplicando en la comunidad castellanoleonesa.
Para este partido hay una serie de políticas clave: el campo, la inmigración, las infraestructuras pendientes y la recuperación de servicios públicos «colapsados» por lo que denomina una «inmigración masiva y descontrolada». Vox vincula directamente la llegada de migrantes con el aumento de la inseguridad ciudadana y la presión sobre la vivienda y la sanidad, proponiendo como solución la deportación de inmigrantes ilegales, la repatriación de quienes delinquen, y priorizar a los españoles en el acceso a ayudas públicas. También aborda el problema de la despoblación y la vivienda, especialmente para los jóvenes, con propuestas como liberar suelo público, reducir burocracia y bajar impuestos.
Critica duramente al PP por aprobar en Bruselas políticas que, según él, «atacan» a sectores clave de Castilla y León.
Sobre la campaña electoral, Pollán destaca que el contacto con los ciudadanos revela una preocupación real por temas como la agricultura, la sanidad, la sequía y el acuerdo Mercosur, el cual Vox rechaza por considerar que perjudica a los productores locales. Critica duramente al PP por aprobar en Bruselas políticas que, según él, «atacan» a sectores clave de Castilla y León, mientras acusa a Mañueco de falta de diálogo y de gobernar en minoría sin buscar consensos.
Las encuestas y predicciones
Las encuestas sitúan a Vox como tercera fuerza, con un apoyo que oscila entre el 16,8 % y el 20 % de los votos, lo que podría traducirse en 13 – 18 procuradores. Aunque el partido aspira a superar los 13 diputados de 2022, los sondeos indican un crecimiento moderado, sin la explosión registrada en otras comunidades como Aragón o Extremadura (en parte debido a que Vox partía de una posición bastante mejor que en estas últimas comunidades).
Este crecimiento podría estar acelerándose en la recta final de campaña a causa de los condicionantes externos. De hecho, los de Pollán podrían contar con una fidelidad de voto que supera el 85 %, al tiempo que podría recoger el voto de un 10 % de antiguos votantes del PP, un 9 % de personas que no votaron en las últimas elecciones e incluso cierto voto residual de PSOE y Podemos.
Pese a tener que entenderse para la formación del gobierno, ambas fuerzas conservadoras están siendo especialmente agresivas entre sí.
En cualquier caso, el partido de Abascal será indispensable para su papel como «llave» de la gobernabilidad es clave. El PP y Vox sumarían más del 52 % del electorado, si bien la fragmentación de la derecha en provincias con pocos escaños podría beneficiar al PSOE. Además, y pese a tener que entenderse para la formación del gobierno, ambas fuerzas conservadoras están siendo especialmente agresivas entre sí, puesto que ambos saben que compiten por el mismo electorado.
Igualmente, está por ver cuál es el papel del partido de Alvise (SALF), que si bien no parece tener posibilidades de obtener representación, sí puede arañar unos votos indispensables para conseguir procuradores disputados entre varios partidos.
Influencia exterior en la recta final
No hay que obviar que esta campaña electoral se está sustentando en gran medida en muchos elementos externos, relevando los asuntos regionales y locales a un plano de igualdad o, incluso, a un segundo orden de importancia. Así, la activación del tratado comercial UE-Mercosur está siendo una de las principales bazas en la campaña de Vox, quien defiende —en consonancia con Agrupación Nacional francesa— que este tratado va contra los intereses de los agricultores y ganaderos españoles en general y castellanoleoneses en particular.
Igualmente, la reciente guerra en Irán, iniciada hace dos semanas por EE. UU. e Israel y la respuesta de Teherán, ha generado una inestabilidad global que está conllevando un encarecimiento generalizado del combustible, la energía y la paralización de ciertas rutas de comercio. En este contexto, el papel del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, frente a las acciones de Trump y Netanyahu, también está teniendo un impacto directo en la campaña.
En tercer lugar, la parálisis en la formación del gobierno en Extremadura entre un PP y Vox condenados a llegar a una entente, puede ser utilizada por ambas partes como arma arrojadiza con el fin de convencer a ciertos votantes de cambiar de opción o, incluso, abstenerse de votar.
La cifra mágica del 20 %
De este modo, la formación de Abascal afronta las elecciones con el objetivo de consolidarse como tercera fuerza en Castilla y León, superar el techo del 20 % de los votos y mantener su influencia creciente en el gobierno de Mañueco. En clave nacional, de conseguir los resultados esperados, Vox redoblará sus exigencias ante un PP que, si bien sigue siendo la opción favorita entre la mayoría de los votantes, muestra una parálisis programática y discursiva generalizada.
Sin embargo, estos comicios son especialmente interesantes por la variedad de escenarios que presentan: Valladolid, León, Burgos e incluso Salamanca pueden ser escenario de discursos mucho más heterogéneos, en tanto que su «alto» número de escaños permite un reparto más proporcional. Por el contrario, Palencia, Ávila, Segovia y Zamora y Soria se centrarán en temas propios de la España vaciada. No hay que olvidar que en Castilla y León el 50 % de la población vive en zonas rurales.
