El partido que gobernó Andalucía durante más de tres décadas podría obtener su peor resultado histórico en estas elecciones.

Andalucía fue durante casi cuatro décadas el feudo indiscutible del socialismo español. El partido que llegó a rozar el 52 % de los votos en 1982 afronta ahora las elecciones del 17 de mayo ante la perspectiva de un hundimiento histórico. Su candidata, María Jesús Montero, parte con expectativas de obtener apenas el 23 % de los votos, el peor resultado que el PSOE haya cosechado jamás en la comunidad.

Lo que este domingo está en juego no es, por tanto, si el PSOE perderá estas elecciones, sino la distancia de la caída. Todavía más, si la estrategia de Pedro Sánchez de enviar a sus ministros más visibles como candidatos autonómicos es capaz de frenar el impacto, o si, por el contrario, solo consigue agravarla por su desgaste a nivel nacional.

Del feudo al hundimiento del PSOE andaluz

El socialismo andaluz fue, durante la Transición y las décadas siguientes, una maquinaria electoral sin rival. Desde la primera elección autonómica en 1982, cuando Manuel Chaves obtuvo mayoría absoluta con más de la mitad de los votos, hasta 2018, el PSOE no cedió ni una sola vez la presidencia de la Junta. Gobernó con mayorías absolutas, simples y, cuando fue necesario, con el apoyo de otras formaciones. Llegó a acumular tal densidad institucional en el territorio que el partido y la Junta se confundían como si fueran la misma cosa.

Esa hegemonía empezó a agrietarse a partir de 2008. La crisis económica golpeó con especial dureza a Andalucía y el PSOE absorbió buena parte del desgaste. Además, los primeros destapes del caso de los ERE (el desvío de 679 millones de euros de fondos públicos por el que fueron condenados posteriormente los expresidentes Chaves y Griñán) mermó la reputación del partido.

Así, en 2012 el Partido Socialista perdió por primera vez unas elecciones frente al Partido Popular, pero Griñán logró mantenerse en el gobierno gracias al apoyo de Izquierda Unida. De forma similar, en 2015, pese a hacerse con la victoria, Susana Díaz consiguió el apoyo de Ciudadanos para mantenerse en la Junta.

Unos años más tarde, en 2018, Susana Díaz perdió la Junta de Andalucía tras ocuparla por 37 años. El candidato del Partido Popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, llegó al gobierno de la mano de Ciudadanos y con el apoyo externo de Vox.

Desde entonces, el PSOE no ha conseguido remontar. En 2022, con Juan Espadas como candidato, impuesto desde Ferraz frente a la candidatura de Susana Díaz, el partido obtuvo el 24 % de los votos y 30 escaños, su mínimo histórico hasta entonces. Moreno Bonilla, por su parte, mejoró sus resultados y consiguió la mayoría absoluta. La estrategia de renovar el liderazgo regional desde Madrid no dio los frutos esperados, y Espadas fue reemplazado en 2023 por la figura que Pedro Sánchez consideraba más adecuada para el siguiente intento.

¿Una vicepresidenta del gobierno como líder de la oposición?

María Jesús Montero encarna la apuesta más ambiciosa que el PSOE podía hacer en Andalucía. Sevillana, médica de formación, con una larga trayectoria como consejera de Salud y después de Hacienda en la Junta, Montero conoce la administración andaluza desde dentro. Sus ocho años como vicepresidenta la convierten en una de las caras más conocidas de estas elecciones. El 92,1 % de los andaluces sabe quién es, solo por detrás de Moreno Bonilla (93 %).

El problema es que conocerla no equivale a valorarla bien. Su saldo de opinión es de -34,6 puntos y el 55,9 % de los encuestados tiene una opinión «mala» o «muy mala» de ella. Algo parecido pasaba con Pilar Alegría, la otra ministra-candidata de este ciclo electoral en Aragón. Parece que las figuras del Gobierno central canalizan el desgaste de casi ocho años de mandato de Sánchez. De hecho, en Andalucía ese desgaste es especialmente visible: el 53,5% de los andaluces valora como «mala» o «muy mala» la labor del Gobierno de España, frente al 34% que hace la misma valoración de la Junta de Moreno Bonilla.

A eso hay que añadir que Montero tuvo que defender en Andalucía la financiación singular para Cataluña, un asunto que generó críticas internas en una comunidad históricamente reivindicativa en términos de financiación autonómica. Además, su última etapa en el Ministerio estuvo marcada por la incapacidad de aprobar presupuestos desde 2022 y por la proximidad a figuras comprometidas judicialmente como Santos Cerdán o José Luis Ábalos.

Las encuestas no parecen augurarle un mejor futuro que a Espadas. Los últimos sondeos sitúan al PSOE en el 23 % de estimación de voto y entre 27 y 29 escaños. Este resultado supondría superar a la baja el mínimo histórico de 2022. Además, ninguna combinación de fuerzas de izquierda se acercaría siquiera a la gobernabilidad: PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía juntos sumarían alrededor de 38 escaños, a 17 de la mayoría.

El problema de movilización

El mayor problema del PSOE andaluz parece ser la falta de movilización de su electorado. Entre las generales de 2023 y las autonómicas de 2022 habría más de 500.000 de andaluces que votaron a Sánchez, pero no acudieron a las urnas un año antes. Mientras que el PP, en cambio, lleva cuatro procesos electorales muy estables, sin moverse de sus 1,5 millones de votos.

Ante ese diagnóstico, la estrategia de Montero ha pasado por tratar de movilizar a ese votante, apelando a temas que resuenan en el electorado socialista, como la sanidad pública. Desde el partido han buscando también volcarse en el trabajo puerta a puerta, el buzoneo y la presencia de agrupaciones locales en aquellos municipios donde se ha observado mayor desmovilización.

Asimismo, Pedro Sánchez ha acompañado a Montero en cinco actos de campaña, con la esperanza de que el presidente pueda reactivar el efecto movilizador de 2023. El problema es que Moreno Bonilla no genera entre los socialistas el mismo miedo que pudo generar un gobierno de Feijoo y Abascal a nivel nacional.

Pese a ello, la campaña también ha tenido sus tropiezos. El más comentado fue catalogar el asesinato de dos guardias civiles en Huelva, atropellados por una narcolancha, como un «accidente laboral», una declaración de la que, pese a haberse retractado, podría costarle caro en la recta final de la campaña. Más allá del error concreto, en cuestión de imágen, el contraste con Moreno ha sido constante: mientras el presidente de la Junta ha hecho una campaña de calle, con presencia diaria entre ciudadanos, Montero ha optado por actos cerrados con militancia.

Conclusiones

En conclusión, lo que el 17 de mayo está en juego en Andalucía no es solo quién gobierna la Junta (lo cual parece casi decidido), sino hasta dónde llega la caída del socialismo en la comunidad que fue su gran bastión. Si Montero confirma el mínimo histórico, el PSOE habrá perdido en ocho años más de veinte puntos de apoyo en Andalucía y pasará de haber gobernado con mayorías absolutas a contar con la mitad de los apoyos que el PP. 

La estrategia de enviar ministros como candidatos ha demostrado que, aunque puede garantizar el control orgánico del partido, no parece capaz de conectar con el electorado. Y en Andalucía, donde esa parece ser su mayor debilidad, la pregunta que queda abierta no es si el PSOE perderá estas elecciones, sino cuánto tardará en encontrar una respuesta que no dependa de las decisiones de la Moncloa.

Autor

Hola 👋
¿Otra partida?

Únete para no perderte ninguno de los movimientos del juego.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

por Iván Sánchez Marañón

Investigador FPU en el Departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad de Navarra. Máster en Ciencia Política y Comportamiento Político en la London School of Economics and Political Science. Interesado en el comportamiento electoral, la opinión pública y la comunicación política.

Deja una respuesta