Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se enfrentan este domingo en unas disputadas elecciones que marcarán el destino de un Perú dividido entre una promesa de estabilidad y un deseo de cambio.

Este domingo se celebra en Perú la segunda vuelta de unas elecciones clave en la historia del país. La inseguridad, la polarización y la desconfianza electoral serán los temas que sin duda tendrán los peruanos en mente cuando salgan a votar.
Los dos candidatos, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, parecen movilizar más a los electores como males menores frente a su rival que como opciones ilusionantes. El choque principal es uno de estabilidad frente a cambio, aunque más que una preferencia por cualquiera de las dos parece prevalecer el temor a la otra. En pocas palabras, todo parece estar en el aire, ¿quién saldrá vencedor el domingo?
Los candidatos
Para hablar de Keiko Fujimori, que se enfrenta a su cuarto balotaje, hay que hablar de su apellido y de quien lo heredó, Alberto Fujimori. Alrededor de él hay un recuerdo controvertido, pues lo que para unos fue una etapa de autoritarismo, corrupción y violación de derechos humanos, para otros significó estabilidad y mano dura contra el terrorismo.
Keiko Fujimori, sin separarse nunca del legado de su padre, ha buscado presentar su figura como una más madura y conciliadora, que encarne las virtudes del gobierno de su padre sin la carga negativa de sus abusos. Para escenificar este distanciamiento, ha llegado, por ejemplo, a pedir disculpas a adversarios políticos de su padre. Sin embargo, el antifujimorismo sigue siendo una fuerza electoral poderosa.
En constante alusión a la estabilidad que evoca el gobierno de su padre, Keiko Fujimori ha centrado su campaña en una promesa de mano dura y actuación férrea frente al crimen. Con la extorsión, los homicidios y el crimen organizado como una de las preocupaciones principales de los electores, medidas como aumentar la presencia policial en zonas críticas o la militarización de las fronteras son de gran atractivo para una parte de los votantes.
La concretización de esta idea sin duda llega en su plan «Perú con Orden». Este está estructurado en torno a tres pilares claves: uno de orden, otro económico y otro social, que en conjunto muestran el proyecto de país de la candidata.
Frente a ella tenemos a Roberto Sánchez, cuyo pedigrí político nos remite al gobierno de Pedro Castillo, de quien fue ministro de Comercio Exterior y Turismo. Si Keiko Fujimori representa a ciudades y núcleos urbanos, Sánchez conecta con el malestar de las regiones que se sienten excluidas del crecimiento limeño y los beneficios de la minería.
La figura de Pedro Castillo, al igual que la de Alberto Fujimori, es también una asociación complicada. El expresidente fue condenado a once años de prisión en 2025 tras su intento de disolver el congreso en 2022. Hay sectores de la población, sobre todo en zonas rurales, que consideran este encarcelamiento injusto y para los que la vinculación Castillo-Sánchez es de hecho motivo de activación.
Si bien en la primera vuelta Sánchez se apoyó en un estilo más reivindicativo y radical, en esta segunda vuelta la moderación parece ser la clave. Este nuevo enfoque, construido junto a fuerzas aliadas como Ahora Nación, Partido Cívico Obras, Primero la Gente y Alianza Electoral Venceremos, suaviza el lenguaje ideológico, buscando transmitir una imagen de gobernabilidad.
El punto clave de su programa es la propuesta de redacción de una nueva Constitución. Sin embargo, si bien fue un pilar durante su campaña, en la recta final su contenido se ha moderado y la propia propuesta ha pasado a estar enmarcada en un paquete más amplio de reformas institucionales.
La oposición por parte de los sectores empresariales y núcleos urbanos viene por su dura crítica al modelo extractivo de la economía peruana. Su visión económica pone en el centro una industrialización consciente que tenga como objetivo el bienestar de las familias, con medidas como que el 40 % de las exportaciones incorporen valor agregado, elevar la inversión en I+D del 0,15 % al 0,50 % del PIB o reducir la informalidad laboral por debajo del 60 %.
Las claves
El que quizás es el tema más importante de cara a las elecciones del domingo es la inseguridad, y los datos no dejan lugar a duda de ello. Una encuesta estatal realizada en 2025 señalaba que el 84 % de la población urbana temía ser víctima de un delito en los doce meses siguientes.
Los dos candidatos, como hemos visto, plantean su propia respuesta a esta pregunta de los electores. Si bien el ángulo de la mano dura de Fujimori es más claro, la propuesta de prevención por parte de Sánchez no puede desestimarse.
Otro de los puntos clave es la minería informal, teniendo en cuenta que se estima que hay alrededor de 500.000 mineros informales trabajando en Perú bajo el programa REINFO. Este es un registro introducido de manera temporal en diciembre de 2016 durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, pero que ha continuado siendo prorrogado indefinidamente.
Este modelo representa el epítome de la economía extractiva presente en Perú, produciendo en 2025 exportaciones de oro con un valor de 11.000 millones de dólares, lo que equivale a cerca de la mitad de todo el oro exportado por el país.
El asunto es delicado para ambos candidatos, no queriendo ninguno hablar de prohibición para evitar perder electores, pero a la vez reconociendo lo precario de las condiciones que propicia y proponiendo remedios.
La división territorial es aquí clave. Sánchez tiene más fuerza en regiones rurales y mineras, donde el reclamo es que las grandes empresas concentran concesiones que no explotan. Fujimori, que se apoya más en Lima, áreas urbanas y sectores empresariales, ha intentado atraer a esta pequeña minería prometiendo formalización y acceso a crédito.
El escenario tras el domingo
La realidad política de Perú es que, gane quien gane el domingo, la gobernabilidad será un camino largo y complicado. Esta elección llega también en un momento complejo, propiciado por la recuperación del congreso bicameral.
En un país que lleva ocho presidentes en una década, destituir a la cabeza del ejecutivo ahora será más complicado, necesitando la aprobación también del Senado Sin embargo, las mayorías serán complicadas y estrechas, siendo previsible que los pactos estén a la orden del día.
Las encuestas por su parte son muy ajustadas, situando a ambos candidatos con un margen muy estrecho en el que todo puede pasar. Cabe recordar aquí cómo en 2021 Keiko Fujimori perdió por tan solo 45.000 votos, lo que demuestra la complejidad de unos comicios en los que un paso en falso podría suponer la derrota.
A todo esto debemos sumarle el alargado recuento que ya se vio durante la primera vuelta y que despertó la desconfianza hacia el sistema en el electorado peruano. Un margen reducido tras un conteo que puede durar semanas abriría la puerta a impugnaciones y acusaciones de fraude que continuarán agravando la división del país.
