Bulgaria vuelve a votar por octava vez en solo cinco años. Ante un panorama de hartazgo, el país puede poner fin a la inestabilidad.

Bulgaria irá mañana a las urnas para renovar su Asamblea Nacional, que luego tendrá el encargo de investir un nuevo gobierno. La votación se realizará en medio de un clima de profunda apatía ciudadana. La última elección tuvo lugar en octubre de 2024 y tuvo una participación de solo el 38 % del electorado. De hecho, hace casi 10 años desde la última vez que en Bulgaria votó más de la mitad de la población llamada a las urnas.
Los comicios (los octavos en cinco años) serán un nuevo intento de resolver la persistente crisis política que viene aquejando a Bulgaria desde 2021, la más grave desde la finalización del régimen comunista en 1989. Ninguna de estas elecciones ha podido dar a este país de Europa del Este, uno de los más pobres y corruptos de la Unión Europea, un gobierno estable.
La compleja historia de Bulgaria
La democracia llegó a Bulgaria en 1989, tras la dictadura comunista de Todor Zhivkov. Si bien el proceso fue más tranquilo que en otros países como Rumanía, se instaló un clima de caos y tensiones que todavía perduran. Sus primeros pasos vinieron marcados por la inestabilidad económica y la alternancia entre el Partido Socialista Búlgaro y la derechista Unión de Fuerzas Democráticas. Pese a la determinación de muchos gobernantes posteriores de seguir un camino de integración europea y occidental (Bulgaria ingresó en la OTAN en 2004 y en la UE en 2007), el devenir económico contemporáneo del país tuvo algunas características similares al proceso ruso.
Prácticamente desde ese momento surgió la inestable polarización que, con muchos matices, ha regido la política búlgara desde entonces. Los llamados «partidos del establishment» (que representan los intereses de la oligarquía poscomunista) se contraponen al ascenso de partidos antisistema de muy variada ideología, que en general se limitaban a prometer limpiar el Estado búlgaro.
Este contrapunto choca también con una polarización en torno a la permanencia en la UE y la presencia de minorías étnicas con una representación institucional visible (como los turcos, con su partido DPS). Por lo demás, los partidos políticos búlgaros suelen depender mucho de un liderazgo personalista, y no es raro que pierdan fuerza una vez que su jefe político decide o se ve forzado a retirarse.
Tal fue el caso de Boyko Borisov, líder del partido conservador Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), que tomó el poder por primera vez en 2009, en el contexto de la crisis financiera global. Con breves interludios de inestabilidad, en los que se sucedieron gobiernos de los socialistas y grupos minoritarios, Borisov dominaría la política búlgara durante más de una década. Su gobierno presidió cierta estabilidad macroeconómica y su momento de mayor integración dentro del bloque europeo. Sin embargo, también existen sospechas de prácticas clientelares, e incluso autoritarias, para preservarse en el poder.
Finalmente, el debilitamiento de la posición de Borisov a partir de la pandemia de Covid-19 condujo a la Revolución de la Dignidad, una serie de protestas contra la corrupción gubernamental en el año 2020. Todo ello provocó la pérdida de mayoría parlamentaria del oficialismo en las elecciones de abril de 2021. No obstante, desde entonces, la formación de una mayoría alternativa a GERB ha sido prácticamente imposible, desencadenando la actual crisis política, con sucesivos adelantos electorales y el surgimiento de múltiples partidos dispares.
La crisis actual y el adelanto electoral
Las últimas elecciones tuvieron lugar en octubre de 2024, tan solo tres meses después de las anteriores (con tres intentos fallidos de formación de gobierno). GERB se mantuvo como primera fuerza parlamentaria, pero logró solo 69 de 240 escaños. En un intento de romper con el estancamiento, se formó un inestable gobierno de coalición con Rosen Zhelyazkov (miembro de GERB) como primer ministro, con el Partido Socialista y la formación anticorrupción Existe Tal Pueblo (ITN) como socios menores y el apoyo de APS, un partido de la minoría turca. Este gobierno tenía 125 de los 240 escaños a su favor.
Tras los comicios, el partido Velichie (Grandeza), formación de derecha radical que con un 3.9992 % se había quedado a un puñado de votos de cruzar el umbral, presentó una impugnación contra el resultado, denunciando irregularidades. En marzo de 2025, la justicia determinó que las discrepancias o incidentes aislados que pudieron encontrarse habían sido suficientes para afectar el resultado general y, en consecuencia, declaró que Velichie había cruzado el umbral. En vez de anular la elección, alteró la composición del Parlamento para asignarle al partido diez escaños. En consecuencia, el gobierno pasó a tener tan solo 121 escaños, apenas raspando la mayoría.
A pesar de este revés, Zhelyazkov y Borisov hicieron todo lo posible por intentar mantener al ejecutivo en pie. A tal fin, negociaron con el otro partido de la minoría turca (el DPS), el cual accedió a darles apoyo parlamentario. Sin embargo, la APS (que se había formado a partir de una escisión del DPS) se rehúso a cooperar con un gobierno con el que este partido tuviera algo que ver y rompió con el gabinete. El gobierno quedó, de este modo, altamente condicionado.
En noviembre de 2025, Zhelyazkov anunció públicamente su presupuesto para 2026, el cual incluía un drástico aumento de los impuestos. Específicamente, se aumentaron las cantidades que los individuos debían aportar a los programas de pensiones y seguridad social. El resultado fue el estallido de masivas manifestaciones en las principales áreas urbanas. A pesar de que el gobierno retiró el presupuesto, su posición política se tornó totalmente insostenible. Buscando apaciguar las protestas, Zhelyazkov anunció nuevas elecciones y presentó su dimisión.
¿Qué partidos se presentan?
La mayoría de las encuestas ponen el ojo en Bulgaria Progresista (PB), coalición recién fundada por el expresidente Rumen Radev. Oficial retirado de la Fuerza Aérea, Radev se metió en política en 2016, cuando el Partido Socialista lo apoyó como candidato presidencial independiente en oposición a Borisov. Obtuvo la victoria en segunda vuelta, emergiendo como un baluarte de la oposición institucional al polémico gobernante. Obtuvo una aplastante reelección en 2021, lo que finalmente condujo a que su perfil se elevara como posible aspirante a primer ministro.
Luego de la convocatoria electoral anticipada, Radev presentó su renuncia en enero (un año antes del final de su mandato) para poder liderar un partido político en las parlamentarias. La coalición se inscribió como coalición el 2 de marzo, menos de 45 días antes de las elecciones.
Su perfil anti-establishment atrae a sectores jóvenes y enfadados. Sin embargo, despierta dudas su posicionamiento contrario a la ayuda a Ucrania en la guerra contra Rusia.
Con una agenda socialdemócrata y dura contra la «corrupción oligárquica», Radev levanta algunas suspicacias en el panorama europeo. Su perfil anti-establishment atrae a sectores jóvenes y enfadados. Sin embargo, despierta dudas su posicionamiento contrario a la ayuda a Ucrania en la guerra contra Rusia (esgrimiendo una postura de «neutralidad»), lo que ha llevado a algunos sectores a acusarlo de estar vinculado al régimen de Putin.
La formación de reciente creación ha mantenido una sostenida ventaja en las encuestas, elevada por el repentino apoyo de la juventud descontenta. Podría incluso superar los 100 escaños. Sin embargo, es difícil determinar si podrá alcanzar una mayoría propia. Su margen para negociar con los demás partidos para formar una coalición en caso de fracasar tampoco está del todo determinado, sobre todo por las diferencias en materia de política exterior.
GERB, partido del exprimer ministro Borisov, ha ido perdiendo progresivamente apoyos desde la pandemia, bajo acusaciones de autoritarismo y corrupción a gran escala.
Por su parte, GERB, partido del exprimer ministro Borisov, ha ido perdiendo progresivamente apoyos desde la pandemia, bajo acusaciones de autoritarismo y corrupción a gran escala. No obstante, continúa siendo una de las principales fuerzas en contienda y las encuestas consideran que continuará siendo la segunda fuerza detrás de PB. El exprimer ministro ha centrado su discurso en exaltar la estabilidad de su antiguo período de hegemonía.
Entretanto, la coalición PP-DB es la fuerza más europeísta de la elección. Ha centrado su discurso en la defensa de los valores liberales y el combate a la corrupción. Sin embargo, su capacidad de atracción se ha visto debilitada por sus fracasos para formar gobierno y su falta de un liderazgo sólido. La mayoría de las encuestas le asignan el tercer puesto.
Se espera que el centrista DPS (Movimiento por los Derechos y las Libertades) retenga con éxito su papel como representante principal de la minoría turca ante el derrumbe de la APS. Liderado por Delyan Peevski, este partido ha sacado entre un 7 y un 11 % en cada elección desde 1990, siendo probablemente la fuerza más estable de Bulgaria, y ha sido clave en la formación de varios gobiernos.
El último partido que espera obtener escaños es Renacimiento, formación ultranacionalista de dura retórica conservadora. Logró irrumpir en el Parlamento en noviembre de 2021 y desde entonces ha ido aumentando su presencia. En las últimas elecciones logró el tercer puesto con 33 escaños, pero hoy las encuestas pronostican que apenas superaría el umbral y se convertiría en el partido más pequeño del legislativo.
Por finalizar, se destaca al histórico Partido Socialista (sucesor del Partido Comunista) al que se le pronostica un derrumbe absoluto. Los sondeos sugieren que está muy cerca de verse fuera de la próxima legislatura. Sería la primera vez en su historia que el partido se ve fuera del Parlamento búlgaro.
¿Qué podemos esperar?
Las elecciones del domingo representan para muchos búlgaros una oportunidad histórica de romper el ciclo de crisis que ha marcado la vida política del país desde 2021. Bulgaria Progresista y el liderazgo unificador de Radev aparecen como una repentina propuesta de estabilidad que hasta ahora parecía imposible de lograr. Por tal motivo, no es raro que muchas encuestadoras pronostiquen un aumento sostenido de la participación, apuntando a que más de un 50 % de los búlgaros concurran a las urnas por primera vez desde 2017.
Sin embargo, no bastará solo con una mayoría parlamentaria para «arreglar» Bulgaria. El próximo gobierno búlgaro deberá encarar una serie de problemas sin solucionar.
Sin embargo, no bastará solo con una mayoría parlamentaria para «arreglar» Bulgaria. El próximo gobierno búlgaro deberá encarar una serie de problemas sin solucionar. El creciente empobrecimiento, la alta inflación, el aumento del coste de vida y los servicios públicos deficientes siguen afectando a buena parte de la población. La corrupción y el sector privado «oligarquizado» han dominado la campaña. A esto muy probablemente se sume un aumento de la polarización en política exterior y el grado de acercamiento con respecto a la UE y la OTAN.
Este domingo, Bulgaria votará intentando dejar atrás un período marcado por el estancamiento, que probablemente resulte en el inicio de un período de incierta reconstrucción.
