Letonia celebra elecciones tras una legislatura caótica: tres gobiernos, una crisis por drones y la importancia del voto rusohablante bajo la sombra de Rusia.

Letonia llega a las urnas después de una legislatura imposible: tres gobiernos, una crisis abierta por la entrada de drones en su espacio aéreo y un mapa político más fragmentado que nunca. Trás el caos institucional, vuelve a aparecer la cuestión de fondo: Rusia. No solo por la guerra en Ucrania o la frontera oriental de la OTAN, sino por el peso del voto rusohablante, que puede condicionar el resultado electoral y, sobre todo, complicar la formación del próximo gobierno.
Tres gobiernos en cuatro años
Este sábado, los letones deben renovar los 100 escaños de la Saeima, su parlamento unicameral. Aunque la legislatura ha sido muy caótica, ha estado especialmente marcada por un cambio de Gobierno a última hora, cuyo origen está en la entrada de tres drones ucranianos en el espacio aéreo del país. La caída y formación de un nuevo gabinete influyeron considerablemente en los sondeos y expectativas de los partidos políticos.
Letonia ha estado gobernada por tres gabinetes distintos esta legislatura. El primero se formó tras las elecciones de octubre de 2022, compuesto por una coalición de tres partidos de centroderecha y derecha. Este estaba liderado por Krišjānis Kariņš, el primer ministro, y su partido, Nueva Unidad (centroderecha liberal). Junto a ella, el gabinete se completaba por Lista Unida (centroderecha regionalista) y Alianza Nacional (derecha nacionalista). En total, sumaban 54 de los 100 diputados de la cámara.
Sin embargo, este Gobierno apenas duró unos meses, hasta mayo de 2023. Las negociaciones para formar gobierno ya habían sido muy tensas durante los dos meses que se prolongaron, lo que anticipaba las dificultades que iba a tener la coalición. El principio del fin llegó con las elecciones presidenciales. En el país, el presidente es elegido por el Parlamento, pero los socios de Gobierno no llegaron a ponerse de acuerdo para un candidato común. Cada partido presentó a su candidato y Edgars Rinkēvičs, el de Nueva Unidad, acabó venciendo gracias a al apoyo adicional de los dos partidos opositores, la Unión de Verdes y Agricultores (ZZS) y Los Progresistas.
A raíz de todo ello, Kariņš quiso ampliar la coalición, añadiendo a la misma tanto a ZZS como a Los Progresistas. Sin embargo, recelosos por una posible pérdida de influencia y la heterogeneidad ideológica, sus dos socios del momento se negaron. Hubo negociaciones y varios intentos de mantener el gobierno, pero todo acabó con la dimisión del gabinete en su conjunto.
El partido Nueva Unidad mantuvo la responsabilidad de formar Gobierno, pero en este caso liderado por Evika Siliņa, ministra del gabinete anterior. Debido al choque con sus socios anteriores, el movimiento natural era pasar a las negociaciones con el ZZS y Los Progresistas. De esta forma, se creó un nuevo gabinete con una mayoría todavía más ajustada que la anterior (pasó de 54 a 52 escaños). Además, mucho más variado en términos ideológicos, dado el perfil socialdemócrata de Los Progresistas y el agrarismo de la ZZS.
Aunque la nueva coalición nació de varios objetivos compartidos, especialmente en materia social, las diferencias ideológicas comenzaron a causar tensiones a finales del año pasado. El primer episodio fue una votación conectada con el Convenio de Estambul, cuyo objetivo es prevenir y combatir la violencia de género. La ZZS apoyó la retirada (propuesta por un partido populista), creando el primer choque entre socios.
La crisis de los drones
De nuevo, el punto crítico se volvió a dar en mayo. El 7 de mayo de este año, varios drones entraron en el espacio aéreo del país desde Rusia. Aunque no hubo muertos ni heridos, uno de ellos provocó una explosión tras impactar con un depósito de petróleo vacío. El Gobierno fue duramente criticado por su gestión del asunto.
Letonia, al igual que otros países limítrofes con Rusia, lleva años preparándose militarmente, consciente de que forma parte de la frontera de la OTAN. El Gobierno falló a la hora de detectar los drones, avisar de ello a la población y, en términos generales, pilotar la situación. Dado que buena parte de la legitimidad política en el país está vinculada a su gestión defensiva, el Gobierno dio la sensación de que no estaban preparados para afrontar situaciones así.
Letonia es uno de los mayores aliados de Ucrania en la región y la tardanza en apuntar al origen de los drones muestra la incomodidad que sufrió el Gobierno.
Por si fuera poco, tardaron tres días en informar de que los drones eran ucranianos (desviados desde Rusia por sus sistemas de guerra electrónica). Letonia es uno de los mayores aliados de Ucrania en la región y la tardanza en apuntar al origen de los drones muestra la incomodidad que sufrió el Gobierno esos días.
Tras la crisis, Siliņa responsabilizó al ministro de Defensa, del partido socialdemócrata. Al forzar su dimisión, provocó que Los Progresistas en su conjunto dejaran de apoyar al Gobierno. Ya en minoría, el Ejecutivo fue dado por muerto por la ZZS. De esta forma, a pocos meses de las elecciones, tocaba formar un nuevo Gobierno.
Así consiguieron los conservadores de Lista Unida regresar al poder, esta vez como líderes de la coalición. Andris Kulbergs, el nuevo primer ministro, quería formar una coalición amplia dedicada a la gestión del país hasta las elecciones. En un primer momento, quiso que esta la formara su partido, Lista Unida, pero también Nueva Unidad, Alianza Nacional, Los Progresistas y la ZZS (es decir, todos los partidos que fueron parte de alguno de los gabinetes anteriores). Finalmente, Los Progresistas quedaron fuera debido a sus diferencias ideológicas con el resto de partidos. Este nuevo Gobierno revolucionó los sondeos a pocos meses de los comicios.
La fragmentación manda
En total, se presentan hasta 14 partidos diferentes, aunque las encuestas apuntan a que solo siete de ellos tienen posibilidades de traspasar la barrera electoral del 5 % y entrar en un parlamento de solo 100 escaños.
El nombramiento de Kulbergs, hasta entonces un diputado raso, y su liderazgo de la última coalición están siendo determinantes.
Los sondeos los lidera Lista Unida, el partido del actual primer ministro Kulbergs. La formación, tercera en 2022 y socio minoritario en la primera coalición, está gozando de gran popularidad. El nombramiento de Kulbergs, hasta entonces un diputado raso, y su liderazgo de la última coalición están siendo determinantes. El candidato destaca por ser un firme defensor de Ucrania y, por ende, tener una postura intransigente hacia Rusia. Sin embargo, para que nos hagamos una idea de lo fragmentada que está la política letona, el partido apenas tiene un 15 % de intención de voto.
El vencedor de las elecciones pasadas, Nueva Unidad, ahora mismo tendría un 4,3 %. Otras encuestas, en las cuales no se incluye a indecisos, le dan el 6,8 %. Dependiendo del resultado final, el partido más votado en las elecciones pasadas y líder de dos de las tres coaliciones podría desaparecer de la Saeima o, como mínimo, sufrir un varapalo electoral.
A la fragmentación electoral se le suma un gran volumen de indecisos. Hasta un tercio de los encuestados todavía no tiene claro a qué partido votará, lo que genera aún mayor incertidumbre. Más allá de Lista Unida y Nueva Unidad, el resto de partidos que han gobernado tienen una evolución muy desigual. Algunos de ellos experimentan ciertas caídas (como Los Progresistas), mientras que otros podrían subir ligeramente (la ZZS, por ejemplo).
La combinación de indecisos, fragmentación y el umbral electoral lleva a que sea muy complicado determinar cuál puede ser el siguiente Gobierno. Por lo pronto, será una coalición de varios partidos, aunque los vetos cruzados dificultan los acuerdos. Por si fuera poco, el segundo y tercer puesto en los sondeos lo ocupan unos partidos de los que todavía no hemos hablado.
Rusia dentro de Letonia
Como ya se ha destacado, un asunto constante en la agenda política de Letonia es Rusia. Más allá de la situación fronteriza, la relevancia de este asunto se debe a la división lingüística y étnica del país. Debido a su experiencia soviética, Letonia ha experimentado una recomposición demográfica. En 2026, se calcula que el 23 % de la población es de etnia rusa y hasta un 38 % tiene el ruso como lengua materna.
La tensión entre ambas partes ha condicionado la política del país.
Como ocurre en otros países con divisiones tan claras, esta composición étnica y lingüística ha sido fruto de numerosos choques sociales. La tensión entre ambas partes ha condicionado la política del país, hasta el punto de que entre 2011 y 2018 los socialdemócratas de Armonía, un partido rusoparlante, ganaron tres elecciones consecutivas, pero nunca entraron en un Gobierno.
Por supuesto, la invasión rusa de Ucrania ha avivado el conflicto. En la actualidad, decisiones sobre la lengua, la memoria histórica o los requisitos para otorgar la ciudadanía están directamente conectados con la seguridad nacional. Sin embargo, es importante tener en cuenta que ser rusohablante no significa directamente apoyar a Rusia. Entre este grupo, el 40 % condena la invasión, el 28 % se mantiene neutral y el 12 % la apoya (un 19 % no contestó).
Sin embargo, en la política letona existe una especie de cordón sanitario a los partidos rusohablantes. El mejor ejemplo es el veto a Armonía que comentábamos antes, pues el resto de partidos criticaban su orientación hacia Rusia. El partido llegó a acuerdos con Rusia Unida, el partido de Vladímir Putin, aunque los rompió una vez se dio la invasión de Ucrania.
De hecho, Armonía acabó desapareciendo del parlamento en 2022, debido a una posición a veces «muy poco crítica» con el Kremlin. El partido perdió el apoyo de socialdemócratas y rusohablantes moderados, cayendo desde el 20 al 4,9 % de los votos. Desde entonces, ningún partido monopoliza el voto rusohablante, pero distintas formaciones compiten por él.
En la actualidad, cuatro partidos pelean por esta parte del electorado. Todos ellos, de una u otra forma, critican el dinero entregado a Ucrania, argumentan que las sanciones a Rusia perjudican a los propios letones y que el idioma ruso cada vez está más restringido. Entre ellos está Centro Armonía, que intenta recuperar su espacio, y ¡Por la estabilidad! Sin embargo, ambos estarán previsiblemente por debajo del 5 %.
Los verdaderamente importantes son Poder Soberano/Jóvenes Letones (SV/AJ) y Letonia Primero. Letonia Primero se abre tanto a letonohablantes como rusohablantes, evitando defender algunas de las demandas «más duras» de los colectivos rusos. Además, apoya formalmente la OTAN, aunque busca recomponer lazos con Rusia una vez que acabe la guerra. En cambio, SV/AJ cuestiona la política militar del país, está enfocado directamente en los rusohablantes y su líder ha evitado condenar la invasión rusa. Más allá de su postura sobre Rusia y los derechos étnicos y lingüísticos, ambos son etiquetados como conservadores, considerados como populistas y rondan el 9 % de los votos (porcentaje que sube en encuestas que excluyen a indecisos).
Esto les sitúa en segundo y tercer lugar. Sin embargo, aunque el resultado final dependerá del umbral del 5 %, el objetivo principal de los partidos letones de derecha es impedir que un gobierno, sea cual sea, incluya a los partidos de habla rusa. Dado el liderazgo de Lista Unida y Kulbergs en los sondeos, seguramente sea él quien se encargue de formar gobierno. Está por ver quiénes le acompañan.
