Reform UK, el partido de derecha populista liderado por Nigel Farage, lleva un año liderando las encuestas. Pero, ¿puede de verdad llegar al nº 10 de Downing Street?

En la política británica, llevar meses seguidos al frente de las encuestas de la mano de una formación marginal por muchos años es algo casi inaudito. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha conseguido Nigel Farage con Reform UK. El partido ha logrado instalarse en la cima de los sondeos y generar, por primera vez en décadas, la expectativa real de que un partido de derecha populista podría gobernar el Reino Unido.

La incógnita ya no es si Reform es un actor a tener en cuenta en la política británica. Lo es. La pregunta es otra: ¿puede Farage realmente convertir su liderazgo en las encuestas en la llave de Downing Street?

De los lodos del Brexit a los barros de Westminster

Para entender hasta dónde ha llegado Reform UK conviene recordar de dónde viene. El partido fue fundado en 2018 como el Brexit Party, concebido con el único objetivo de presionar al Gobierno conservador para que ejecutara la salida de la Unión Europea sin concesiones. Farage lo construyó como un instrumento de campaña más que como una formación política convencional, y funcionó, arrasando con el 31,6 % de los votos en las elecciones europeas de 2019.

Consumado el Brexit, el partido se reinventó como Reform UK en 2021, ampliando su programa más allá de la soberanía nacional para abarcar la reducción de impuestos, el control de la inmigración, la crítica a las instituciones públicas y un discurso antiélites de largo recorrido. Sin embargo, durante años siguió siendo una fuerza de protesta sin traducción real en escaños.

Recordemos que el sistema electoral británico de circunscripción uninominal, el llamado first-past-the-post, es cruel con los partidos medianos cuyo voto está distribuido de forma uniforme por el territorio. Así, en las elecciones generales de 2024, pese a obtener más de cuatro millones de votos y un 14,3 % del sufragio, el sistema electoral le concedió solo 5 representantes (por contextualizar, los liberaldemócratas obtuvieron 72 escaños con 2 puntos menos que Reform).

No obstante, en los meses posteriores a las elecciones, el apoyo a Reform empezó a crecer. El detonante de este salto fue doble. Por un lado, el desgaste acelerado del Gobierno laborista de Keir Starmer, que llegó al poder en julio de 2024 con una mayoría aplastante, pero cuya luna de miel con el electorado se evaporó en pocos meses, presionado por la herencia económica conservadora y decisiones polémicas como la retirada del subsidio de combustible a pensionistas.

Por otro lado, la propia entrada de Farage en la Cámara de los Comunes. Así, por primera vez en su larga carrera política, el hombre que durante décadas operó desde los márgenes del sistema tenía un escaño desde el que hacer oposición directa.

A día de hoy, Reform lleva un año liderando las encuestas, con un promedio del 26 % de intención de voto y ocho puntos de ventaja sobre laboristas y conservadores. En lo que respecta a la traducción en escaños, la mayoría de las proyecciones le otorgan una mayoría absoluta en Westminster. La ironía es que Reform podría beneficiarse ahora del mismo mecanismo que ha limitado su crecimiento en los últimos años, el ya mencionado sistema electoral. De celebrarse mañana elecciones, Farage obtendría una de las mayorías absolutas más baratas de la historia del Reino Unido (en lo que se refiere al porcentaje de voto).

El problema: de los sondeos a las urnas

Sin embargo, Farage podría tener un problema para convertir su liderazgo en los sondeos en votos. Algunas de las elecciones parciales, las llamadas by-elections, deberían haber encendido las primeras señales de alerta en el cuartel general de Reform.

El pasado 1 de mayo, Sarah Pochin, la candidata de Reform por el distrito electoral de Runcorn y Helsby, se hizo con la victoria. A primera vista, todo parece una buena noticia para Reform, quien había logrado en menos de dos años subir hasta veinte puntos en el distrito. Pero hay un factor importante, los sondeos le daban a Reform un margen de entre tres a cinco puntos sobre los laboristas. En las elecciones ganaron por solo seis votos. En una circunscripción de decenas de miles de electores, eso es estadísticamente indistinguible de un empate.

La siguiente gran prueba ocurrió hace apenas dos meses en Gorton y Denton. Al contrario que en Runcorn y Helsby, las encuestas no daban un favorito claro de cara a los comicios y apuntaban a una carrera a tres entre Reform, los verdes y los laboristas (todos rondando el 28 %). Finalmente, Goodwin, el candidato de Reform, perdió frente a los Verdes por más de 12 puntos.

Más allá de los resultados concretos, ¿hay motivos por los que podamos creer que Reform tenga problemas estructurales para movilizar a sus simpatizantes a las urnas? A continuación, argumentamos que existen tres grandes debilidades de fondo que estarían limitando el techo electoral de Reform.

Las tres debilidades de Reform

En primer lugar, Reform podría estar sufriendo la trampa del personalismo. El partido se ha convertido progresivamente en un vehículo personal de Farage, a expensas de sus bases locales. En un sistema donde los vínculos entre candidato y circunscripción importan enormemente, donde el trabajo de casework y presencia local construye lealtades que ninguna encuesta nacional captura, la dependencia de una sola figura mediática es una vulnerabilidad estructural. Cuando Farage no está en la papeleta, al partido le está costando despegar.

En segundo lugar, Reform sigue siendo incapaz de calar entre el electorado más joven. Los datos indican que el partido es la primera fuerza en los mayores de cuarenta años. Sin embargo, en el rango de veinticinco a treinta años sería la cuarta, y entre los más jóvenes, la quinta. En este último grupo, Reform no alcanzaría ni el 10 %. Y si dividiésemos por género, entre las mujeres más jóvenes se habría estancado en el 5 %. Como resultado, su incapacidad para calar entre el sector más joven estaría lastrando su crecimiento en los últimos meses.

Esto podría ser consecuencia de ser un partido cuyo imaginario político, centrado en temas como la soberanía nacional, el control de fronteras y la nostalgia de una Gran Bretaña más cohesionada, resuena con fuerza en quienes tienen memoria de ese pasado, pero resulta menos atractivo para generaciones que han crecido en una economía globalizada y que priorizan la vivienda, el cambio climático o la sanidad sobre la identidad nacional.

En tercer lugar, el partido podría verse mermado por las tensiones internas. En los últimos meses, dos importantes figuras de Reform han abandonado el barco y han construido movimientos alternativos: el primero en hacerlo fue Ben Habib, quien anteriormente fue vicepresidente del partido, ahora líder de Advance UK; el segundo fue Rupert Lowe, figura reconocida en el partido y uno de los seis parlamentarios que consiguió Reform en 2024, quien fundó Restore Britain tras ser expulsado de Reform. Las salidas de ambos estuvieron marcadas por encontronazos con Nigel Farage y diferencias con respecto a las deportaciones masivas, a las que Farage se opone.

El problema para Reform con las formaciones de Habib y Lowe no es tanto que le roben votantes, sino que creen fracturas internas. Aunque ambas formaciones puedan contar con el apoyo de figuras como Elon Musk o Tommy Robinson, se encuentran más a la derecha de Reform y son más duras en inmigración. Pero si miramos los datos, vemos que este espacio apenas tiene recorrido: entre quienes están considerando votar a Reform, apenas el 1 % creen que el problema es que no sean lo suficientemente de derechas.

Por el contrario, sí que existe un 7 % que duda en votar al partido porque lo consideran extremista. Por tanto, el riesgo con las salidas de Habib y Lowe es que el ruido que han generado sus salidas cree enfrentamientos dentro de Reform y que pueda disuadir a quienes aún no han decidido darle su voto.

Mayo como termómetro

Con todo, las próximas elecciones generales no están previstas hasta 2029. Eso parece una eternidad en términos de ciclos políticos. Sin embargo, en mayo de 2025 Reform se enfrenta a una prueba más inmediata. En apenas unas semanas en Reino Unido se celebran elecciones locales en Inglaterra y elecciones a los parlamentos de Gales y Escocias. 

Las elecciones locales son el laboratorio donde pueden forjarse (o destruirse) las reputaciones de los partidos emergentes. Requieren exactamente lo que Reform tiene más dificultades para demostrar: candidatos locales enraizados en sus comunidades, maquinaria electoral descentralizada y capacidad para ganar aunque Farage no esté en el cartel.

Son, en definitiva, unas elecciones que tomarán el pulso al partido de Farage. Si Reform cosecha buenos resultados en mayo, podrá argumentar que su apoyo en los sondeos tiene raíces genuinas. Si repite el patrón de Runcorn y Helsby, la narrativa del partido en ascenso imparable empezará a resquebrajarse.

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por Iván Sánchez Marañón

Investigador FPU en el Departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad de Navarra. Máster en Ciencia Política y Comportamiento Político en la London School of Economics and Political Science. Interesado en el comportamiento electoral, la opinión pública y la comunicación política.

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