Marruecos celebra elecciones legislativas en un sistema donde la monarquía conserva la última palabra. Aunque eso reduce el peso real de las urnas, la cita sigue siendo una buena puerta de entrada para entender cómo funciona el poder político en el país.

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El poder del rey de Marruecos

Marruecos acude a las urnas para celebrar sus sextas elecciones legislativas con Mohamed VI y las cuartas desde la reforma constitucional de 2011. Cada cinco años, los marroquíes renuevan la Cámara de Representantes, compuesta de 395 diputados. La arquitectura electoral marroquí presenta varias particularidades, como una cuota femenina o, aunque esta ya ha sido derogada, una juvenil. Sin embargo, si algo llama la atención es el reparto de escaños, único en todo el mundo.

El sistema electoral del país favorece la fragmentación parlamentaria, especialmente desde 2021 con la inclusión del «coeficiente electoral único». Esto significa que los escaños del Parlamento se distribuyen dependiendo del número de electores inscritos (frente al número de votos válidos, como suele ser habitual). Es decir, el reparto se hace dependiendo no de cuánta gente acude a votar, sino de cuántos estaban llamados a hacerlo (incluyendo, por ejemplo, a abstencionistas). 

Por ejemplo, imaginemos una circunscripción con 100.000 electores y que reparte cuatro escaños. Aunque el día de las elecciones solo voten 50.000, el precio del escaño sigue siendo de 25.000 votos. Esto provoca que conseguir más de un escaño por circunscripción sea muy complicado, por lo que el Parlamento acaba formado por muchos partidos pequeños y medianos, pues ninguno puede dominar por sí solo. 

De hecho, la Fundación Friedrich Naumann calculó que, matemáticamente, ningún partido puede alcanzar mucho más de 100 escaños (de un total de 395), por lo que la formación de coaliciones es prácticamente obligada. Este diseño electoral sigue el principio estratégico del «divide y vencerás», pues permite a la monarquía limitar a los partidos políticos, evitando que ninguno destaque e incluso presionando para que se formen coaliciones de partidos dispares en términos ideológicos. 

La influencia del monarca no acaba aquí, ya que también es el encargado de elegir a los ministros de las carteras «con relación directa con el Palacio»: Interior, Exterior, Defensa y Asuntos Religiosos. Aunque formalmente el nombramiento es a propuesta del jefe del Gobierno, el Palacio conserva en la práctica el control de dichas carteras. Sin embargo, a pesar de la fragmentación, la carrera electoral sigue siendo importantísima, dado que la Constitución indica que el rey debe nombrar como jefe de Gobierno a un miembro del partido que haya quedado primero. Por ello, sin desdeñar la gran implicación política de la monarquía, es necesario estudiar de cerca los principales partidos políticos del país.

La batalla dentro del Gobierno

El Parlamento actual se compone de una docena de partidos políticos, mientras que para estas elecciones concurrirán hasta veintiocho formaciones diferentes. Sin embargo, el poder político se reparte principalmente entre las tres fuerzas que gobiernan desde 2021, que también son las que se perfilan como posibles ganadoras: RNI, PAM e Istiqlal. 

El RNI (Agrupación Nacional de Independientes) es un partido de centroderecha, que además también encabeza el Gobierno, con el millonario Aziz Ajanuch como primer ministro. Haber liderado la coalición supone un punto a favor, pues le permite atribuirse las reformas estructurales (protección social, ayudas directas a los hogares…). Sin embargo, dependiendo del votante y de su valoración de los últimos cinco años, también es una desventaja, porque también aparece como la diana principal de las críticas. 

Por otro lado, el PAM (Autenticidad y Modernidad) es una formación liberal y modernista. Según los expertos locales, es la que puede arrebatarle el primer puesto al RNI. Su última gran jugada ha sido fichar a Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuestos y, más importante, el presidente de la Federación de Fútbol de Marruecos y organizador del Mundial 2030. Si bien Lekjaa no es candidato a diputado, este no es requisito para ser nombrado jefe de Gobierno, por lo que su figura sigue siendo de gran relevancia en estas elecciones. El partido busca ganar visibilidad con este y otros candidatos. Además, si bien es parte de la coalición de Gobierno, ha tratado de distanciarse de algunas decisiones, mostrándose como una opción más moderna y dinamizadora. 

Finalmente, tenemos a Istiqlal, el más antiguo de los partidos grandes, de corte nacionalista y conservador. La formación se vale de su identidad histórica y su base militante, que le ofrecen una gran red y estructura territorial. El partido quiere representar los ideales de estabilidad y continuidad. 

A medida que se ha ido acercando la fecha de las elecciones, la tensión entre los socios ha ido in crescendo. Los partidos de la coalición han tratado de diferenciarse, pues saben que el juego político probablemente se dé entre ellos. Frente a la coalición, la oposición la lidera el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que gobernó durante una década, pero que ahora está limitado a solo 13 escaños (una caída estrepitosa desde los 125 escaños). Aunque no son el principal partido opositor, su tono crítico les ha recompensado con gran atención mediática. La visibilidad será la mayor baza de un partido que quiere reconstruirse y recuperar su influencia política. 

Elecciones a ciegas

Otra de las particularidades de Marruecos es la ausencia de encuestas electorales y las pocas que hay no son de gran fiabilidad. Debido a la combinación de restricciones legales, una arquitectura electoral que dificulta la predicción, la influencia de la monarquía en el sistema político y la falta de tradición demoscópica, es prácticamente imposible adivinar qué puede ocurrir. 

Las elecciones de 2021, con el hundimiento del PJD y el reemplazo casi completo del Gobierno, supusieron un giro radical en la historia política de Marruecos. La gran pregunta este 2026 es si este ciclo político conseguirá consolidarse o se ha desgastado antes de tiempo, por lo que veríamos nuevas dinámicas políticas. 

Sin embargo, la mayoría de analistas apuestan por la continuidad y por cambios ligeros. Desde esta perspectiva, lo más probable es que, como mínimo, dos de los tres socios actuales vuelvan a ser parte del futuro gobierno. Cambios internos (el orden entre los tres partidos) sí son factibles, aunque el apagón electoral no permite adivinar cuáles son los más probables. Dependiendo de quién quede primero, podría reeditarse la coalición (especialmente si vence el RNI) o podrían producirse salidas y nuevas incorporaciones. Por ejemplo, si queda en primer lugar Istiqlal, no es descartable que se una el USFP (socialdemócratas) o incluso el PJD. 

Más allá del resultado, el futuro Gobierno deberá enfrentarse a varios problemas que asolan a Marruecos. La campaña electoral ha estado marcada por el Mundial de 2030 y la crisis en Ceuta, pero, sobre todo, por la desigualdad a todos los niveles (económica, territorial, etc.). Esta afecta especialmente a los jóvenes, que ya organizaron las protestas de GenZ 212 y se caracterizan por una participación muy baja, si bien el hastío político es generalizado

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por Yago Jiménez Bean

Politólogo y jurista. Actualmente, realizando un Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Carlos III de Madrid. Interesado especialmente en la competencia partidista y el comportamiento político, pero con café para mucho más.

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