Algunos partidos prometen bajar los impuestos; otros, cerveza gratis. Hoy hablamos de los joke parties, los partidos más raros de la democracia.

Una de las bondades de la democracia es que nos permite votar al partido con el que nos sintamos más identificados. Del lado de los partidos, este principio lleva a que cualquier formación, sea cual sea su ideología u objetivo político, pueda concurrir a unas elecciones. 

Sin embargo, cuando los arquitectos de la democracia moderna diseñaron este sistema, es probable que no tuvieran en mente que algún día un partido político tendría como principal promesa electoral abaratar el precio de la cerveza. 

En El Tablero Político nos pasamos horas hablando de los «partidos serios». Hoy, sin embargo, haremos un repaso de los partidos políticos más extraños, ya sea por su programa electoral o forma de hacer política. ¿Quiénes son estos partidos? ¿Quién es capaz de votarles?

Los joke parties

Lo mejor será empezar por el nombre. Hablamos de los joke parties, traducido como «partidos de broma» o «partidos satíricos». Entre sus representantes más conocidos encontramos a Die PARTEI (es decir, «El PARTIDO»), una formación alemana creada en 2004. Este partido, que ha conseguido representación en varias elecciones al Parlamento Europeo, llama la atención por sus propuestas. La formación ha prometido legalizar la cocaína, reducir el precio de los kebabs e incluso se ha declarado «defensora de las tetas grandes». 

Otro caso de éxito lo encontramos en Hungría, con el Partido del Perro de Dos Colas (MKKP, por sus siglas). Esta formación directamente ha prometido la vida eterna, la semana laboral de un día o, todavía más ambicioso, la cerveza gratis. Estos dos son posiblemente los ejemplos de mayor renombre, pero es prácticamente imposible encontrar un país democrático que no tenga su correspondiente joke party. Sin embargo, ¿qué es lo que une a esta curiosa familia ideológica?

Estos partidos suelen nacer contra la élite política tradicional, a la cual tachan de corrupta y deshonesta.

Los partidos satíricos se caracterizan por dos elementos. En primer lugar, son considerados como partidos protesta (al igual que otras familias ideológicas, como la populista). Estos partidos suelen nacer contra la élite política tradicional, a la cual tachan de corrupta y deshonesta. Sin embargo, es su segundo elemento el que los diferencia y los vuelve tan llamativos: el uso del humor como estrategia política. Estos partidos, que carecen prácticamente de ideología, usan la sátira y la parodia para criticar al resto de partidos, tratando así de mostrar sus contradicciones. 

El humor (como sus promesas ridículas) les permite, en primer lugar, llamar la atención de los ciudadanos. Una vez lo consiguen, el humor se convierte en una forma de apuntar a la élite política tradicional. De hecho, esta herramienta les permite suavizar la dureza de sus críticas o incluso hacerlas pasar por meros chistes. De esta forma, incluso consiguen sortear el control político de gobiernos no del todo democráticos, como en su momento en Hungría. 

La promesa de cerveza gratis, muy común en estos partidos, es al fin y al cabo una forma de parodiar las promesas electorales del resto de partidos. Si los «partidos serios» se pasan la campaña electoral prometiendo cosas que luego nunca cumplen, los joke parties también pueden hacerlo.

Otro gran ejemplo lo tenemos en Hungría, cuando el MKKP copió los carteles electorales de Víktor Orbán, en los cuales incluía mensajes contra los inmigrantes. El partido replicó directamente estos anuncios, copiando sus colores, tipografía y diseño. Lo único que hicieron fue cambiar el lema, pues en su caso escribieron frases como «Perdón por nuestro primer ministro» o «Está intentando distraernos para que no veamos cómo roban el dinero».

De hecho, la segunda generación de joke parties (la primera nació a mediados del siglo XX y murió en los noventa) surge tras la crisis de 2008, momento en el que la élite política fue muy criticada. En este periodo surgen también otros partidos anti-establishment, como Podemos en España o el Movimiento 5 Estrellas en Italia. Todos ellos, incluidos los partidos satíricos, nacen a raíz de la sensación tan extendida de que los políticos no eran capaces de resolver la crisis, pues solo miraban por su beneficio individual. 

¿Quiénes son los «votantes satíricos»?

Si comprender a estos partidos es interesante, todavía lo es más entender quién se decide a votar por ellos. Los joke parties suelen ser partidos pequeños, de escaso éxito. Por ello, dado que solo en raras ocasiones consiguen representación política (con la excepción del Parlamento Europeo), es muy complicado analizar a sus votantes. 

Debido al marcado carácter antielitista de estas formaciones, sus votantes suelen ser ciudadanos desencantados con la política tradicional. En el caso de Hungría, de hecho, lo que los caracteriza no es únicamente su rechazo a Orbán (quien gobernaba en el momento de la investigación citada), sino su crítica generalizada a todos los partidos políticos. Además, suelen ser votantes jóvenes (el MKKP llegó a ser el segundo partido más popular entre los menores de 40 años), urbanos y con un nivel de educación medio-alto. 

La juventud de los «votantes satíricos» parece lógica. Los jóvenes suelen ser uno de los grupos más perjudicados por las crisis económicas y políticas, lo que les vuelve mucho más críticos con la élite tradicional. Además, mientras que las generaciones más adultas han tenido tiempo de establecer un vínculo con algún partido tradicional, los más jóvenes son mucho más abiertos a opciones nuevas. De hecho, la aversión al riesgo es menor durante las primeras etapas vitales, por lo que parece lógico que, a esas edades, seamos mucho más abiertos a partidos rupturistas. 

Asimismo, los partidos satíricos son capaces de «pescar votos» en todo el espectro ideológico. Aunque algunas formaciones tienen un carácter más marcado, la mayoría de joke parties se caracterizan por tener una «ideología delgada». En otras palabras, más allá de su esencia de partido protesta, no se sitúan claramente en la izquierda o la derecha, lo cual les hace partidos más transversales y atractivos. 

Imagina que llegaran al poder…

En definitiva, estos partidos surgen contra la élite política tradicional. A diferencia de la derecha o la izquierda radicales, aunque sean anti-establishment, estos partidos nacen sin vocación de gobernar. Existen, al menos en teoría, única y exclusivamente para criticar a los partidos políticos de verdad. Sin embargo, hay ocasiones en las que estas formaciones «fracasan» y acaban llegando al gobierno. ¿Qué pasa entonces?

El mejor caso es posiblemente el de Best Party (Mejor Partido), una formación islandesa. El partido fue fundado en 2009 y en las elecciones de 2010 ya se convirtió en el más votado en Reikiavik, con el 34,7 % de los votos. Este, para criticar a las formaciones tradicionales, aseguraba que también era corrupto, aunque también prometían la construcción de un parlamento libre de drogas o un parque de Disney al lado del aeropuerto.

Según avanzó la legislatura, su carácter irónico se fue reduciendo hasta ser únicamente una herramienta de comunicación.

El partido, tras su gran éxito, formó una coalición con Alianza Socialdemócrata. Eso sí, con la condición de que todos sus miembros vieran la serie The Wire. Sin embargo, según avanzó la legislatura, su carácter irónico se fue reduciendo hasta ser únicamente una herramienta de comunicación. El partido demostró que era posible mantener la sátira, aunque reducida a una estrategia discursiva, y aun así mostrar cierto compromiso político.

Más allá del caso islandés, son pocas las situaciones en las que un partido satírico accede al poder. Otro de los grandes casos es Gergely Kovács, que se convirtió en 2024 en el alcalde del distrito XII de Budapest con el Partido del Perro de Dos Colas. Sin embargo, debido a que su victoria es reciente, todavía no ha pasado el tiempo suficiente para analizar su gobierno.

Mucho más común es que estos partidos, aunque no lleguen al poder, acaben obteniendo al menos cierta representación política. Es el caso del Partido Polaco de los Amigos de la Cerveza, que consiguió 16 diputados en 1991. Sin embargo, el partido acabó dividido en las facciones de Cerveza Grande y Cerveza Pequeña, separados por cuestiones ideológicas y el debate sobre si colaborar o no con el resto de partidos. 

En términos generales, cierto éxito político lleva a estos partidos a reducir su carácter satírico. Aunque en algunos contextos la sátira puede seguir siendo una herramienta útil, una vez que llegan al parlamento se dan cuenta de que deben asumir ciertas responsabilidades democráticas. Todos los partidos, no solo los satíricos, experimentan un proceso de profesionalización e institucionalización una vez comienzan a conseguir cierta cuota de poder. Sin embargo, en su caso se vuelve un momento de riesgo, pues perder por completo su esencia podría enfadar a sus votantes. De hecho, son partidos que tienden a tener una vida corta o una existencia prácticamente marginal. 

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por Yago Jiménez Bean

Politólogo y jurista. Actualmente, realizando un Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Carlos III de Madrid. Interesado especialmente en la competencia partidista y el comportamiento político, pero con café para mucho más.

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