Farage busca ser reelegido en Clacton en plena investigación por corrupción. Ante el boicot de los grandes partidos, su rival es un cubo de basura.

Por lo general, las by-elections británicas pasan sin apenas ruido. La de Clacton-on-Sea, convocada para el 13 de agosto de 2026, tiene ingredientes para ser recordada de otra manera. Nigel Farage, diputado por esta circunscripción costera del Essex desde las elecciones generales de 2024, dimitió voluntariamente el 7 de julio para forzar una nueva elección y presentarse él mismo.
El escándalo que lo ha desencadenado todo
Para entender por qué Farage ha tomado esta decisión tan inusual, hay que entender el escándalo que la ha precedido. En julio de 2026, The Guardian publicó que Farage había recibido cinco millones de libras de Christopher Harborne, un empresario de las criptomonedas residente en Tailandia, antes de las elecciones generales de 2024.
En este caso, el problema no era el dinero en sí, sino que Farage no lo había declarado al Parlamento cuando tomó posesión de su escaño. Su defensa fue que el pago se había producido antes de que fuera diputado, por lo que no existía ninguna obligación legal de declararlo. Un regalo incondicional, dijo, con el que puede hacer lo que quiera.
Sin embargo, hay motivos que han causado una investigación anticorrupción. Harborne es el mayor donante individual de Reform en los últimos años (con más de nueve millones de libras aportadas al partido a lo largo de 2025) e inversor destacado en Tether, una de las principales stablecoins del mercado de criptomonedas. Y resulta que Farage había mantenido una reunión con el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, en la que le instó a abandonar los planes del banco para desarrollar una moneda digital estatal y a favorecer alternativas privadas como Tether.
Así, los pagos causaron que se abriera una investigación contra Farage por el Comisionado de Estándares Parlamentarios. Con la dimisión, dicha investigación parlamentaria quedó paralizada automáticamente, si bien se reanudaría si Farage gana y recupera su escaño.
Harborne es el mayor donante individual de Reform en los últimos años (con más de nueve millones de libras aportadas al partido a lo largo de 2025).
En su anuncio de dimisión, Farage dijo que las investigaciones eran un arma política contra él, que era el político más perseguido de Gran Bretaña y que necesitaba seguridad privada para el resto de su vida, razón por la que habría destinado los cinco millones a ese fin.
El boicot y el candidato con casco de basura
La decisión de Farage de forzar una by-election no tiene casi precedentes modernos en la política británica. El más cercano es el del conservador David Davis, que en 2008 dimitió de su escaño en Haltemprice and Howden para forzar un debate público sobre las libertades civiles y la legislación antiterrorista. Los laboristas y los liberaldemócratas se negaron a presentarse. Davis ganó con el 72 % de los votos en una elección con una participación de apenas el 34 %.
La reacción de los partidos políticos ha sido boicotear a Reform. En cuestión de horas tras el anuncio de Farage, laboristas, conservadores, liberaldemócratas, verdes y el propio Restore Britain anunciaban que no presentarían candidatos.
El único candidato «relevante» que se enfrenta a Farage es Count Binface (Conde Cubo de Basura), candidato satírico que se presenta bajo un casco con forma de contenedor de reciclaje.
Detrás del personaje está Jon Harvey, cómico que se ha presentado ya a varias elecciones con el objetivo de denunciar que el sistema electoral permite que los diputados decidan unilateralmente cuándo se someten a reelección, o que cambien de partido sin consultar a sus votantes. Dos de sus veinte propuestas en el manifiesto de Clacton van en esa dirección.
Así, Binface lleva casi una década presentándose contra quien ocupa el poder. En 2017 fue Lord Buckethead, personaje anterior de Harvey, quien se enfrentó a Theresa May en Maidenhead; una disputa por los derechos del nombre obligó a Harvey a reinventarse como Count Binface para las generales de 2019, en las que se midió a Boris Johnson en Uxbridge and South Ruislip. Volvió a presentarse en esa misma circunscripción en 2023, en la by-election convocada cuando el propio Johnson dimitió como diputado poco antes de que el comité de Privilegios publicara su informe sobre el partygate, que acabaría concluyendo que había mentido a la Cámara.
Desde entonces se ha medido también a Rishi Sunak en Richmond and Northallerton en 2024 y dos veces a Sadiq Khan por la alcaldía de Londres. Su última aparición fue hace unas semanas en Makerfield, donde se enfrentó al actual primer ministro Andy Burnham y obtuvo 95 votos.
Las encuestas le sitúan mejor de cara a estas elecciones, si bien bastante por debajo del líder de Reform. Según las últimas encuestas, Farage obtendría un 73 % y Binface sobre el 20 %.
Esto parecería indicar que el boicot puede acabar favoreciendo a Farage. El partido podría presentarlo como que el establishment tiene miedo de enfrentarse a él cara a cara. Es el mismo argumento que lleva usando décadas y que, en circunstancias parecidas, le ha funcionado.
No obstante, fuera de Clacton las cosas no pintan demasiado bien para su partido. Casi un cuarto de los votantes considera que la investigación debe continuar, incluso si Farge ganase.
Conclusión: ganar sin ganar
Farage ganará en Clacton-on-Sea, casi con toda probabilidad, y probablemente con un porcentaje de votos superior al 46,2 % con el que se impuso en 2024, dado que casi todas las papeletas que habrían ido a los demás partidos ahora no se depositarán en las urnas.
Las encuestas le sitúan mejor de cara a estas elecciones, si bien bastante por debajo del líder de Reform. Según las últimas encuestas, Farage obtendría un 73 % y Binface sobre el 20 %.
En estas circunstancias, la clave no será el resultado, sino el margen de Binface. Un 20 % para un candidato satírico en una elección sin partidos principales es, en cualquier lectura razonable, un indicador de cuánta gente en la propia circunscripción quería votar contra Farage y no encontraba otra papeleta donde hacerlo.
Lo que queda después del 13 de agosto es la investigación. El Comisionado Parlamentario de Normas retomará el proceso en cuanto Farage vuelva a tomar posesión del escaño. Si se determina que incumplió las normas, la sanción puede ir desde una disculpa formal hasta una suspensión de más de diez días hábiles, lo que activaría automáticamente una petición de revocación. Si esa petición prospera, habrá una tercera elección en Clacton, seguramente con todos los partidos presentes.
Farage ha apostado a que su popularidad local le blindará y a que la elección le dará el impulso narrativo de alguien que ha ganado pese a todo. Puede que tenga razón en lo primero. En lo segundo, es difícil presentarse como víctima del establishment cuando el establishment ha decidido, en bloque, no aparecer a competir contigo.
