¿Puede una lista de estudiantes tumbar a Vučić tras catorce años en el poder? Serbia vota con las encuestas empatadas y el país dividido.

El poder de Vučić
Es imposible analizar la política serbia sin mencionar a Aleksandar Vučić o a su formación, el Partido Progresista Serbio. Ya sea como primer ministro o presidente, Vučić lleva gobernando el país desde hace más de catorce años. La mejor forma de entender la historia reciente de Serbia es seguir la trayectoria política de Vučić y su evolución.
Entre 1918 y 1992, Serbia fue una de las seis repúblicas yugoslavas, junto a otras como Croacia, Bosnia o Eslovenia. En los noventa, todas ellas atravesaron no solo la desintegración de dicho Estado, sino también los conflictos bélicos y la crisis económica que la acompañaron.
Durante esos años, Vučić militó en el Partido Radical Serbio, una formación ultranacionalista, y fue ministro entre 1998 y 2000. A pesar de su pasado como nacionalista panserbio y antioccidental, en 2008 abandonó su partido para fundar junto a otros el Partido Progresista Serbio (SNS), una escisión más moderada y situada a la derecha.
Su partido, en esos años muy cercano al europeísmo y la regeneración democrática, ganó las elecciones de 2012. El SNS formó una coalición con los socialistas, quienes se llevaron la jefatura del Gobierno por su poder de negociación (podrían haber pactado también con el Partido Democrático, el segundo más votado). Vučić, por lo tanto, se convirtió en el número dos del Ejecutivo. Poco a poco se consolidó como el político más popular, especialmente por su guerra contra la corrupción.
Debido a su protagonismo y, como ejemplo de su instinto político, en 2014 forzó un adelanto electoral. Consciente de que los sondeos le daban buenos números, la convocatoria permitió al SNS pasar de una mayoría simple a una absoluta, además de colocar a los socialistas como segundos en la coalición. Durante este tiempo, Vučić se centró en la adhesión del país a la UE, las reformas necesarias para ello y la solución de la crisis económica.
La convocatoria de elecciones anticipadas es prácticamente el pan de cada día en Serbia. De las últimas siete elecciones, cinco se han celebrado antes de tiempo. El SNS aprovecha momentos de fortaleza electoral para asegurarse un buen resultado, frente a una oposición que suele acudir dividida.
En 2017, Vučić abandonó el puesto de primer ministro para ser elegido presidente de la República, cargo para el que fue reelegido en 2022. Aunque la presidencia ofrece un abanico de poderes menor que la jefatura del Gobierno, Vučić ha mantenido su nivel de influencia previo. Los primeros ministros que han ocupado el cargo desde entonces han estado siempre bajo su influencia. Vučić fue presidente del SNS hasta 2023, lo que le ha permitido ejercer el liderazgo en la sombra. De hecho, a pesar de abandonar la presidencia de su partido, sigue siendo la figura estelar del mismo.
Durante estos catorce años, Serbia ha experimentado un deterioro democrático considerable. Más allá de la concentración del poder en una sola persona, el SNS ha aprovechado su poder para debilitar el sistema judicial, controlar los medios de comunicación y usar el dinero público con fines partidistas. En la actualidad, Freedom House califica a Serbia como un régimen híbrido, en el que instituciones democráticas conviven con prácticas autoritarias.
Sin embargo, a pesar del monopolio político de Vučić, estas elecciones se presentan como una oportunidad real para la oposición. ¿Qué ha conseguido desestabilizar una estructura política tan sólida como la del SNS?
El derrumbe de una marquesina… ¿y el del Gobierno?
Todo empezó en noviembre de 2024 en Novi Sad, la segunda ciudad más grande de Serbia. El derrumbe de una marquesina en una estación de tren provocó la muerte de 16 personas. La tragedia fue interpretada en clave política: la muerte de esas personas no era un simple accidente, sino la consecuencia de años de corrupción y el deterioro económico del país. Las obras en la estación habían sido ejecutadas por empresas chinas en colaboración con actores locales, todo ello bajo sospechas de corrupción.
El suceso provocó una ola de protestas sin precedentes contra el Gobierno, especialmente por parte de movimientos estudiantiles. Estos comenzaron por bloquear las facultades universitarias, pero la protesta creció de forma exponencial, hasta convertir a los estudiantes en una fuerza política en toda regla. A las marchas y campañas «de puerta a puerta» debemos añadir su organización colectiva, basada en responsabilidades rotatorias, lo que ha evitado que el Estado concentrara sus ataques.
Sin embargo, el mayor logro de los manifestantes ha sido mantener la protesta viva. Ya en 2025 consiguieron la dimisión del primer ministro, Miloš Vučević. Este año, la presión ha doblegado al Gobierno, que acabó pidiendo a Vučić, en calidad de presidente, que disolviera la Asamblea Nacional. Además, este acabó anunciando su dimisión como presidente un año antes de finalizar su mandato para así presentarse como candidato.
Aunque la convocatoria es un logro del movimiento, también es una decisión tomada por Vučić tras una reflexión estratégica. El partido es ahora mismo una máquina electoral, con una estructura de control sobre distintos resortes del Estado. Recordemos la frecuencia con la que Vučić recurre a los adelantos electorales. De esta forma, no solo impedía que la protesta aumentara, sino que reducía las posibilidades de que la oposición se uniera para enfrentarse a su partido.
Sin embargo, los estudiantes han sido rápidos. Tras varias asambleas, crearon su propia candidatura: la Lista Estudiantil. Está formada por candidatos de distintos sectores (profesores, artistas, médicos…) y liderada por Ilija Srdanović, cardiólogo y profesor universitario. Mientras tanto, varios partidos opositores como el Partido Democrático o el Frente Verde-Izquierda han decidido dar un paso atrás. Conscientes de que la división era la principal ventaja de Vučić, estos partidos han decidido no presentarse y mostrar su apoyo a la Lista Estudiantil. ¿Será suficiente para derrotar electoralmente a un político como Vučić?
Incertidumbre total en Serbia
Como punto de partida, está claro que estas elecciones van a estar muy polarizadas entre los dos bloques que ya hemos estudiado. Por un lado, tenemos a la coalición nacionalista y conservadora que lideran el SNS y Vučić. Su campaña se basa en la idea de continuidad y estabilidad, frente a la incertidumbre de que nuevos partidos entren a gobernar. Por supuesto, parten con ventaja debido a la maquinaria política que es hoy en día el SNS.
Frente a ellos está la Lista Estudiantil, una macedonia ideológica. A sus miembros, de distintas sensibilidades, los une el rechazo a la deriva política bajo Vučić. Su objetivo, como en otros tantos casos, es la recuperación democrática. En sus filas encontramos progresistas y proeuropeístas, pero hay espacio también para liberales, nacionalistas o, en general, miembros con distintas opiniones sobre la UE, Rusia y Kosovo (grandes temas políticos en Serbia).
Más allá de estos gigantes electorales, otras formaciones pueden ser importantes. Están los socialistas de Ivica Dačić, aliados del SNS en determinadas etapas. También concurren otras dos fuerzas opositoras: Serbia Europea, de corte proeuropeo, y Derecha Auténtica, conservadora y euroescéptica. Todas ellas rondan la barrera electoral del 3 %, por lo que su entrada podría afectar a la distribución de escaños e incluso a potenciales alianzas.
Sin embargo, lo importante son las perspectivas electorales del SNS y la Lista Estudiantil. El problema es que las diferencias entre encuestadoras son abismales. Además, muchas de ellas se hicieron hace meses, por lo que no reflejan la que finalmente ha sido la oferta partidista. Para que nos hagamos una idea, algunas de ellas daban una ventaja de 10 puntos a los estudiantes, mientras que otras predicen una victoria del SNS por más de 15 puntos. Alguna, como la de NSPM, la más reciente, habla de una pelea en toda regla: la Lista Estudiantil vencería con el 44,5 % frente al 42,7 % de Vučić.
Algunos analistas hablan incluso de cinco escenarios posibles, desde mayorías amplias a casos de bloqueo. Una victoria de Vučić supondría un escenario de continuidad y, posiblemente, la elección unos meses más tarde de un presidente cercano a él. Sin embargo, una victoria estrecha y con varias irregularidades podría avivar las protestas, por lo que no sería un caso cerrado. Una potencial victoria de los estudiantes también es posible, aunque su heterogeneidad podría generar problemas de coordinación a la hora de revertir la deriva del SNS. Además, una transición limpia y rápida no está garantizada. Por último, podría darse una situación de bloqueo o surgir la necesidad de alcanzar acuerdos con fuerzas minoritarias y con los socialistas. En pocas palabras, todo puede ocurrir.
