Madrid desafía la norma europea: mientras las capitales suelen inclinarse a la izquierda, la capital española lleva décadas mirando a la derecha. ¿A qué se debe?

Ámsterdam, Berlín, Copenhague, París, Viena… Todas estas ciudades tienen dos cosas en común: son las capitales de sus respectivos países y, además, son consideradas de izquierdas. De hecho, esto es prácticamente una norma: los ciudadanos de la capital, sea cual sea, suelen ser siempre más progresistas, más liberales y, en general, más de izquierdas.

Sin embargo, Spain is different. En nuestro caso, Madrid destaca justamente por lo contrario: es uno de los bastiones del Partido Popular, quien ha gobernado tanto la ciudad como la comunidad autónoma por más de 30 años. 

¿Por qué las capitales suelen ser de izquierdas?

Antes de ver por qué Madrid es la excepción que confirma la regla, es necesario entender también de dónde surge esta idea de que las capitales siempre se decantan por la izquierda. 

La cuestión clave no es tanto diferenciar a la capital del resto del país, sino atender a la división que hay entre las ciudades y los pueblos. Incluso en Marx o en Weber ya era posible encontrar apuntes sobre cómo nuestro comportamiento y opiniones políticas también vienen determinadas por el lugar donde vivimos. Hablamos del conocido como clivaje rural-urbano. Los vecinos de las ciudades tienden a ser mucho más liberales que los de los pueblos. Cuanto más pequeño es el lugar en el que vivimos, mayor es la probabilidad de que seamos conservadores, ya sea en cuestiones de género, migratorias u otros asuntos culturales.

Los ciudadanos que viven en un pueblo tienen un 27 % más de probabilidades de ser más de derechas que los habitantes de grandes ciudades

Unos investigadores del Reino Unido analizaron el pensamiento político de casi 250.000 personas repartidas en 30 países europeos. Encontraron que los ciudadanos que viven en un pueblo tienen un 27 % más de probabilidades de ser más de derechas que los habitantes de grandes ciudades. Algo similar ocurre cuando se les pregunta por inmigración: quien vive en una zona rural tiene un 23 % menos de probabilidades de estar a favor de la inmigración. Además, este fenómeno no es exclusivamente europeo, sino que ocurre de forma muy similar en otros continentes, incluso en países de rentas medias y bajas. 

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué lleva a los que viven en ciudades a ser más de izquierdas? Existen diferentes teorías no excluyentes, pero repasemos las principales. Una de las más conocidas es la teoría de la modernización. La idea es sencilla: cuanto más se enriquece una sociedad y mejor cubiertas están sus necesidades, más importancia comienzan a dar sus ciudadanos a valores como la autonomía, la igualdad o la tolerancia. 

Las ciudades siempre han sido focos de desarrollo económico, y lo son especialmente en una época en la que las zonas rurales sufren diversos problemas, como la despoblación. En definitiva, en las ciudades se suele concentrar mayor riqueza, oportunidades laborales y seguridad material. Si alguien vive en un entorno donde el empleo escasea y todo el mundo se marcha, es normal que sus preocupaciones giren sobre cuestiones materiales, como la seguridad o el orden. Sin embargo, una vez que alguien consigue cubrir estas necesidades, tiene más tiempo para pensar en cosas menos inmediatas, como la igualdad o la tolerancia. 

Por otro lado, la ciudad permite el «contacto entre diferentes». Por varias cuestiones, las ciudades concentran mucha mayor diversidad. Es mucho más fácil encontrar en una ciudad a personas de otros países, de grupos minoritarios o de colectivos que normalmente no se ven en los pueblos. Estos grupos pueden parecer extraños en un primer momento, lo cual suele generar prejuicios y escepticismo contra ellos. Sin embargo, las ciudades nos acercan a grupos diferentes al nuestro. Son nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo o incluso frecuentan los mismos bares que nosotros los domingos. Este contacto cotidiano permite reducir los prejuicios y nos permite darnos cuenta de que «el diferente» no es un peligro. 

Además, es innegable que las grandes ciudades funcionan como polos de atracción: a ellas suelen ir los estudiantes más ambiciosos, los profesionales que buscan las mejores oportunidades o quienes trabajan en sectores socioliberales. Muchos de estos nuevos habitantes ya llegan con valores más progresistas, lo que todavía refuerza más el perfil liberal de las grandes ciudades. Menos en el caso de Madrid. Nuestra capital es diferente. 

¿Qué lleva a Madrid a ser una excepción?

Por supuesto, Madrid no es la única capital «de derechas». Por ejemplo, Helsinki (Finlandia) lleva siendo gobernada por la derecha de forma ininterrumpida desde antes de los años 2000. Algo similar ocurre en Sofía (Bulgaria), si bien desde 2023 está bajo el poder de los centristas, o en Praga (República Checa), que tuvo un parón socialista en 2018. Sin embargo, es indudable que Madrid es parte de este grupo de excepciones, incluso destacando entre ellas.

La Comunidad de Madrid ha estado gobernada por el Partido Popular durante 31 años, desde 1983, año de sus primeras elecciones autonómicas (es decir, el 72 % del tiempo). De hecho, los únicos años durante los cuales la comunidad autónoma no ha estado bajo poder popular fueron los primeros, entre 1983 y 1995, bajo el gobierno socialista de Leguina. 

Respecto al ayuntamiento de la ciudad, la tendencia es muy similar. El PSOE gobernó la ciudad durante 10 años, hubo un corto periodo de poder para el CDS y, ya desde 1991, el Partido Popular también ha dominado la política municipal. Manuela Carmena fue la única capaz de desalojar a los populares, entre 2015 y 2019. 

¿Qué hace de Madrid una capital de derechas? Al igual que en el apartado anterior, aquí también se pueden dar diferentes explicaciones. Una de ellas es de carácter histórico: las capitales, al ser centros de poder político, pero también económico, han sido durante los últimos siglos un polo de atracción para el proletariado. Trabajadores de todas partes llegaban a la gran ciudad en busca de oportunidades laborales. El aumento del número de proletarios normalmente implicaba mayor afiliación sindical y, al tiempo, un mayor apoyo a la izquierda.

En Madrid pasó exactamente lo mismo, hasta la Guerra Civil. Tras el conflicto, el republicanismo de la región se vio empujado al exilio. De forma paralela, ya durante el franquismo, se priorizó la llegada de ciudadanos afines al régimen, mientras que buena parte de la migración obrera fue a parar a ciudades como Barcelona o a regiones como el País Vasco, núcleos de la industrialización. 

Sin embargo, para explicar la derechización de Madrid es mucho más importante la cuestión territorial. España es uno de los países donde la descentralización y la vocación de independencia de algunas regiones son más importantes en términos políticos. Frente a Cataluña o el País Vasco, emerge como figura de oposición Madrid, defensora del centralismo del que ella es capital. Ocurre algo similar en términos económicos, con la pugna entre Madrid y Barcelona por el liderazgo económico. 

La cuestión relevante aquí es que en España se da una especie de solapamiento entre el eje centro-periferia (el debate de centralismo/descentralización) y el ideológico. Aquellos a favor de la unidad de la nación tienden a ser conservadores, mientras aquellos más amigables con la idea del federalismo suelen ser más progresistas. Mientras que el PP, especialmente en los últimos años, remarca la unidad de España, el PSOE defiende el federalismo español. Todo ello invita a que los ciudadanos de Madrid se sitúen más a favor del centralismo, lo que también les lleva a asumir posiciones más conservadoras.

En último lugar, como es lógico, el propio PP también tiene «culpa» de triunfar siempre en Madrid. Por un lado, la marca ha sabido adaptarse a la realidad madrileña. A pesar de ser una capital de derechas, la población suele ser más abierta que la media tanto en cuestiones de género como migratorias u otros tantos asuntos culturales.

El PP madrileño es más liberal tanto en lo económico como en algunas cuestiones culturales. Todo ello le hace más amigable a la ideología de su población

Aunque el PP sea a nivel nacional un partido conservador, los dirigentes madrileños han sabido adaptarse a la capital y diferenciarse lo suficiente. En Galicia podemos encontrar un PP más conservador, o en Andalucía, una formación moderada en todos los sentidos. En cambio, el madrileño es más liberal tanto en lo económico como en algunas cuestiones culturales. Todo ello le hace más amigable a la ideología de su población. 

En definitiva, las capitales suelen ser núcleos progresistas por la diversidad, la riqueza y la educación que se puede encontrar en ellas. Madrid no es una excepción en este caso, pero hay determinados asuntos que la han empujado a la derecha. Sin duda, la cuestión territorial y su enfrentamiento con los independentismos, pero también la adaptación del Partido Popular madrileño o la historia de España han jugado su papel. 

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por Yago Jiménez Bean

Politólogo y jurista. Actualmente, realizando un Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Carlos III de Madrid. Interesado especialmente en la competencia partidista y el comportamiento político, pero con café para mucho más.

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