Los comicios de este 7 de mayo pueden revolucionar el sistema de partidos británico. Farage aspira a convertirse en la primera fuerza local, los laboristas se enfrentan a pérdidas históricas y una nueva izquierda verde emerge para disputarle el espacio progresista.

Mañana, el Reino Unido vivirá su cita electoral más importante desde las generales de 2024. Más de 30 millones de votantes están llamados a las urnas en tres elecciones distintas. En Inglaterra, más de 5.000 concejalías se disputarán en 136 consejos locales, a lo que se suman seis contiendas para alcaldes. Mientras, en Escocia y Gales se elige a los miembros de los parlamentos nacionales: el Holyrood y el Senedd.
Más allá de los escaños, lo que se dirime el 7 de mayo es si el sistema de partidos que estructuró la política británica durante el siglo XX ha quedado obsoleto de forma definitiva. Reform UK, el Partido Verde, y el Partido Liberal Demócrata y los nacionalistas están redibujando el mapa político desde los márgenes hacia el centro, mientras los dos grandes partidos tradicionales, laboristas y conservadores, acuden a las urnas en su posición más débil en décadas.
El derrumbe de los laboristas
La pregunta para el Partido Laborista no es si perderá escaños, pues eso está descontado, sino cuál será la magnitud del derrumbe. Las previsiones apuntan a pérdidas de entre 1.200 y 1.900 de los poco más de 2.100 concejales que defiende, lo que lo acerca al peor resultado de cualquier partido en la historia de las elecciones locales modernas.
El colapso tiene raíces claras. Menos de la mitad de los votantes que se decantaron por los laboristas en 2024 siguen siendo leales al partido. Los desertores se van principalmente hacia los verdes y, en menor medida, hacia Reform. En términos geográficos, el partido enfrenta amenazas simultáneas y de naturaleza opuesta: por su izquierda, en la Londres universitaria y de clase media; por su derecha, en el muro rojo del norte de Inglaterra.
Están en riesgo las mayorías históricas en Barnsley, Gateshead, Sunderland y Wakefield (consejos que el Partido Laborista ha controlado ininterrumpidamente desde los años setenta) y en Londres el símbolo más doloroso sería perder Barking y Dagenham, el único distrito londinense que el partido ha mantenido bajo control mayoritario desde su creación en 1964.
¿Cómo de grande será la victoria de Reform UK?
Pese a que Nigel Farage llega a estas elecciones como líder de la fuerza que encabeza todas las encuestas nacionales desde hace un año, para Reform, estas elecciones son también un examen de credibilidad. Las previsiones apuntan a que el partido podría triplicar su representación en el gobierno local, consiguiendo más de 2.000 concejales. Sin embargo, los números absolutos importan menos que la geografía de las ganancias. Si Reform gana el control de lugares más allá de los bastiones naturales del Brexit, la narrativa de un partido capaz de gobernar a escala nacional se reforzará considerablemente.
Así, es esperable que Reform se haga con el consejo de Essex, donde el propio Farage tiene su escaño, y otros enclaves en el norte de Inglaterra donde el “Leave” se impuso en el Brexit, tales como Barnsley o Sunderland. La prueba de fuego real está en otro lugar.
Para que un triunfo de Reform demuestre que es tiene opciones reales de cara a las próximas generales, el partido necesita demostrar que puede ganar también en territorios más disputados y sociológicamente heterogéneos, tales como Barking y Dagenham en el este de Londres, Bromley en los suburbios del sureste, Gateshead en el noreste urbano, Hampshire en el sur acomodado, Milton Keynes o Swindon en la Inglaterra de las nuevas ciudades. Son lugares donde Reform compite simultáneamente con conservadores, laboristas y en algunos casos con los liberal demócratas, lo que exige una implantación local más sólida.
Los verdes y el efecto Polanski
El ascenso de los verdes bajo Zack Polanski es el fenómeno más novedoso del ciclo. Desde que ganó la dirección del partido en otoño de 2025, la formación ha captado más del 50 % del apoyo entre los jóvenes de 18 a 24 años (en gran medida proveniente de los laboristas) y ha escalado hasta el 17 % de intención de voto nacional, igualando o superando al Partido Laborista en algunas encuestas.
La estrategia de Polanski ha sido la de un izquierdismo populista deliberado, con mensajes directos, fuerte presencia en redes sociales y una apuesta por convertir al partido en la referencia de la izquierda urbana y universitaria que Starmer ya no es capaz de retener.
Si los verdes toman el control de varios consejos londinenses, esto indicaría que el partido sería competitivo en caso de elecciones generales.
Eso se traduce en una lista de objetivos muy concreta. En Londres, los Verdes apuntan a hacerse con el control de Lambeth, Islington, Southwark y Hackney (actualmente en manos de los laboristas), lo que sería la señal más nítida de que el partido ha desplazado a los laboristas como fuerza dominante entre la nueva clase media progresista de la capital. Fuera de ella, otros objetivos son Manchester, Cambridge, Oxford, Leeds y Reading. Si los verdes toman el control de varios consejos londinenses, esto indicaría que el partido sería competitivo en caso de elecciones generales en entre dos y tres docenas de circunscripciones parlamentarias.
Los conservadores deberán gestionar el desastre
Para los conservadores, el ejercicio del 7 de mayo consiste esencialmente en gestionar la magnitud del desastre. El partido que controlaba cerca del 40 % de todos los concejales en Gran Bretaña hace apenas cinco años llega a estas elecciones sin margen para el optimismo. El umbral está en torno a las 720 pérdidas, y superarlo los situaría por debajo del 18,8 % de concejales que tenían tras las elecciones de 1996, el punto más bajo de su historia reciente.
El problema de fondo es que los conservadores sufren una presión simultánea desde flancos opuestos.
Kemi Badenoch, líder del partido, necesita al menos una mejora en la cuota de voto proyectada respecto al año pasado, para así poder sostener la narrativa interna de recuperación. Si no lo consigue, las dudas sobre si el partido ha tocado fondo seguirán abiertas. El problema de fondo es que los conservadores sufren una presión simultánea desde flancos opuestos: Reform les arrebata votantes en las zonas del Brexit y el norte de Inglaterra, mientras los liberaldemócratas siguen erosionando su base en los suburbios acomodados del sur.
Si el ritmo actual se mantiene, el partido está en camino de caer al cuarto puesto en el recuento total de concejales el año que viene, puesto catastrófico si se tiene en cuenta que junto a Labour, el partido era uno de los dos pilares inevitables de la política británica.
Los liberaldemócratas buscan consolidarse, pero sin grandes alegrías
El Partido Liberal Demócrata llega con viento a favor tras un año de sólidas ganancias en elecciones parciales. Su objetivo mínimo son unas 210 plazas adicionales, en línea con su media de los últimos tres años, mientras que alcanzar 420 los igualaría con la proporción de concejales que tenían antes de entrar en coalición con los conservadores en 2010, un umbral simbólico de recuperación que el partido lleva años queriendo rebasar. Sus objetivos más concretos son consejos como Gosport, Stockport, Three Rivers y West Oxfordshire, todos ellos de perfil conservador moderado donde la caída del voto tory les abre la puerta.
Genera interrogantes dentro del partido sobre si su crecimiento reciente refleja un apoyo sólido o simplemente el efecto de ser la opción más cómoda.
Su problema estructural, sin embargo, es que la estrategia de expansión local puede estar tocando techo. El partido ha conquistado casi todos los consejos que tenía en el punto de mira y, sin un cambio de táctica, el margen de nuevas ganancias es limitado.
Además, en las encuestas se han estancado pese a la impopularidad del gobierno, lo que genera interrogantes dentro del partido sobre si su crecimiento reciente refleja un apoyo sólido o simplemente el efecto de ser la opción más cómoda para votantes descontentos. Si aún así las cosas salen bien para ellos y mal para los dos grandes, podrían terminar la noche como el mayor partido en el gobierno local inglés.
Los nacionalistas afianzan su hegemonía en Escocia…
En Escocia, la política de Westminster dicta el destino de los laboristas también al norte de la frontera. Hace dos años, el candidato laborista, Anas Sarwar, parecía en camino de convertirse en primer ministro. Sin embargo, la decepción acumulada con Starmer ha derrumbado esas expectativas. Hoy se espera que queden terceros. El SNP, en cambio, parece encaminado a consolidar sus dos décadas en el poder. Las encuestas indican que podrían incluso hacerse con la mayoría absoluta, si bien parece complicado.
El factor de incertidumbre es Reform. Si el partido de Farage obtiene suficientes votos como para dividir el apoyo conservador en las zonas de frontera tradicionalmente azules, el SNP podría entrar por el hueco y hacerse con los escaños que necesita. El sistema mixto escocés, que combina distritos de mayoría relativa con listas regionales proporcionales, hace que esta dinámica sea especialmente relevante.
… y podrían gobernar Gales por primera vez
El Partido Laborista ha dominado Gales durante más tiempo del que cualquier partido ha dominado cualquier democracia del mundo: el partido ha ganado una pluralidad de escaños galeses en cada elección general desde 1922 y ha ganado todas las elecciones al Senedd desde su creación en 1999. Ese récord de 104 años, mayor incluso que el de la CSU en Baviera, está a punto de romperse
Plaid Cymru, el partido nacionalista galés, es el gran favorito para ganar estas elecciones y encabezar el gobierno de Cardiff Bay por primera vez en la historia. Los laboristas, que han gobernado Gales en coalición o en solitario desde 1999 (año en que se creó el Senedd), aspiran ahora a quedar en tercer lugar para actuar como socio menor en una coalición de izquierdas bajo Plaid. El nuevo sistema proporcional, que amplía el Senedd de 60 a 96 miembros, facilita ese escenario, pues hace casi imposible que ningún partido obtenga mayoría absoluta. Pero también da entrada a Reform, que podría convertirse en segunda fuerza.
Elecciones locales con implicaciones nacionales
Si las previsiones se cumplen, el 7 de mayo consolidará de forma difícilmente reversible una tendencia que lleva varios ciclos en marcha: el fin del sistema bipartidista en el Reino Unido. Por primera vez en décadas, tanto los laboristas como los conservadores podrían terminar fuera del «top dos» en cuota de voto local, y eso bajo el sistema electoral que históricamente más favorece a los grandes partidos.
Los resultados de estas elecciones tendrán, por tanto, una relevancia nacional clara. Son, en primer lugar, un veredicto sobre el liderazgo de Starmer. Si Labour cae por detrás de los Verdes en la cuota de voto proyectada, la narrativa de que el partido ha sido desplazado como referente de la izquierda británica se instalará con fuerza en Westminster.
Son, en segundo lugar, un examen de si Reform tiene la distribución geográfica del voto necesaria para traducir sus encuestas en escaños parlamentarios. Y son, en tercer lugar, el primer gran test del nuevo mapa político de Escocia y Gales, donde el nacionalismo podría salir de la jornada con un mandato democrático reforzado en ambas naciones. En definitiva, unas elecciones locales que importan mucho más allá de lo local.
