Desde el inicio de la guerra en Ucrania, la ampliación de la UE ha vuelto al centro del debate político en Bruselas. Desde Alemania defienden que Ucrania reciba el estatus de «miembro asociado».

Desde que Vladimir Putin inició la guerra de agresión a Ucrania en 2022, la Unión Europea ha convertido el apoyo a Kiev en una de sus grandes prioridades. Bruselas ha aprobado sanciones contra Rusia, ayudas económicas millonarias y paquetes de asistencia militar, como el préstamo de 90.000 millones de euros que continúa bloqueado por el veto de Orbán.

No obstante, existe una cuestión política que lleva años sobre la mesa y sigue sin concretarse: la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Por ese motivo, no sorprenden las declaraciones de esta semana del canciller alemán, Friedrich Merz, pidiendo a la UE que le otorgue el estatus de «miembro asociado». No es un secreto que ambas partes saldrían beneficiadas. La Unión añadiría un miembro clave en su estrategia geopolítica contra Rusia. Mientras, Ucrania obtendría estabilidad económica, inversiones y mayores garantías de defensa y seguridad. 

Pero entonces, ¿por qué un miembro asociado y no un miembro de pleno derecho? ¿Qué hace falta para que un país entre a la Unión Europea? ¿Está preparada la UE para seguir ampliándose?

¿Qué necesita un país para entrar en la UE?

Para que un país, en este caso Ucrania, pueda formar parte de la Unión Europea, previamente debe cumplir con los criterios de Copenhague, definidos por el Consejo Europeo de 1993. Estos se dividen en tres grandes grupos: políticos, económicos e institucionales. En el plano político, se exige que los países candidatos sean democracias funcionales, se respete el Estado de Derecho y los derechos humanos, al igual que se reconozcan y protejan las minorías que se encuentren en su territorio.

En el área económica, el candidato debe contar con una economía de mercado en funcionamiento y la capacidad de hacer frente a la presión competitiva en la posterior adhesión. Es decir, que, una vez que entre, su economía sea lo suficientemente fuerte como para no poner en riesgo la estabilidad de la Unión Europea. Finalmente, en el plano institucional, debe aplicar de manera efectiva toda la legislación de la UE con el fin de que todos los países sean tratados de igual manera bajo la ley europea.

Como se puede apreciar, este proceso se alarga durante años debido a su complejidad. Además, no basta con cumplir con los requisitos de Copenhague, sino que todos y cada uno de los Estados miembros deben estar conformes con su entrada. En el momento en que uno de ellos, por la razón que sea, no esté de acuerdo, la adhesión quedaría completamente vetada. Es el caso de Kosovo, que ni siquiera está reconocido como país por cinco miembros de la UE (entre ellos España), lo que impide cualquier tipo de unanimidad a su favor.

Esta fórmula intermedia de miembro asociado reabre el debate de aquellos países que llevan esperando desde hace años su adhesión.

Por tanto, lo que Merz propone es una solución para este proceso que se prolonga durante décadas y, de esa manera, atajar el camino para lograr los objetivos de la Unión Europea. Sin embargo, esta fórmula intermedia de miembro asociado reabre el debate de aquellos países que llevan esperando desde hace años su adhesión. Algunos de ellos, especialmente en los Balcanes occidentales, continúan atrapados en negociaciones interminables y bloqueos políticos constantes. 

¿Cómo ha sido la ampliación europea?

A pesar de lo que pueda parecer, la ampliación de la Unión Europea no es un fenómeno reciente. Desde los seis primeros fundadores en los años cincuenta, el proyecto europeo ha demostrado ser una organización en constante expansión, hasta reunir a los 27 países actuales. Con la tragedia de la Segunda Guerra Mundial en mente, los países europeos se fueron uniendo con el objetivo inicial de garantizar la paz mediante la cooperación económica. 

Años más tarde, en el marco de la Guerra Fría, la ampliación adquirió una dimensión estratégica en la que cada nuevo integrante reforzaba el bloque occidental frente a la influencia soviética. Con la posterior caída de la Unión Soviética y el afloramiento de las nuevas repúblicas en el este de Europa, la visión geopolítica se hizo aún más latente. Para el año 2007, la Unión Europea finalizó su proceso de ampliación más ambicioso de la historia: 12 países en total. Entre ellos, Polonia, Hungría y las repúblicas bálticas.

En los últimos veinte años la Unión Europea solo ha sumado un nuevo Estado miembro.

Si sumamos cada adhesión, desde la primera ampliación en 1973 hasta la descrita entre 2004-2007, el resultado es la incorporación de 21 países en apenas tres décadas. Sin embargo, desde entonces, el proceso se ha estancado de manera considerable. Solo Croacia en 2013 ha logrado incorporarse. O, lo que es lo mismo, en los últimos veinte años la Unión Europea solo ha sumado un nuevo Estado miembro.

Actualmente, las negociaciones de adhesión se desarrollan de forma individual, distando mucho de la lógica de bloques de países homogéneos. Como resultado, se generan desigualdades entre los países candidatos. Los más avanzados son Montenegro y Albania, seguidos por Macedonia del Norte y Moldavia. En posiciones más intermedias se encuentran Serbia y Bosnia y Herzegovina, mientras que la complejidad de los casos de Turquía y Georgia antoja inviable la adhesión a día de hoy.

Por todo ello, el trato que se plantea respecto a Ucrania levanta dudas en cuanto a una posible injusticia respecto a estos países. ¿O acaso se está imponiendo la lógica geopolítica sobre los criterios tradicionales de adhesión a la Unión Europea?

¿Cuáles son las principales posiciones respecto a la ampliación?

La verdad es que, dentro del propio seno de la UE, la ampliación es sinónimo de autonomía estratégica. En palabras de la propia Comisión Europea, en el contexto de la guerra rusa contra Ucrania, la ampliación es una «inversión geoestratégica en paz, seguridad y estabilidad». Recordando el precedente de la adhesión de los países en el este de Europa, este factor se convierte en uno de los argumentos con más peso en el debate sobre la ampliación.

Desde su integración, todos ellos han podido modernizar sus economías gracias a la estabilidad brindada por la UE, al mismo tiempo que se ha podido reducir el espacio de influencia rusa.

En un contexto marcado por el regreso a la «ley del más fuerte», Bruselas podría consolidarse como un actor global más autónomo.

Del mismo modo, si atendemos a los cambios que se suceden en el orden mundial, la ampliación puede ayudar a la Unión Europea a fortalecerse. En un contexto marcado por el regreso a la «ley del más fuerte», Bruselas podría consolidarse como un actor global más autónomo y con mayor capacidad de influencia. Esta nueva ampliación incrementaría el peso económico, territorial y demográfico de la Unión Europea, un elemento clave en un escenario internacional donde la política de poder vuelve a imponerse sobre las normas multilaterales. 

No obstante, el hecho de que el canciller alemán recurra a la figura de miembro asociado ilustra los numerosos problemas asociados a la ampliación europea. En primer lugar, desde un punto de vista económico, no todos los Estados miembros salen igual de beneficiados del proyecto europeo.

De hecho, dentro de la Unión Europea coexisten países contribuyentes netos, como Alemania, Francia o Dinamarca, y países receptores netos de fondos europeos, como Grecia, Bulgaria o Hungría, lo que genera tensiones recurrentes en la negociación presupuestaria. Con la posible incorporación de Estados con economías menos desarrolladas, ¿hasta qué punto está la Unión Europea dispuesta a asumir el coste de su propia ampliación?

En segundo lugar, y asumiendo que entren todos los países candidatos, ¿cómo se podrán poner de acuerdo más de 30 países en cuestiones tan vitales como la política exterior o el reparto de fondos? El actual método de votación por unanimidad en ciertas materias ya ha demostrado ser un caldo de cultivo para bloqueos y chantajes políticos, como ilustra el caso reciente de Viktor Orbán. Es por ello que la experiencia acumulada sugiere que la UE debe reformar sus cimientos legislativos e institucionales antes de admitir a nuevos países que puedan comprometer la ya difícil gobernabilidad europea.

Europea ante su propio límite

Como se ha podido ver a lo largo del artículo, ahora mismo Europa se encuentra en una tesitura compleja. Por un lado, están los estrictos procedimientos que llevan respetándose más de cincuenta años y que, además, siguen rigiendo para los candidatos actuales. Por otro lado, las necesidades geopolíticas premian las respuestas rápidas, como la solución que Friedrich Merz defiende para Ucrania y que supondría beneficios inmediatos.

Sin embargo, si bien es una fórmula nunca antes explorada, los requisitos para acceder a la Unión no son la verdadera cuestión. Es decir, el verdadero problema no es si Ucrania y los Balcanes están listos para entrar a la UE, sino si la propia Unión está preparada para acogerlos. Hasta que no se resuelva esta tensión, todo proceso de ampliación seguirá atrapado en el limbo que reina desde hace veinte años.

Autor

Hola 👋
¿Otra partida?

Únete para no perderte ninguno de los movimientos del juego.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

por Abel Gómez Arévalo

Estudios Internacionales y Ciencias Políticas en la UC3M. Apasionado por la geopolítica, analizo el mundo a través de sus conflictos, alianzas y transformaciones. Siempre en busca de entender el poder detrás del mapa.

Deja una respuesta