
¿Inteligencia e ideología están relacionadas? ¿Los más listos son de media más progresistas o más conservadores? Veamos qué dicen décadas de investigación.
En política, desgraciadamente, el insulto siempre está a la orden del día. Son múltiples las ocasiones en las que no solo un ciudadano, sino directamente un político (que a fin de cuentas es un representante de la sociedad en su conjunto) califica a sus rivales o incluso a los votantes de estos como estúpidos.
Sin embargo, más allá del descalificativo barato, ¿es posible vincular capacidad intelectual con ideología?
¿Por qué inteligencia e ideología podrían estar conectados?
En primer lugar, es necesario comprender qué entendemos por «inteligencia», pues no es un concepto único ni mucho menos sencillo. Al hablar de capacidad intelectual podemos estar haciendo referencia a un solo factor o a la combinación de muchas habilidades.
En nuestro caso, al hablar de inteligencia haremos referencia a la capacidad cognitiva. Así entendemos nuestra capacidad de razonar, resolver problemas, tomar decisiones o realizar tareas mentales complejas.
Nuestra capacidad cognitiva es la suma de múltiples factores. La educación, horas de sueño o salud física determinan hasta cierto punto nuestra habilidad, pero también está considerablemente influida por nuestra genética. Por lo tanto, ¿cómo es posible que algo como la inteligencia esté relacionado con nuestro pensamiento político?
En último término, estamos hablando de nuestra capacidad para procesar información compleja o abstracta. Por ello, aquellos «menos inteligentes» tendrían más dificultades para comprender fenómenos nuevos o multidimensionales. Algunos investigadores sugieren que los ciudadanos que se sienten incómodos ante esta complejidad podrían aferrarse a ideologías que favorezcan la tradición (es decir, el statu quo), la seguridad o la estabilidad. Todos estos valores suelen vincularse con la corriente conservadora.
Cuando una persona está bajo una situación de sobrecarga cognitiva, tiende a expresar posiciones más conservadoras
En otras palabras, algunas dimensiones del conservadurismo serían más intuitivas o fáciles de comprender. Valores como la jerarquía, la aceptación del orden actual o la tradición son cognitivamente «más fáciles» de entender. Por ejemplo, una investigación demostró que cuando una persona está más distraída o incluso bajo los efectos del alcohol (todas situaciones de sobrecarga cognitiva) tiende a expresar posiciones más conservadoras.
Un prejuicio no es más que un atajo informativo que, en teoría, nos permite tomar una decisión rápidamente con el mínimo esfuerzo, a pesar de que la probabilidad de error sea mayor
De hecho, esta es la forma en la que trabajan los estereotipos. Un prejuicio no es más que un atajo informativo que en teoría nos permite tomar una decisión rápidamente con el mínimo esfuerzo, a pesar de que la probabilidad de error sea mayor. En lugar de analizar toda la información disponible sobre alguien, decidimos cómo interactuar con él en base a su apariencia u otro elemento superficial.
El conservadurismo operaría de manera parecida: la tradición orienta las pautas de conducta consideradas legítimas, la defensa del statu quo reduce la disposición a imaginar órdenes sociales alternativos, y la jerarquía estructura quién ocupa posiciones de autoridad dentro de la comunidad
Sin embargo, ¿apoyan los números esta idea? Las investigaciones sobre psicología política llevan décadas tratando de comprobar la relación entre inteligencia e ideología, con resultados de lo más diversos. Esto se debe a que cada trabajo mide cosas muy diferentes. La inteligencia puede entenderse como IQ, memoria, velocidad de pensamiento, razonamiento matemático, capacidad de lectura… Y lo mismo pasa con la ideología; no es lo mismo estudiar apertura al autoritarismo, dogmatismo o prejuicios.
En pocas palabras, si nos enfocamos en una sola investigación estaríamos cometiendo un error o, al menos, no contando la historia completa. Por suerte, podemos acercarnos a una solución.
Entonces, ¿existe una relación?
El remedio imperfecto lo encontramos en los metaanálisis. Así se conoce a los estudios que no usan datos originales, sino que se dedican a recoger los resultados de un gran número de investigaciones para así poder calcular el patrón general. Es decir, en vez de depender de un artículo concreto (el cual a lo mejor da un resultado por error o por una particularidad), nos fijamos en la media de todas las investigaciones existentes sobre el mismo tema.
Uno de los metaanálisis más importantes es el publicado en la Revista Europea de Personalidad, en la cual se combinan hasta 67 investigaciones diferentes, lo que se traduce en una investigación con más de 80.000 participantes.
Cuanto mayor es la «inteligencia» de un ciudadano, menor sería su propensión a ser conservador. De los 67 trabajos, en 57 la relación es negativa, en nueve es positiva y solo en uno es nula
Haciendo acopio de estos trabajos, los investigadores demuestran que existe una correlación negativa entre capacidad cognitiva y las actitudes ideológicas consideradas de derechas. En otras palabras, cuanto mayor es la «inteligencia» de un ciudadano, menor sería su propensión a ser conservador. De los 67 trabajos, en 57 la relación es negativa, en nueve es positiva y solo en uno es nula.
Por supuesto, no es un efecto enorme, pues existen miles de determinantes ideológicos más importantes (nuestro sueldo, nuestra familia o incluso nuestro país), pero sigue siendo reseñable. Nuestra capacidad cognitiva podría explicar el 4 % de nuestra actitud política (en otras palabras, esta explica el 4% de variación ideológica entre los ciudadanos).
Igual de reseñable es que estos investigadores encuentran que la fuerza de nuestra capacidad cognitiva en nuestra ideología es diferente dependiendo de qué dimensión política estemos estudiando. Por ejemplo, encuentran que la influencia de nuestra inteligencia es muy alta a la hora de predecir nuestro nivel de autoritarismo o etnocentrismo (creer que nuestro grupo étnico es el más importante o superior), pero mucho menor en otros, como el dogmatismo.
De hecho, puede que aquí esté el truco: ¿y si nos estamos dejando otras dimensiones ideológicas en las que justamente los más inteligentes son de derechas?
La ideología no un solo eje
La ideología política es una combinación de actitudes y valores sobre cuáles son los objetivos adecuados de una sociedad. En Occidente es muy común resumirla en términos de izquierda vs. derecha, pero así se pierden muchos matices. Aunque siga siendo un atajo, es mucho más acertado profundizar en los ejes de izquierda y derecha.
En primer lugar tendríamos la dimensión sociocultural, dentro de la cual debatimos sobre ideales de autonomía, diversidad, identidad y tradición. Es en este grupo de valores en el que, como hemos visto antes, una capacidad cognitiva mayor suele indicar menor apoyo al conservadurismo cultural.
Sin embargo, también existe la dimensión económica, referida al apoyo al intervencionismo estatal en el mercado, la igualdad económica o la competitividad comercial. Dependiendo de nuestra opinión sobre estos aspectos, podríamos considerarnos más cerca del progresismo o del conservadurismo económico.
De hecho, es posible encontrar ejemplos de ciudadanos y partidos que se consideran derechistas en un eje y progresistas en el otro. Por ejemplo, un grupo considerable de votantes son conservadores culturalmente (normalmente reacios a la inmigración) pero de izquierdas en términos económicos (a favor de un Estado que reduzca las desigualdades).
Hasta ahora solo hemos cubierto la relación entre inteligencia y la opinión cultural de los ciudadanos. Si pasamos a la económica, algunas teorías sugieren que mayor capacidad cognitiva podría vincularse con mayor conservadurismo económico. Por ejemplo, la teoría del interés propio: las personas más inteligentes tienen una mayor probabilidad de obtener una mejor educación y mayores ingresos. Al gozar de un estatus mayor, se podrían posicionar en contra de las políticas redistributivas, que irían en contra de los recursos propios de este grupo selecto.
De hecho, otra teoría sigue un razonamiento muy similar al que hemos comentado antes para la dimensión cultural, pero dado la vuelta para el eje económico. Las propuestas económicas de la derecha pueden ser menos intuitivas al principio: por ejemplo, que el liberalismo favorece también a las clases bajas o que recortar ayudas puede ser positivo. Por ello, aquellos con menor capacidad cognitiva tendrían más dificultades para entender y, por tanto, apoyar estos argumentos promercado.
Pasando otra vez de los argumentos a los números, nos enfocamos ahora en un metaanálisis llevado a cabo por investigadores en Alemania. Mientras que el anterior se enfoca en valores culturales (autoritarismo, etnonacionalismo, etc.), este es particularmente importante porque estudia valores económicos.
El efecto es pequeño, pero sigue siendo reseñable que un elemento como nuestra capacidad cognitiva pueda llegar a determinar parte de nuestra ideología económica
Los resultados, basados en más de 45.000 casos, muestran una relación positiva entre inteligencia y conservadurismo económico. Al igual que en el caso anterior (aunque aquí con signo positivo), el efecto es pequeño, pero sigue siendo reseñable que un elemento como nuestra capacidad cognitiva pueda llegar a determinar parte de nuestra ideología económica.
Pensar distinto no es pensar peor
En definitiva, la relación entre capacidad cognitiva e ideología existe, pero el efecto es pequeño (siempre habrá otros determinantes mucho más importantes) y muy compleja. La evidencia apunta a una relación negativa entre esta y el autoritarismo o el etnocentrismo. Sin embargo, si pasamos del eje cultural al económico, se relaciona positivamente con una ideología promercado (conservadurismo económico).
Aunque no lo creamos, hay cientos de factores subjetivos (nuestra familia, las películas que vemos…) que contribuyen a formar nuestro pensamiento sin que nosotros lleguemos a darnos cuenta. En ningún caso una relación estadística significa que unos votantes sean más listos que otros, ni mucho menos que esto nos permite insultar a aquel que no piensa como nosotros.
