Cabo Verde, una de las democracias más sólidas del continente, vota este domingo: Correia busca seguir, Carvalho empuja el cambio y la UCID puede decidir un parlamento sin mayoría.

El próximo domingo Cabo Verde, pequeño archipiélago frente a las costas de África y una de las democracias más sólidas del continente, celebrará elecciones para renovar su parlamento y gobierno. El primer ministro Ulisses Correia e Silva, del partido liberal MpD, busca su tercer mandato, pero enfrenta un desafío impredecible por parte de Francisco Carvalho, líder del socialista PAICV y alcalde de Praia, capital y ciudad más poblada. Más atrás, la democristiana UCID, liderada por el diputado João Santos Luís, lucha por romper una polarización bipartidista de más de tres décadas.

El desempleo juvenil, el transporte interinsular y el costo de vida parten como los principales temas de cara a este nuevo ciclo electoral, el octavo desde que el país accedió a la democracia en 1991. Con encuestas poco concluyentes, cobra fuerza la posibilidad de un cambio de gobierno después de diez años o incluso de un parlamento sin mayoría, algo inédito en la historia de esta excolonia portuguesa.

¿Cómo es Cabo Verde?

Cabo Verde está marcado por profundas contradicciones. Para empezar, ni es un cabo ni es verde. Se trata de un archipiélago compuesto por un puñado de islas volcánicas. Debe su nombre a la península homónima localizada en la costa de Senegal. Estuvo deshabitado hasta que fue descubierto por los portugueses en 1456, iniciando un dominio colonial que duraría cinco siglos y del que surgió su población, compuesta en su mayoría por criollos de ascendencia mixta portuguesa y africana que hablan kriolu, un idioma local surgido de la mezcla idiomática de estas ascendencias.

Cabo Verde está entre los países más democráticos del mundo y, de acuerdo con Transparencia Internacional, entre los menos corruptos

En palabras del actual primer ministro caboverdiano, Correia e Silva: «la democracia es nuestro petróleo». Entre la falta de lluvias, la ausencia de suelo fértil para la agricultura y la carencia de recursos naturales, Cabo Verde debería estar condenado a ser inviable. Sin embargo, su enfoque en el turismo, una administración estatal eficiente y un sólido historial democrático le han rendido frutos, destacando de forma relativamente positiva en varios indicadores de desarrollo y bienestar para la región en la que se encuentra.

Según índices como V-Dem y The Economist, Cabo Verde está entre los países más democráticos del mundo y, de acuerdo con Transparencia Internacional, entre los menos corruptos, convirtiendo a esta nación en un fenómeno poco común de progreso en la adversidad.

Sin embargo, Cabo Verde está lejos de ser ideal. Su modelo económico depende fuertemente de industrias de servicios, inversión extranjera y una agricultura estacional muy limitada, lo que vuelve casi crónicos problemas como el desempleo juvenil, el coste de vida y la deuda pública. Además, la vulnerabilidad histórica a las sequías lo deja en una posición muy precaria ante el cambio climático. Por ello, no es inusual que el país llegue a las urnas cargando con numerosas frustraciones, y que la reacción política de muchos ciudadanos pase por la apatía.

¿Qué votan este domingo?

Mañana se elegirán 72 diputados de la Asamblea Nacional, que luego inviste al primer ministro. Las elecciones presidenciales son directas y también se realizarán este año, pero están previstas para noviembre. Los diputados son elegidos en trece circunscripciones plurinominales con entre 2 y 19 escaños, diez en la isla y tres para la diáspora (una en África, una en América y una en Europa). 

La isla de Santiago (donde se encuentra Praia, la capital) está dividida en dos circunscripciones a Norte y Sur, con 19 y 14 escaños cada una. Cada una del resto de las islas constituye por sí misma una circunscripción. São Vicente (donde se encuentra Mindelo, la segunda ciudad más poblada) tiene 10 escaños, mientras que las demás oscilan entre 2 y 6 escaños. Cuentan con el mismo sistema electoral que en Portugal, España y Argentina.

Los tres distritos de la diáspora tienen 2 escaños cada uno. Con 6 de 72 escaños (que representan un 8,3 % del parlamento), Cabo Verde tiene el segundo mayor porcentaje de representación parlamentaria para votantes en el extranjero en el mundo, tras Senegal. No es cuestión menor, pues Cabo Verde tiene la diáspora más grande en relación a su población: se estima que hay más de 2 millones de descendientes de caboverdianos en el extranjero. Solo 72.051 están registrados para votar, pero eso de todas formas representa un holgado 17 % de la población votante.

Su historia política

Cabo Verde tiene un sistema de partidos muy estructurado. El proceso de independencia del dominio portugués fue liderado por el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), fuerza guerrillera de izquierda. Tras la caída de la dictadura salazarista en 1974, Portugal reconoció la independencia de Guinea-Bissau y aceptó una toma de poder de la rama local del PAIGC en Cabo Verde.

El archipiélago se independizó en 1975 bajo un régimen socialista y unipartidista. Este período, aunque represivo, vio la construcción de buena parte de la infraestructura vial, educativa y sanitaria básica. La independencia vino con la promesa constitucional de una eventual unidad binacional con Guinea-Bissau. Sin embargo, en 1980, un golpe de Estado instigado por militares bisauguineanos contrarios a la fusión derrocó a Luís Cabral (hermano de Amílcar). A partir de ahí, Cabo Verde emprendió un desarrollo separado. El régimen caboverdiano, liderado por Aristides Pereira y Pedro Pires, cambió el nombre del partido único a Partido Africano de la Independencia de Cabo Verde (PAICV) y rompió relaciones con Bissau.

En 1990, el estallido de una crisis económica provocada por las sequías y el colapso del Bloque del Este forzaron una transición democrática: la llamada abertura política. Probablemente una de las transiciones más pacíficas de la historia fue impulsada por elementos tecnocráticos dentro del propio Estado caboverdiano. Parte de estos se separaron del PAICV y fundaron el liberal Movimiento para la Democracia (MpD), que arrasó en las elecciones de enero de 1991.

El PAICV sobrevivió a abandonar el monopolio político y giró su retórica a la izquierda democrática. Desde entonces, Cabo Verde ha mantenido una estable alternancia bipartidista entre los tambarinas (tamarindos), como se conoce a los partidarios del PAICV, y los ventoinhas (ventiladores), como se conoce a los partidarios del MpD.

El único tercer partido fuerte es la Unión Caboverdiana Independiente y Democrática (UCID), fuerza demócrata cristiana y conservadora. Fundada en Lisboa en 1978 por opositores exiliados del régimen socialista que se quedaron fuera de las discusiones para la transición democrática, la UCID ha ido creciendo poco a poco.

Para estas elecciones compiten 48 listas por cinco partidos. Solo el PAICV y el MpD disputan todas las circunscripciones, seguidos por la UCID, que disputa diez distritos. Otros dos partidos de menor tamaño, el Partido Popular (PP) y el partido Personas, Trabajo y Solidaridad (PTS) han presentado listas. Sin embargo, nunca han obtenido más que un puñado de votos.

¿Quiénes son los candidatos?

Los últimos diez años han estado marcados por el gobierno de Ulisses Correia e Silva, líder del MpD que llevó al partido a la victoria en las elecciones de 2016, poniendo fin a quince años de gobierno de José María Neves, del PAICV (actual presidente de la República). Con un perfil tecnocrático de «gestor eficiente», Correia ha centrado su gestión en sortear un sinnúmero de crisis internas y externas. Sin embargo, viene enfrentando el desgaste de una década en el poder y la frustración de una juventud que, por falta de oportunidades, suele verse forzada a emigrar.

El mayor desafío de Correia es que su desgaste viene acompañado de la renovación de liderazgo emprendida por sus rivales. El PAICV compite con la candidatura de Francisco Carvalho, alcalde de Praia desde el año 2020. Este destaca por su frescura y desvinculación de gobiernos anteriores. El partido también se ocupó de «podar» sus listas y desprenderse de imágenes desgastadas: el 70 % de los candidatos son nuevos. Su mensaje se enfoca en un «cambio con justicia social», criticando el alto desempleo y prometiendo, entre otras cosas, la gratuidad universitaria y un mayor acceso a la salud.

Carvalho viene posicionado por la sorprendente victoria del PAICV en las municipales de 2024, que incluyeron su rotunda reelección en Praia (donde reside casi un tercio de la población nacional), con un 62 % de los votos. En dicha justa el partido socialista derrotó al MpD en 14 de los 22 municipios caboverdianos, quebrando la histórica hegemonía que el partido liberal tenía en este tipo de elecciones desde que se crearon los municipios.

Entretanto, la UCID también estrena nuevo líder en la figura de João Santos Luís, que ejerce como diputado por São Vicente. Santos Luís apuesta por continuar la racha creciente iniciada por su predecesor, António Delgado Monteiro, quien lideró la UCID durante veinte años y la llevó a crecer en cada elección hasta su retiro en 2022.

A tal fin, el partido ha iniciado una ofensiva para capturar escaños en islas pobladas fuera de su base. Su propósito es despegarse de la impronta de «partido regional de São Vicente» que se ha adquirido con el paso de los años, para lo cual su discurso se centra en denostar la «bipolarización corrupta» del MpD y el PAICV.

Los objetivos de la UCID son modestos pero contundentes: superar los 5 escaños para tener un grupo parlamentario, obtener escaños fuera de São Vicente y que el parlamento quede sin mayoría, lo que les permitiría a ellos definir quién gobierna. Santos Luís ha anticipado que no buscará un bloqueo parlamentario si esto pasara y que están dispuestos a negociar con cualquiera de los dos partidos, pero en el marco de una serie de cuestiones infranqueables. 

¿Qué nos dicen las encuestas?

La campaña electoral ha sido, como históricamente en Cabo Verde, muy tranquila y con un ánimo cívico marcado entre los partidos políticos, sin incidentes graves ni violencia. Miles de observadores nacionales e internacionales seguirán el proceso, que se espera transparente y rápido en el escrutinio.

Entretanto, las perspectivas son abiertas. Las encuestas más recientes muestran una contienda muy ajustada, con un alto número de indecisos, y crece la posibilidad de que ninguno de los dos grandes partidos alcance la mayoría absoluta de 37 escaños. Si este fuera el caso, tocaría a la UCID de Santos Luís definir si Correia o Carvalho se quedan con el cargo de primer ministro. Por otro lado, se desconoce si la amplia renovación de candidatos y el despliegue político logran romper el cerco apático entre la juventud, histórico bastión de la abstención durante la última década (en los últimos comicios, un 42 % no acudió a votar).

Sea cual sea el resultado, Cabo Verde volverá a ofrecer al continente africano una lección de madurez democrática: alternancia pacífica de poder, debate de ideas y respeto a las instituciones. El domingo por la noche, cuando se conozcan los primeros resultados, se sabrá si el archipiélago opta por la continuidad con Correia, por un giro a la izquierda de la mano de Carvalho o por aventurarse en un parlamentarismo sin mayorías.

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por Felipe Galli

Estudiante de Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, con experiencia en activismo en contextos autoritarios y especialización en la cobertura de procesos electorales de todo el mundo.

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