Los colombianos acuden a las urnas para elegir al sucesor de Petro. Entre 11 rivales, tres candidatos con perfiles muy diferentes se disputan llegar a segunda vuelta. ¿Continuidad o ruptura?

El próximo domingo, dos meses después de sus elecciones legislativas, Colombia tendrá una nueva cita electoral. Esta vez será para la primera vuelta de sus elecciones presidenciales, donde se elegirá al sucesor de Gustavo Petro.

La mayoría de los análisis coinciden en que será una carrera reñida, pero con ventaja para el senador Iván Cepeda, candidato del gobernante Pacto Histórico y símbolo de continuidad. 

Beneficia a Cepeda el hecho de que las fuerzas opositoras llegan divididas entre la candidatura de Paloma Valencia, senadora por el partido Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe y la del polémico Abelardo de la Espriella, outsider de derecha populista. ¿Qué se juega en el país sudamericano?

Historia política de Colombia

Con 53 millones de habitantes, una industria diversificada y un territorio rico en recursos naturales, Colombia es una de las principales economías de América Latina. Sin embargo, desde su independencia, su historia ha estado marcada por la violencia, la desigualdad y la polarización. Esto ha conducido a que la nación viva, desde hace más de seis décadas, bajo una permanente situación de conflicto armado entre el Estado colombiano y una amplia amalgama de fuerzas irregulares.

Colombia vio el colapso de su sistema de partidos a principios de la década de 2000.

Tras casi dos siglos de un arraigado bipartidismo entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, Colombia vio el colapso de su sistema de partidos a principios de la década de 2000 y el surgimiento de movimientos políticos atomizados y candidaturas personalistas.

A contramano de la «marea rosa» de izquierda en el resto de la región, en Colombia irrumpió, de la mano del derechista Álvaro Uribe, un movimiento de derecha populista que definió la polarización del país durante dos décadas. Este fue un período marcado por el uso de la fuerza para combatir a las guerrillas, lo que generó adeptos, pero también críticos ante violaciones a los derechos humanos.

Tras la salida de Uribe en 2010, el mandato de José Manuel Santos representó el debilitamiento del uribismo. Las divisiones en la derecha por su decisión de iniciar un proceso de paz negociado y la incapacidad del gobierno para hacer frente a múltiples reclamos sociales terminaron por precipitar el ascenso político de los movimientos de izquierda. De esta forma llegamos al triunfo de Gustavo Petro en las elecciones de 2022.

Exguerrillero y alcalde de Bogotá, Petro se convirtió en el primer presidente de izquierdas de Colombia. Su gobierno se caracterizó por una ambiciosa agenda de transformaciones sociales (como la reducción de la pobreza o el aumento del salario mínimo). Sin embargo, los avances sociales se contraponen con una serie de deudas y críticas, especialmente en el delicado campo de la seguridad. Elegido con la promesa de lograr una «paz total» en el país, los pasos del gobierno de Petro en esta dirección son vistos como un fracaso absoluto

Asimismo, varias reformas estructurales propuestas por Petro desaparecieron o se redujeron drásticamente en un Congreso fragmentado, mientras que escándalos de corrupción, choques institucionales, algunos incidentes internacionales y una ejecución presupuestal irregular han supuesto un cuestionamiento permanente. Colombia parece llegar a los comicios fuertemente polarizada en torno a su figura, y la batalla por la sucesión estará marcada por el legado del expresidente saliente.

Iván Cepeda, apuesta por la continuidad

El gobernante Pacto Histórico llega a los comicios reforzado por la unidad. Tras un período de arduas negociaciones y choques internos, han conseguido transicionar desde una amplia coalición a un único partido. Asimismo, en las elecciones legislativas de marzo hicieron una demostración de fuerza al quedar en primera posición y aumentar su representación parlamentaria en ambas cámaras.

Representa un perfil mucho más intelectual e ideológico que el del mismo Petro, además de contar con antecedentes familiares fuertemente simbólicos

En cuanto a su candidato, la apuesta del petrismo para conservar la Casa de Nariño es Iván Cepeda, académico y activista de 63 años. Este representa un perfil mucho más intelectual e ideológico que el del mismo Petro, además de contar con antecedentes familiares fuertemente simbólicos. Es hijo del difunto senador comunista Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 por paramilitares. Ha construido una larga trayectoria como activista de derechos humanos y facilitador en los procesos de paz entre el Estado y las guerrillas.

Ya en campaña, Cepeda ha buscado venderse como una apuesta por la continuidad en los avances sociales, centrando su discurso en ofrecer «cuatro revoluciones»: una ética (lucha contra la corrupción), una socioeconómica (ampliación de programas sociales), una territorial (con descentralización hacia las regiones interiores postergadas) y política (diálogo con todos los sectores del país, incluyendo una mejor concertación con el sector privado cada vez más enfrentado con el gobierno). En materia de seguridad, el aspecto más cuestionado del gobierno de Petro, Cepeda rechaza que la «paz total» haya fracasado.

Muchos votantes de sectores medios y populares priorizan las mejoras sociales sobre la inseguridad

Al petrismo lo beneficia su cohesión respecto al resto de las fuerzas políticas y el hecho de que muchos votantes de sectores medios y populares priorizan las mejoras sociales sobre la inseguridad o el enfoque ideológico tan marcado del candidato, cuyo origen comunista y actitudes hacia el chavismo vecino provocan serios anticuerpos entre votantes conservadores.

Como consecuencia del clima favorable, Cepeda lidera cómodamente la mayoría de las encuestas. Y aunque está lejos del porcentaje requerido para evitar una segunda vuelta, la fuerte división entre sus opositores lo dejaría bien posicionado de cara a un eventual desempate.

Abelardo de la Espriella, el outsider

Estas elecciones han visto la irrupción del controvertido abogado Abelardo de la Espriella, candidato por «Defensores de la Patria». Hablamos de una figura outsider de derecha que, de acuerdo a los sondeos, tiene posibilidades de ubicarse detrás de Cepeda y llegar a una segunda vuelta. 

Con un tono agresivo y frontal, además de una amplia presencia en las redes sociales, De la Espriella representa un exponente de los movimientos de derecha populista que han florecido en todo el continente. Apela a una estética muy similar a la del argentino Javier Milei, pero su plataforma política se enfoca mucho más en la seguridad que en la economía, lo que lo conduce a rescatar ideas del modelo aplicado por Nayib Bukele en El Salvador.

De la Espriella ha calado entre sectores tradicionalmente desafectos del uribismo y la derecha histórica. Su estilo polémico y posiciones conservadoras en temas sociales (defensa de la «familia tradicional», rechazo al aborto y a políticas de género) le han granjeado apoyo de sectores jóvenes, reservistas, empresarios antipetristas y de altos ingresos pero ajenos a la clase económica tradicional. 

Ha sabido canalizar el descontento entre sectores medios, cada vez más preocupados por la inseguridad y que no tienen las políticas sociales como prioridad.

A pesar de su vertiginoso ascenso, De la Espriella tiene también elementos controvertidos que provocan rechazo incluso entre otros votantes conservadores. Durante su carrera previa como abogado representó a Alex Saab, controvertido empresario actualmente encarcelado en Estados Unidos, extraditado bajo la acusación de haber servido como testaferro para negocios ilícitos del régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, ha sabido canalizar el descontento entre sectores medios, cada vez más preocupados por la inseguridad y que no tienen las políticas sociales como prioridad.

Paloma Valencia, la ficha del uribismo

Por su parte, el partido Centro Democrático (principal brazo político del uribismo) compite con la senadora Paloma Valencia como candidata. El partido viene de haber demostrado fuerza en las legislativas, en las que logró ubicarse en segunda posición, y ha conformado una amplia coalición de grupos opositores al petrismo. No obstante, la presencia de De la Espriella como candidato outsider y algunos errores de campaña han debilitado seriamente las posibilidades de Valencia de hacerse con la presidencia.

Valencia representó por mucho tiempo una expresión dura del uribismo, pero mediante un perfil que intenta ser menos polarizante. Su campaña, bajo el lema «Colombia Más Grande», se centra en tres pilares: seguridad total (que prioriza aumentar los efectivos policiales y militares, e involucrar al país en una mayor cooperación internacional contra el narcotráfico), reactivación económica (defiende agresivamente la inversión privada) y orden institucional. Promete mano firme contra los grupos armados y corrección de las reformas de Petro, que considera fracasadas.

La necesidad de mantener unida una coalición diversa ha complicado la posibilidad de presentar un mensaje unificado.

El problema para Valencia pasa por las dificultades para apelar a un voto centrista que tradicionalmente ha sido antiuribista y a la vez mantener el voto de la derecha, que le ha sido paulatinamente robado por el ascenso de De la Espriella. La necesidad de mantener unida una coalición diversa (tanto con elementos de derecha como de centro) ha complicado la posibilidad de presentar un mensaje unificado.

El resultado de esto es la percepción de un ritmo de campaña caótico, cambios de opinión y comentarios poco afortunados que muestran la inviabilidad de la alianza entre el uribismo y el centrismo. Un episodio particularmente comentado ocurrió durante una entrevista en la que Valencia rechazó públicamente la adopción por parte de personas del mismo sexo, estando sentado junto a ella Oviedo (su compañero que es abiertamente homosexual). No fue la única diferencia pública: Valencia prometió restablecer relaciones diplomáticas con Israel (rotas por el gobierno de Petro), mientras que Oviedo mantiene que Israel comete un genocidio en Gaza.

Sin embargo, el uribismo retiene una base leal muy sólida, sobre todo entre los sectores altos y las personas mayores, así como un robusto aparato político. La duda está en si una movilización masiva de recursos puede rescatar al movimiento conservador y sobrevivir a su evidente desgaste entre la juventud y los sectores medios.

Sin margen para centristas

Además de los principales candidatos, a estas elecciones se presentan hasta ocho nombres más. Sin embargo, cuentan con pocas posibilidades, aunque algunos sean muy conocidos, como el exalcalde de Medellín, Sergio Fajardo, o la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López. De este modo el centro, dividido y sin una candidatura unificada, no logra convertirse en opción de poder, aunque los analistas coinciden en que sus votantes podrían ser clave en una eventual segunda vuelta como apoyo a la gobernabilidad. Por lo pronto, solo las tres fuerzas principales parecen tener relevancia de cara a esta primera vuelta.

Este 31 de mayo, Colombia vota en un plebiscito sobre el legado de Gustavo Petro. Si De la Espriella no gana pero logra desbancar al uribismo y quedar en segundo lugar, inicaría que su movimiento llegó para quedarse. El candidato que ocupe el segundo puesto tras el presidente electo obtendrá una banca en el Congreso como senador, mientras que su candidato a vicepresidente, una como Representante.El futuro presidente heredará un país con menos pobreza pero con desafíos urgentes en seguridad, economía y cohesión social. Del mismo modo, la presidencia colombiana es un cargo de alto impacto regional. Desde el ascenso de Donald Trump, quien suceda a Petro tendrá un papel en la configuración geopolítica latinoamericana.

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por Felipe Galli

Estudiante de Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, con experiencia en activismo en contextos autoritarios y especialización en la cobertura de procesos electorales de todo el mundo.

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