La izquierda del PSOE encara un ciclo clave: la división castiga a Podemos y refuerza a IU-Sumar en la pelea por negociar una potencial unión.

¿Cómo llegan los partidos a la izquierda del PSOE a Castilla y León? Lejos de la verdadera competición política, estos partidos están inmersos en una pugna interna, tratando de ganar peso ante la probabilidad de una futura negociación. Sin embargo, a diferencia de comicios anteriores, estas elecciones pueden dejar un patrón perjudicial para Podemos y, quién sabe, si podría adelantar el debate sobre una unión.
El camino de las izquierdas
Antes de las elecciones en Castilla y León, estos últimos meses ya se han celebrado votaciones en Extremadura y Aragón. De hecho, esta no será la última parada, pues en junio nos esperan comicios en Andalucía. Este maratón electoral permite un examen constante de la situación de los distintos partidos políticos.
En el caso de las formaciones a la izquierda del PSOE, esta sucesión de elecciones es especialmente importante. Cada comicio regional funciona como una pequeña lucha interna entre Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Podemos y otros tantos. El elefante en la habitación, mientras tanto, no es otro que la potencial unión para las elecciones regionales.
En este caso, un desenlace parecido al de Aragón podría tener consecuencias más profundas. En esta comunidad, Podemos e IU (esta última junto a Movimiento Sumar) vuelven a acudir por separado a las urnas.
La competición entre las izquierdas ha sido muy diferente en Extremadura y Aragón. En la primera, la ausencia de Movimiento Sumar y la fortaleza de Irene de Miguel permitió una exitosa jornada para la coalición de Unidas Por Extremadura. En Aragón, en cambio, la desunión fue la regla. Además, el éxito de CHA opacó la desaparición de Podemos y el escaso empuje de IU-Sumar.
Sin embargo, el resultado en Castilla y León puede tener un impacto diferente. En este caso, un desenlace parecido al de Aragón podría tener consecuencias más profundas. En esta comunidad, Podemos e IU (esta última junto a Movimiento Sumar) vuelven a acudir por separado a las urnas. Al igual que en Aragón, las negociaciones saltaron por los aires debido a que ambas querían liderar la lista por Valladolid, la provincia en la que existe cierta probabilidad de obtener un escaño.
El panorama electoral ya era de por sí poco halagüeño para la izquierda. En los comicios anteriores, la coalición Unidas Podemos pasó de dos a un escaño, el de Pablo Fernández (Podemos). Con una izquierda desunida, la división reduce todavía más las oportunidades de conseguir representación parlamentaria.
Da la idea de que se consolida un patrón electoral: la división penaliza, Podemos desaparece a nivel regional e IU es la responsable de salvar la papeleta.
La situación sería muy similar a la de Aragón, pero con el añadido de que aquí no existe una izquierda regional como CHA. Unidas Podemos (3,2 % en intención de voto) desaparecería tras once años de representación política. Frente a ellos, IU-Sumar (4,9 %) pelearía por obtener el último escaño por Valladolid.
La similitud con el caso aragonés puede tener cierto impacto dentro de la izquierda, pues da la idea de que se consolida un patrón electoral: la división penaliza, Podemos desaparece a nivel regional e IU es la responsable de salvar la papeleta.
La pauta podría ser más evidente en junio, con las elecciones andaluzas. En esta comunidad, la situación será todavía más similar a la aragonesa. Salvo sorpresa mayor, aquello a la izquierda del PSOE volverá a dividirse en tres papeletas. En esta pelea interna, los regionalistas de Adelante Andalucía y la unión IU-Sumar (aquí conocida como Por Andalucía) lucharían por el primer puesto. Frente a ellos, un Podemos en solitario estaría destinado, de nuevo, a la desaparición.
¿Puede cambiar algo?
Más allá de que este patrón acabe apareciendo o no, es necesario preguntarse si podría tener un impacto real. El debate sobre la unión de la izquierda existe, todavía más la propuesta de Gabriel Rufián (ERC). Sin embargo, quien sigue siendo el jugador más reacio a hablar de ello es Podemos. Tras el acto de Rufián con Emilio Delgado (Más País) y también tras el de los miembros de Sumar, los morados continúan desmarcándose de cualquier iniciativa conjunta.
Las continuas derrotas de Podemos en Aragón, posiblemente en Castilla y León e incluso Andalucía pueden provocar un cambio. En primer lugar, puede afectar a los votantes, quienes podrían comprobar que, ya sean dos o tres los partidos a la izquierda del PSOE, la formación morada es siempre el voto «menos útil».
No hay ni un solo partido de izquierdas que esté mayoritariamente en contra de la unión de izquierdas (aunque sea un concepto todavía difuso).
Por otro lado, la constante negativa de Podemos a formar coaliciones regionales o a cualquier debate a nivel nacional puede posicionarles como «los malos de la película». Según EL PAÍS y 40dB, el 43,4 % de los votantes están claramente a favor de una candidatura unitaria. Si a aquellos que dijeron «Sí, claramente» les añadimos los que dijeron «Sí, con matices», el porcentaje asciende al 75,5 %.
No hay ni un solo partido de izquierdas que esté mayoritariamente en contra de la unión de izquierdas (aunque sea un concepto todavía difuso). Si solo nos enfocamos en Podemos, el 79,3 % cree que es lo adecuado. Por lo tanto, no deja de ser arriesgado para la formación morada rechazar cualquier acuerdo.
Podemos ha ido cambiando su razón para rechazar los acuerdos políticos. Al comienzo, exigió a IU que abandonara el Gobierno antes de formar cualquier coalición electoral. Con el tiempo, lo más común ha sido plantear un veto a Movimiento Sumar, pero abrirse a otros partidos del espacio. Sin embargo, la salida de Yolanda Díaz allana considerablemente el camino. Aunque no asegura ni de lejos el «sí» de Podemos, les obligaría a encontrar una nueva excusa, que posiblemente sea menos creíble.
Finalmente, mientras que Podemos no se mueve de su posición, el resto de partidos sí lo hacen. A finales de febrero, Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los comunes iniciaron la refundación de la coalición en el acto ya mencionado. En distintos espacios, los líderes de estos partidos han declarado que este es un movimiento «irreversible». Es decir, que si Podemos quiere hablar de unidad no podrá hacerlo de forma bilateral con los partidos que quiera, sino con el bloque en su conjunto y sin vetos.
Volviendo a Castilla y León
Por lo pronto, parece poco probable que este debate vaya a darse hasta que se cierren las urnas en Andalucía. Mientras tanto, el foco seguirá en Castilla y León. Al igual que ocurrirá en Andalucía, este es el escenario perfecto para Izquierda Unida, quien podrá ganar todavía más peso en la futura coalición de izquierdas.
El partido de Antonio Maíllo vive un momento dulce. El CIS de febrero mostró que Izquierda Unida es el partido que más simpatía produce tras el PSOE, PP y Vox. El partido obtiene el 2,6 % frente a Podemos (2,1 %) y Sumar (1,6 %). Aunque los porcentajes son pequeños y sensibles a cambios en las encuestas, muestran la situación del partido.
Además, en Castilla y León juegan con ventaja. Al igual que en Andalucía, el partido disfruta de una gran estructura territorial. Además de militancia, IU disfruta de cierto poder orgánico e incluso la alcaldía de Zamora, la única capital de provincia de un partido a la izquierda del PSOE.
Los comicios en Castilla y León son mucho más que unas elecciones para la izquierda. Pueden marcar una tendencia clara, en la que ya no solo se demuestre que la división es perjudicial.
Frente a ellos, Podemos repite la estrategia de Aragón: la cúpula se está volcando en campaña, quién sabe si incluso contarán con la presencia de Pablo Iglesias. Sin embargo, no parece que con ello vaya a ser suficiente para darle la vuelta a las encuestas. Además, Pablo Fernández renunció a ser el candidato a favor de Miguel Ángel Llamas. El conocidísimo secretario general de Podemos abandona la comunidad y en el futuro heredará el puesto de Irene Montero en el Parlamento Europeo.
Otro ensayo (¿y error?)
En definitiva, los comicios en Castilla y León son mucho más que unas elecciones para la izquierda. Pueden marcar una tendencia clara, en la que ya no solo se demuestre que la división es perjudicial. IU-Sumar parten con ventaja y, si consiguieran sacar ese escaño vallisoletano, ganarían mucha fuerza a nivel nacional frente a un Podemos que se va quedando sin argumentos o excusas.
