Suecia llega a las urnas con los dos bloques empatados, la derecha radical a las puertas del Gobierno y los socialistas perdiendo una ventaja histórica.

Los suecos celebran mañana unas elecciones clave. Durante semanas, el bloque opositor ha gozado de una ventaja considerable sobre el bloque del Gobierno. Sin embargo, una serie de vetos cruzados, cálculos electorales y el inicio de la campaña han provocado una remontada histórica. Además, con la posibilidad de que la derecha radical entre en el gobierno por primera vez.
Elecciones de 2022
Hace cuatro años, los suecos celebraron uno de los comicios más importantes de su historia democrática, aunque el resultado no fue muy diferente al de las elecciones anteriores. El país quedó dividido en dos mitades casi idénticas: el bloque de derechas sumó 176 diputados frente a los 173 que consiguió el bloque de la oposición (al 95 % escrutado, era de 175 a 174). Esta distribución, sin embargo, es más común de lo que parece.
Los ocho partidos que consiguieron representación parlamentaria eran los mismos de las elecciones anteriores. Además, ambos bloques (cuatro partidos en cada uno) se movieron en torno al 48-50 % de los votos, como cuatro años antes. La victoria de un bloque sobre el otro por una ventaja diminuta no era la novedad, más allá de que en este caso fuera la derecha la que se impusiera a la izquierda (y al Partido de Centro).
De hecho, que la formación más votada fuera el Partido Socialdemócrata Sueco tampoco fue lo sorprendente. Los socialdemócratas han sido la primera fuerza del país desde 1917 y han llegado a gobernar durante 44 años seguidos. En 2022 simplemente se repitió la historia, ya que consiguieron el 30 % y una ventaja de casi diez puntos sobre la segunda fuerza. Sin embargo, fue una victoria amarga, pues quedó claro que no iba a ser suficiente para seguir gobernando.
Lo verdaderamente importante fue el partido que ocupó el segundo puesto. Este se lo llevaron Jimmie Åkesson y su formación de derecha radical, Demócratas de Suecia (DS). El partido entró por primera vez en el Parlamento en 2010. Desde entonces, crecieron de forma exponencial hasta 2022, cuando consiguieron dar el sorpasso y convertirse en la primera fuerza de su bloque ideológico (con el 20,54 % frente al 19,10 % del Partido Moderado), todo un hito.
Con ese resultado, el partido se aseguró su influencia en el futuro gabinete. Durante los años anteriores, la formación de derecha radical ya había conseguido suavizar su imagen e incluso que el resto de partidos de derechas levantaran el cordón sanitario. Sin embargo, a pesar de ser la primera fuerza dentro del bloque, que Åkesson se convirtiera en primer ministro estaba descartado.
Finalmente, con el Acuerdo de Tidö (castillo en el que se celebraron las negociaciones), se formó el gobierno que ha llegado hasta hoy. Este lo ha liderado Ulf Kristersson, del Partido Moderado. A él se suman los Demócratas Cristianos y los Liberales. Faltan, como el lector habrá notado, los Demócratas de Suecia, que al final quedaron como socios externos, sin llegar a entrar en el gobierno.
El Gobierno se centró en los dos asuntos que llevaban dominando la política sueca los últimos ocho años: la inmigración y la delincuencia. Con el paso del tiempo, ambos asuntos han ido perdiendo fuerza, dejando espacio a cuestiones económicas (especialmente la inflación y el coste de vida), al Estado de bienestar y a los servicios públicos. De esta forma, las derechas llegan a unos comicios en los que el tema dominante ya no les beneficia tanto, aunque de vez en cuando vuelve a ocupar las portadas. Sin embargo, para entender qué ocurrirá mañana, es necesario comprender cómo han sido estos cuatro años. Por ello, hablemos del bloque de las derechas.
Las derechas y la derecha radical
El bloque de derechas está compuesto por cuatro partidos: los Demócratas de Suecia (la derecha radical, con el 20,54 %), el Partido Moderado (centroderecha, con el 19,10 %), los Demócratas Cristianos (conservadores, con el 5,34 %) y finalmente los Liberales (con el 4,61 %). Para entender a este bloque ideológico es suficiente con fijarse en cuál ha sido la relación de los tres miembros «clásicos» con los Demócratas de Suecia.
Al principio, la relación era completamente nula, dado el cordón sanitario que había alrededor de los SD, que tienen raíces en el movimiento neonazi del país. Sin embargo, para 2018 los radicales seguían subiendo, mientras que el resto de la derecha estaba completamente atascada. En esas elecciones, los socialdemócratas y la izquierda volvieron a ganar. Era hora de un giro.
Poco a poco, a base de gestos y episodios simbólicos, todos los partidos de la derecha se fueron acercando a los SD. Por poner un ejemplo, tenemos el «almuerzo de las albóndigas», una comida que se dio entre Åkesson (el líder de los SD) y Ebba Bush (de los Demócratas Cristianos). Con Kristersson, el líder de los moderados y primer ministro, la cita se redujo a un café y bollos de canela. La más complicada de concertar fue con los liberales, los más reacios a abrir la puerta a la derecha radical. Sin embargo, ya en 2022, acabaron cediendo. En el castillo de Tidö se encerraron los cuatro líderes, y llegaron así a un acuerdo de 62 páginas. Los liberales consiguieron que al menos los SD no entraran en el Gobierno, aunque desde ese momento sí aceptaron sentarse en la misma mesa.
De esta forma, los SD han sido capaces de influir en la producción legislativa sin llegar a mancharse las manos. Su influencia ha sido particularmente visible en cuestiones de justicia penal (endureciendo las penas) e inmigración (llegando a la deportación de jóvenes). Sin embargo, su mayor logro ha sido arrastrar al resto de partidos hacia sus posiciones, consiguiendo no solo legitimarse, sino mostrarse como «los que tuvieron la idea primero».
El último giro en relación con los SD se dio en mayo de este año. En una declaración ante los medios, Simona Mohamsson, líder de los liberales, anunció que su partido permitiría que SD entre en el gabinete (si dan los números este domingo). Mohamsson llegó incluso a abrazar a Åkesson ante la prensa, un gesto especialmente simbólico teniendo en cuenta sus orígenes familiares (su padre es palestino y su madre libanesa) y que siempre había sido muy crítica con los SD.
El movimiento de los liberales, que derriba la última barrera, se entiende por sus expectativas electorales. El partido ha llegado a caer al 2 % del voto, alejado de la barrera electoral de cuatro puntos. Creen que con este giro pueden revertir su caída.
En cambio, los SD están haciendo justo lo contrario: diferenciarse y alejarse todo lo posible del gobierno de coalición. El partido lleva varias semanas empleando un discurso mucho más radical. De hecho, Åkesson llegó a desaconsejar el voto táctico a favor de los liberales, aquellos a los que había abrazado unos meses antes, y los tachó de adversarios.
Los del SD parecen tener todo a favor: si el bloque de derechas mantiene la mayoría, entrarán por primera vez en el Gobierno, ocupando puestos importantes vinculados a la seguridad y la inmigración. Si la izquierda se recupera, los del SD se convertirán en el líder de la oposición, con un discurso vigorizado tras esta campaña y con el objetivo de absorber al resto de la derecha. En definitiva, convertirse en el martillo de la oposición en 2026 para tratar de monopolizar la derecha de cara a las elecciones de 2030.
Una remontada histórica
Mientras las derechas nos sirven para comprender cómo ha sido el gobierno entre 2022 y 2026, estudiar al bloque opositor nos ayudará a entender qué puede ocurrir mañana. Este bloque está compuesto por cuatro partidos. El líder de la oposición es el Partido Socialdemócrata (con el 30,33 % de los votos). Ya en cuarto lugar, aparecen el Partido de la Izquierda (socialismo y euroescepticismo suave, con el 6,75 %) y el Partido Verde (con el 5,08 %).
En el bloque opositor también está el Partido de Centro (con el 6,71 %), normalmente colocado en el centro ideológico, pero con varios matices de centroderecha. Este partido, que en otras ocasiones ha formado parte del bloque de centroderecha, se coloca hoy en día en el bloque opositor por su rechazo a la derecha radical. Sin embargo, tampoco puede colocarse en el bloque de izquierdas, ya que el partido también impuso un veto a los acuerdos con la Izquierda.
Los meses antes del inicio de la campaña fueron un paseo para la oposición. En junio, las encuestas llegaron a apuntar a una diferencia de 10 u 11 puntos entre oposición y gobierno. Sin embargo, esta se ha ido reduciendo paulatinamente y las últimas encuestas hablan de 2,4 puntos porcentuales, lo que estaría dentro del margen de error. En pocas palabras, las elecciones van a estar más reñidas de lo que se pensaba, con muchas dudas sobre qué puede ocurrir.
Los expertos ya comienzan a calificar este suceso como remontada electoral histórica. En parte, este giro en los sondeos se debe a que las elecciones se acercan, lo que ha reactivado a muchos votantes de la derecha que «estaban dormidos». Las elecciones suecas son siempre muy igualadas, por lo que ese desajuste de 11 puntos parecía más que nada el efecto de un bloque muy movilizado frente a otro que todavía no había comenzado su campaña electoral.
Por otro lado, dentro del bloque opositor ha habido un movimiento clave. El Partido de la Izquierda aseguró que, en caso de darse los números, exigiría a los socialdemócratas su entrada en el Ejecutivo. En otras ocasiones, el partido había permitido la formación de un gobierno a cambio de concesiones programáticas (un apoyo externo, un tanto al estilo de los SD). Esto ha complicado el panorama electoral. Según los socialdemócratas, a la Izquierda todavía le queda camino por recorrer antes de entrar en el gobierno. Por ejemplo, recientemente se vieron envueltos en un escándalo, pues algunos de sus miembros (luego expulsados) hicieron declaraciones antisemitas y elogiaron el terrorismo.
Además, en caso de ser necesaria la participación del Partido de Centro, este ya expuso que no permitirá la formación de un gobierno en el que también esté la Izquierda. Por si fuera poco, ha permitido que los partidos en el gobierno alerten sobre el peligro que supondría la entrada de dicha formación. También ha puesto en un brete a los socialdemócratas y, por lo que cuentan los sondeos, es posible que hayan sufrido una fuga hacia el Partido de Centro (por votantes preocupados ante la posible alianza) y hacia el Partido de la Izquierda (por aquellos que justamente quieren la unión de las izquierdas).
Finalmente, la posición de los liberales también ha sido muy importante. El partido rondó incluso el 2 % de los votos, cuando la barrera para poder entrar exige un 4 %. A pesar de las palabras de Åkesson, los votantes son conscientes de que la caída de los liberales sí pondría en peligro las posibilidades de repetir el gobierno de derechas. Que el partido obtenga el 3,9 o el 4,1 % supone una diferencia considerable en el número de escaños. La alerta por la caída de los liberales ha llevado a muchos votantes del resto de partidos de la derecha a recurrir al voto útil, por lo que las encuestas apuntan a que ya estarían de nuevo en el 4,3 %.
En pocas palabras, Suecia se mantiene en un escenario que conoce muy bien: dos bloques prácticamente empatados. De unos pocos movimientos dependerá no solo quien gobierna, sino también cómo sigue influyendo la derecha radical en el país.
