La comunidad autónoma más poblada de España será la encargada de cerrar el ciclo electoral de 2026 y dejar el último equilibrio antes de las generales. El PP confía en lograr una mayoría absoluta que cimentaría las nuevas dinámicas de Andalucía, donde PSOE, Vox y las izquierdas echan el resto.

Andalucía cierra el ciclo electoral autonómico con una pregunta sencilla y muchas derivadas: ¿Revalidará Juan Manuel Moreno Bonilla (PP) su mayoría absoluta o tendrá que sentarse en una mesa de negociación con Vox? Desde este marco, incluso la repetición electoral es una posibilidad real.
Después de Extremadura, Aragón y Castilla y León, el 17 de mayo llega el turno de la comunidad más poblada de España, una plaza que durante décadas fue sinónimo de hegemonía socialista y que ahora mide la fuerza del PP andaluz. También, por supuesto, dejará el último sabor de boca —salvo sorpresa— de cara a las próximas elecciones generales y municipales.
En Andalucía, todo parece bastante estable. Moreno llega como favorito, el PSOE vuelve a competir desde una posición defensiva y Vox aspira a crecer sin disparar expectativas, mientras que las izquierdas alternativas se presentan en dos papeletas. Sin embargo, dicha estabilidad se puede ver alterada con facilidad, pues apenas unos miles de votos pueden cambiar por completo la noche electoral. La mayoría absoluta está en 55 diputados y el promedio de encuestas sitúa al PP justo en esa frontera. Por tanto, la diferencia entre una legislatura cómoda y una negociación con Manuel Gavira (Vox) puede estar en unos pocos restos provinciales.
Andalucía ya no es el feudo socialista
Durante buena parte de la democracia autonómica, Andalucía fue el gran territorio del PSOE. Primero con Rafael Escuredo y José Rodríguez de la Borbolla; después, durante décadas, con Manuel Chaves, José Antonio Griñán y Susana Díaz. De aquella Andalucía queda más bien poco. En 2018, el PP llegó a San Telmo con Ciudadanos y el apoyo externo de Vox. En 2022, Juan Manuel Moreno rompió el tablero con 58 escaños y una mayoría absoluta que transformó el mapa político de las ocho provincias.
En este escenario, el reto del PP es consolidar un hecho insólito como el de 2022. Moreno ha construido su liderazgo sobre una fórmula de gestión, moderación —aunque discutida— y con una distancia calculada del PP nacional, pero especialmente del PP madrileño. Su campaña insiste en la estabilidad, en la continuidad y en la idea de que Andalucía funciona mejor cuando no depende de pactos.
El PP mira a Montero y evita a Vox
La estrategia popular tiene dos movimientos. El primero consiste en dirigir toda la presión hacia María Jesús Montero. El PP sabe que la candidata socialista es una figura nacional, que fue vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, y que su candidatura permite convertir las elecciones andaluzas en una evaluación indirecta de Pedro Sánchez.
El segundo movimiento pasa por no hacer de Vox el centro de la campaña. Moreno ya aplicó esta lógica frente a Macarena Olona en 2022. Vox quería confrontar, elevar el tono y obligar al PP a elegir entre el discurso duro y el perfil moderado. El resultado fue una mayoría absoluta popular. Ahora, con Manuel Gavira, el esquema se repite. Vox agita la «prioridad nacional» en el resto de pactos autonómicos, acusa al PP de parecerse al PSOE y busca forzar a Moreno a pronunciarse sobre los pactos. El presidente andaluz, de momento, intenta no entrar.
Para muestra, un botón. O, en este caso, un canal: el del primer debate de candidatos de RTVE. Moreno buscó el cuerpo a cuerpo con María Jesús Montero, evitó confrontar de forma directa con Gavira y recibió ataques coordinados desde las izquierdas en vivienda, sanidad y servicios públicos. El camino que el malagueño traza hacia la mayoría absoluta es este.
Montero y la dificultad de volver a casa
María Jesús Montero regresa a su casa en un mar de dudas por la famosa estrategia del ministro-candidato impulsada por Moncloa. La sevillana, que antes de ser ministra fue consejera en gobiernos socialistas, conoce la Administración autonómica y tiene un perfil político mucho más fuerte que Juan Espadas en 2022. Con estas cuentas, el PSOE ha optado por colocar una candidata de peso a fin de evitar que el partido siguiera hundiéndose en su antiguo bastión.
Con todo, Montero llega con importantes contrapesos. Por un lado, representa la etapa socialista andaluza, con todo lo que eso moviliza a favor y en contra. Por otro, aparece muy vinculada al Gobierno central, en un momento en el que el PP quiere que toda campaña autonómica sea también una campaña contra Sánchez. Su gran baza es la sanidad, algo que queda claro con la cartelería desplegada. La crisis de los cribados del cáncer de mama, las listas de espera y el debate sobre la privatización permiten al PSOE y a las izquierdas intentar desplazar la conversación desde la estabilidad hacia la gestión concreta de Moreno.
Pero, si miramos a las encuestas, estas no apuntan a remontada socialista. El PSOE-A puede quedar por debajo de sus treinta diputados actuales, que ya de por sí es el peor resultado de su historia autonómica. La lógica del ministro-candidato vuelve como ocurrió con Pilar Alegría: la exministra de Hacienda puede ser más conocida, más solvente y más combativa que su antecesor, pero el PSOE andaluz sigue teniendo dificultades para reconstruir una mayoría social propia.
Vox y el fantasma de Olona
Vox llega a las elecciones que vieron nacer al partido con una meta: que Moreno no alcance los 55 escaños. Si eso ocurre, Manuel Gavira, el embajador de Santiago Abascal en esta ocasión, tendrá capacidad para condicionar la legislatura. Si el PP revalida la mayoría absoluta, Vox podrá crecer y aun así quedarse sin influencia real.
La formación de Santiago Abascal sabe que Andalucía fue una decepción en 2022. Macarena Olona aspiraba a romper el techo electoral de Vox y acabó con 14 escaños, más que antes, pero muy lejos de la expectativa creada. Por eso esta vez el partido intenta rebajar el listón. Repetir o mejorar ligeramente ya podría venderse como resistencia; acercarse a los 18 o 19 escaños reforzaría su papel en el ciclo autonómico.
Su mensaje será reconocible: inmigración, seguridad, ayudas sociales y la prioridad nacional. En el debate de RTVE, Gavira llevó todos los asuntos hacia ese marco, desde la vivienda hasta la sanidad. ¿Ese discurso consigue sumar en Andalucía? ¿O queda limitado por el perfil personal de Moreno, al que los conservadores pueden ver con mejores ojos? Además, en los cálculos hechos desde Bambú hay una incógnita a despejar: SALF.
El partido de Alvise Pérez rondaría el 3 % de los votos y podría repetir una dinámica que dejó un mal sabor de boca a la derecha radical en Castilla y León, donde su subida no llegó a ser la esperada. Con todo, la última noticia que se tiene de su campaña es que todos los actos están cancelados, una decisión que coincide con la pérdida de la inmunidad parlamentaria de la que Alvise gozaba en la Eurocámara.
Dos izquierdas a la izquierda del PSOE
La izquierda alternativa llega mejor ordenada que en otras comunidades, pero todavía dividida. Por Andalucía reúne a Izquierda Unida, Podemos, Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Verdes Equo, Alternativa Republicana y Alianza Verde, con Antonio Maíllo como candidato. Adelante Andalucía, con José Ignacio García, mantiene su papeleta propia desde un andalucismo de izquierdas más marcado y con un tono más regionalista.
Las encuestas sitúan a Por Andalucía alrededor de sus actuales cinco escaños y a Adelante con opciones de crecer desde los dos que obtuvo en 2022. Maíllo busca reconstruir una izquierda útil, reconocible y menos dependiente de las peleas estatales. García, por su parte, intenta ocupar el espacio de una izquierda andalucista que acusa tanto al PP como a Vox y al PSOE de no defender suficientemente los intereses de Andalucía. Por último, ambos tuvieron presencia en el debate de candidatos, especialmente en vivienda, sanidad y la crisis de los cribados, pero el tablero de gobierno parece quedar lejos.
Qué se decide el 17M
Las elecciones andaluzas no decidirán únicamente quién gobierna San Telmo. También cerrarán el ciclo autonómico iniciado en Extremadura y permitirán medir tres tendencias nacionales. La primera: si el PP puede seguir ganando sin crecer demasiado, pero manteniendo el poder institucional. La segunda: si el PSOE continúa perdiendo terreno incluso cuando presenta candidatos de primer nivel. La tercera: si Vox se consolida como socio imprescindible o si se queda en una fuerza de presión sin entrada real en los gobiernos.
Andalucía es, por tanto, el cierre de la miniserie electoral y su capítulo más importante. Moreno quiere demostrar que 2022 no fue una excepción para el PP. Montero necesita evitar que el PSOE siga alejándose de su antiguo granero electoral. Gavira busca que Vox sea la clave. Maíllo y García compiten por definir qué izquierda queda a la izquierda del socialismo andaluz.
