¿Cómo llegan los partidos a las elecciones en Castilla y León? Más allá de que PP y Vox puedan sumar mayoría, hay otros elementos en juego.

Castilla y León acude a las urnas mañana como la tercera parada de este ciclo electoral iniciado en Extremadura y continuado en Aragón, y aunque la suma del bloque de derechas parece suficiente para gobernar, todavía hay varios resultados simbólicos y estratégicos en juego. Hagamos un repaso de lo que se juega cada uno de ellos en la noche electoral.
Mañueco y la mayoría imposible
El Partido Popular (PP) afronta estas elecciones con un objetivo evidente: renovar el gobierno de Alfonso Fernández Mañueco y, si es posible, reducir su dependencia de Vox. Sin embargo, las encuestas dibujan un escenario muy similar al de 2022.
El promedio de sondeos sitúa al PP como primera fuerza con alrededor del 33 % de los votos, lo que se traduciría en 31 o 32 escaños, todavía lejos de la mayoría absoluta fijada en 42 procuradores. En otras palabras, la mayoría absoluta en solitario es prácticamente imposible: apenas roza el 1 % en las simulaciones electorales de Kiko Llaneras.
Esto deja a Mañueco ante una situación muy conocida. Desde 2019 ha gobernado siempre en coalición o con apoyos externos, primero con Ciudadanos y después con Vox. Esta última legislatura terminó precisamente con la ruptura del pacto con los de Abascal en 2024, lo que dejó al Ejecutivo en minoría y condujo finalmente a la convocatoria electoral.
Por ello, el objetivo realista del PP no parece tanto evitar a Vox como llegar a la negociación desde una posición más fuerte. Un par de escaños más permitiría a los populares mantener el liderazgo claro del bloque conservador y reducir la capacidad de presión de su socio potencial.
Existe, eso sí, una segunda vía mucho más improbable. Esta sería una mayoría alternativa con los partidos regionalistas (UPL, Soria ¡Ya! y Por Ávila). No es el escenario más probable, pero explica por qué los populares han mantenido un discurso relativamente prudente hacia estos partidos durante la campaña.
Carlos Martínez y la campaña del «No a la guerra»
Mientras el PP intenta reforzar su liderazgo, el PSOE afronta estas elecciones con una meta más modesta pero políticamente relevante: mantenerse competitivo en una comunidad donde el PP gobierna desde finales de los años ochenta.
Las encuestas sitúan a los socialistas a menos de tres puntos del PP, con una estimación cercana a 26 escaños, frente a los 28 actuales. Para el candidato socialista, Carlos Martínez, el resultado tiene además una lectura interna. El alcalde de Soria asumió el liderazgo del partido hace apenas un año tras la salida de Luis Tudanca en medio de tensiones con la dirección federal. Desde entonces ha intentado consolidar su figura al frente de una organización todavía marcada por las divisiones internas.
La posición del Gobierno de Pedro Sánchez frente al conflicto con Irán y el lema del «No a la guerra» se han convertido en el principal eje movilizador del PSOE en la recta final de la campaña. La estrategia tiene como objetivo salir a buscar a un electorado de izquierdas que en Castilla y León suele mostrar niveles de abstención relativamente altos.
En el acto final de campaña en Valladolid, en el que participaron Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, el partido trató precisamente de activar ese recuerdo histórico del rechazo a la guerra de Irak que en su día movilizó al electorado progresista.
Dentro del propio partido aseguran que la campaña ha sido «ascendente». Martínez ha recorrido más de 6.500 kilómetros y participado en más de 25 actos, intentando aprovechar su perfil cercano como alcalde durante casi dos décadas en Soria.
Las expectativas internas, al menos públicamente, siguen siendo optimistas. En el PSOE creen que pueden mantener los 28 procuradores actuales e incluso mejorar ligeramente el resultado, aunque reconocen que en varias provincias el reparto final de escaños puede depender de apenas unos cientos de votos.
En definitiva, el resultado del domingo tendrá una doble lectura. Yendo al plano electoral, determinará si el PSOE sigue siendo competitivo frente al PP tras décadas de hegemonía conservadora. Por otro lado, en el plano interno, servirá para medir si el nuevo liderazgo de Martínez logra consolidarse dentro de un partido que todavía arrastra tensiones recientes.
Pollán y la frontera del 20 %
Mientras tanto, Vox llega a estas elecciones con una posición mucho más cómoda que en otros territorios. En Castilla y León el partido ya partía de una base sólida tras las elecciones de 2022, cuando logró 13 procuradores y entró por primera vez en un gobierno autonómico.
Las encuestas sitúan a la formación en torno al 20 % de los votos, lo que podría traducirse en una horquilla aproximada de 13 a 18 escaños. El candidato Carlos Pollán, busca superar ese umbral simbólico del 20 % y consolidar a Vox como socio imprescindible del bloque conservador.
La estrategia del partido ha sido similar a la observada en otras comunidades. Los de Abascal han buscado mantener una confrontación constante con el PP, mientras se preparan para negociar con él tras las elecciones. Esta tensión no es casual, pues ambas formaciones compiten por el mismo electorado, especialmente en provincias rurales donde la agricultura, el comercio internacional o el acuerdo Mercosur han dominado buena parte de la campaña.
El resultado final determinará cuál es el equilibrio de fuerzas dentro de la derecha castellanoleonesa y, por extensión, cuál será el precio que Vox podrá exigir en una eventual negociación de gobierno.
Las izquierdas más allá del PSOE
Por su parte, la izquierda a la izquierda del PSOE llega a estos comicios en un momento especialmente delicado. Podemos e IU-Sumar vuelven a concurrir por separado, repitiendo el escenario que ya se vio en Aragón. La división complica enormemente sus posibilidades de obtener representación, especialmente en un sistema electoral provincial donde cada escaño exige concentrar bastante voto.
Las encuestas sitúan a IU-Sumar cerca del 5 %, peleando por el último escaño en Valladolid, mientras que Podemos apenas supera el 3 % y podría quedarse fuera de las Cortes tras once años de presencia institucional.
Más allá del resultado concreto, estas elecciones tienen una lectura más amplia dentro del espacio político. Castilla y León forman parte de un pequeño maratón electoral que incluye Extremadura, Aragón y, próximamente, Andalucía, y cada cita funciona como un examen interno entre las distintas formaciones de la izquierda alternativa. Si el patrón observado en otras comunidades se repite (división, desaparición de Podemos y supervivencia de IU), el debate sobre una candidatura unitaria podría intensificarse en los próximos meses.
El peso creciente del regionalismo
Otro elemento clave de estas elecciones ha sido el papel de los partidos regionalistas. Castilla y León reúne varias condiciones que favorecen su aparición: una comunidad muy extensa, problemas graves de despoblación y una integración territorial históricamente discutida entre las dos regiones que conforman esta CCAA.
Actualmente tres fuerzas provinciales tienen representación parlamentaria. Estas son Unión del Pueblo Leonés (UPL), Soria ¡Ya!, y Por Ávila. Entre ellas suman siete procuradores y atraviesan un momento especialmente favorable. La UPL, por ejemplo, logró en 2022 su mejor resultado histórico con tres escaños y más del 21 % del voto en la provincia de León.
Las encuestas indican que estas formaciones podrían mantener o incluso ampliar su representación. UPL tiene altas probabilidades de conservar sus escaños, mientras que Soria ¡Ya! y Por Ávila también cuentan con opciones de repetir presencia en las Cortes.
Pese a su relativamente pequeño tamaño, estos partidos pueden convertirse en actores decisivos para la formación de mayorías, especialmente si el PP intenta explorar una alternativa a Vox.
¿Y después qué?
En definitiva, aunque las encuestas dibujan un escenario relativamente estable, las elecciones de Castilla y León todavía dejan varias incógnitas abiertas.
El PP aspira a renovar el gobierno y reforzar su posición frente a Vox. El PSOE intenta consolidarse como alternativa real tras décadas de hegemonía popular. Vox busca superar el umbral simbólico del 20 % y consolidar su papel como socio imprescindible del bloque conservador. Mientras tanto, los partidos regionalistas intentarán mantener su crecimiento y las izquierdas alternativas pelean por sobrevivir a su propia fragmentación.
Todo apunta a que la suma de PP y Vox volverá a dominar el tablero político castellanoleonés. La verdadera incógnita no es tanto quién ganará las elecciones, sino qué equilibrio de fuerzas surgirá dentro del bloque que gobierna la comunidad desde hace más de tres décadas.
