Jean-Luc Mélenchon llega a la carrera presidencial de 2027 mejor situado que en sus intentos anteriores. Su fortaleza entre los jóvenes, la fragmentación del centro y la capacidad para concentrar el voto útil le acercan a la segunda vuelta. Pero eso es solo la primera parte.

En las dos últimas elecciones no ha habido un candidato de izquierdas en la segunda vuelta presidencial en Francia. En 2027, el primer puesto parece estar reservado a Marine Le Pen (o, en su defecto, a Jordan Bardella), pero la segunda plaza puede caer del lado de la izquierda. Por distintos motivos, el candidato de La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, está cada vez mejor colocado para entrar en la segunda vuelta presidencial por primera vez en su carrera política.

En la que puede ser su última intentona hacia el Elíseo, un Mélenchon de 75 años y tres presidenciales a sus espaldas está mejorando sus resultados en las encuestas semana a semana. Empujado con muchísima claridad por el electorado joven y potenciado por la indecisión del centroizquierda y el centroderecha, el político nacido en Tánger y con raíces españolas tiene una oportunidad única.

Hay pocas cosas garantizadas para 2027 y los analistas franceses coinciden en que casi todo está aún en juego, pero el momentum de Mélenchon tiene algunos componentes estructurales que permiten pensar en el medio plazo. Entenderlos es un primer paso para saber qué puede salir de las elecciones europeas con mayor expectación del próximo año.

Un Mélenchon de 75 años y tres presidenciales a sus espaldas está mejorando sus resultados en las encuestas semana tras semana.

Rompiendo la tendencia de los jóvenes

Si hay un dato que resalta sobre los demás, es el apoyo de los jóvenes a la candidatura del líder de los insumisos: el 41 % de la cohorte situada entre los 18 y los 24 años. También le apoyarían un 32 % de los situados entre los 25 y los 34 años, según el barómetro de Ipsos del mes de septiembre. Otra encuestadora, Cluster17, sitúa el apoyo a Mélenchon en el 47 % en el rango de los 18 a los 34 años. 

La contraparte de estos sorprendentes registros está en los más mayores. En este sentido, solo el 6% de los mayores de 65 años se decantarían por la candidatura de Mélenchon. 

Sin embargo, merece la pena detenerse en el voto joven. En los últimos años, distintas elecciones y encuestas han arrojado un patrón similar: la brecha de género entre los más jóvenes. Mientras ellos se han decantado más por la derecha, ellas optan cada vez más por la izquierda. La diferencia de Francia con respecto a otros países —como España o Alemania— es que, en su conjunto, las cohortes más jóvenes se han ido más hacia la izquierda. En este caso, Marine Le Pen logra penetrar con mucha más facilidad entre los mayores y el espacio juvenil es ocupado por el Nuevo Frente Popular (en las elecciones asamblearias de 2024) o LFI (en las europeas de ese mismo año). 

Asimismo, la brecha es bastante más pequeña en comparación, lo que juega en favor de la transversalidad del insumiso. En Alemania, las elecciones federales de 2025 dejaron una brecha clarísima en AfD: entre los votantes de 18 a 24 años, el 25,2 % de los hombres optaron por este partido, pero ese porcentaje solo llega al 12,6 % en el caso de las mujeres. En Die Linke, la diferencia fue incluso mayor, pero en el otro sentido: la distancia entre hombres y mujeres en esa franja de edad se disparó a un +19,5 % de mujeres (37,1 % en total). 

La diferencia de Francia con respecto a otros países —como España o Alemania— es que, en su conjunto, las cohortes más jóvenes se han ido más hacia la izquierda.

En cuanto a España, la brecha de hombres y mujeres en intención de voto a Vox es de 4,5 puntos según el último barómetro de 40dB. Entre los jóvenes (18-24) se dispara al 11,6 % (29,1 % de intención de voto en hombres y un 17,5 % en mujeres), una distancia que se amplifica hasta el 15,3 % en la siguiente franja de edad, de los 25 a los 34 años. 

En Francia, en cambio, LFI obtuvo en las europeas de 2024 un 23 % entre las mujeres menores de 35 años y un 18 % entre los hombres: cinco puntos de diferencia. Existe brecha, pero es sensiblemente menor que en los casos alemán y español.

Entonces, ¿por qué los jóvenes franceses prefieren a Mélenchon? Una de las principales causas que detecta la literatura académica es la del atractivo de los partidos antiestablishment. Buena parte de la carrera del insumiso ha consistido en ofrecer una ruptura con la alternancia ideológica francesa —algo que, en cierto modo, también hizo Macron— a una generación lastrada por distintas crisis desde hace décadas. Anne Muxel, investigadora emérita del CNRS francés, habla de una «crisis permanente» en la cual partidos radicales tienen un terreno especialmente fértil.

Consciente de este nicho, Mélenchon lleva tiempo hablando de la «nueva Francia» (nouvelle France) como parte de su argumentario. Esta nueva forma de entender la nación, más multicultural, abierta, diversa y enfrentada a la «Francia eterna» de la derecha radical, parece haber encajado con un cierto sentir generacional. Pero limitarse a optimizar una parte del electorado puede ser, al mismo tiempo, la mejor y la peor opción para LFI.

Una pelea por el centro y la realidad de la segunda vuelta

Mélenchon nunca había estado tan fuerte a siete meses de unas elecciones presidenciales. Y lo cierto es que lleva años preparando un terreno político específico: el del enfrentamiento directo con Marine Le Pen. El «nosotros» contra el «ellos» que ha definido una gran parte de su carrera puede concentrarse en esa segunda vuelta. Sin embargo, para alcanzar ese balotaje, podría ser necesario que Mélenchon presente una imagen diferente a la que requeriría para vencer a Le Pen. Expliquémoslo con detenimiento.

Uno de los motivos que empujan a la cautela a los comentaristas franceses es que, en realidad, aún no tenemos claro quiénes disputarán la primera vuelta. Las dudas están entre el centroizquierda y el centroderecha. A un lado, el Partido Socialista y Plaza Pública —la plataforma del eurodiputado Raphaël Glucksmann— están inmersos en un proceso de primarias atípico, del que no se sabe qué candidato (o candidatos) pueden surgir. Incluso François Hollande apunta a tener posibilidades de sumarse a la carrera.

Para alcanzar ese balotaje, podría ser necesario que Mélenchon presente una imagen diferente a la que requeriría para vencer a Le Pen.

En el centroderecha, la historia es parecida. El delfín de Macron y ex primer ministro, Gabriel Attal, no desiste en su intentona de representar al macronismo. La alternativa para este espacio está en el líder de Horizons y también ex primer ministro, Édouard Philippe. A su derecha también hay dudas, con nombres clásicos como el de Bruno Retaillaeu (Les Républicains) o Éric Zemmour (Reconquête).

Es por este baile de nombres por lo que las encuestadoras manejan distintos escenarios cuando preguntan por las presidenciales. Aunque conviene recordar que los juegos partidistas tienen más importancia que el potencial electoral a la hora de definir candidatos. En la carrera presidencial de Mélenchon, los escenarios de un centroderecha fragmentado son más beneficiosos. En este momento, solo Philippe parece capaz de disputarle el pase al enfrentamiento con Le Pen, aunque la configuración del centroizquierda también puede lastrar al insumiso.

Para entender el buen momento de Mélenchon, se puede acudir al precedente de sus otras carreras presidenciales. A estas alturas de sus dos últimas campañas presidenciales estaba bastante peor situado. En septiembre de 2016, Ipsos le daba entre un 11,5 % y un 13 % de los votos; acabó logrando un 19,58 %. Cinco años después, en septiembre de 2021, apenas llegaba al 8,5 % y terminó las elecciones con un 21,95 %, a poco más de un punto de Marine Le Pen. Ahora parte de una posición sensiblemente mejor: Ipsos lo sitúa entre el 15,5 % y el 17 %, mientras Cluster17 eleva su apoyo hasta el entorno del 20 %. Las dos últimas campañas dejaron una constante: Mélenchon creció con fuerza a medida que se acercaba la primera vuelta y una parte de la izquierda concentraba su voto en la candidatura con mayores posibilidades.

Ahí puede estar una de las claves de 2027. La gran encuesta electoral de Ipsos, CEVIPOF y la Fondation Jean-Jaurès, con más de 11.000 entrevistados, divide actualmente a la izquierda francesa en cuatro grandes familias. La más interesante para Mélenchon es la del llamado «voto útil a la izquierda», que representa un 32% del electorado de izquierdas y alrededor de un 9 % del conjunto de los franceses. No es un grupo propiamente insumiso, pero en 2022 un 74 % acabó votando a Mélenchon. Dos años después, en las europeas, solo un 33 % eligió a LFI.

A estas alturas de sus dos últimas campañas presidenciales estaba bastante peor situado. En septiembre de 2016, Ipsos le daba entre un 11,5 % y un 13 % de los votos; acabó logrando un 19,58 %.

Esa volatilidad puede ser uno de los principales problemas para Mélenchon. Este grupo comparte buena parte de sus posiciones económicas —un 83 % apuesta por una mayor redistribución y un 80 % por un mayor control estatal sobre las empresas—, pero se aleja de él en las formas. Esta ha sido una de las críticas habituales tanto en la prensa como, incluso, entre los aliados de LFI. Un 73 % prefiere dirigentes capaces de alcanzar compromisos con sus adversarios, frente al 44 % del núcleo insumiso. Son también jóvenes, urbanos y muy formados. Es el electorado que puede empujar a Mélenchon hacia la segunda vuelta, pero también el que más fácilmente puede buscar otra candidatura si considera que tiene opciones.

Y si llega, ¿qué?

Si Mélenchon consigue optimizar su espacio ideológico y la tendencia de otros años se repite, llegará a segunda vuelta. Pero sus problemas entonces serán otros. Una encuesta de Elabe de finales de agosto medía un hipotético enfrentamiento entre Le Pen y Mélenchon en un 69,5%-30,5%. Es una diferencia abismal. 

Las transferencias señalan que uno de cada dos votantes socialistas y seis de cada diez electores del centro se abstendrían en ese escenario, y solo uno de cada tres socialistas se inclinaría entonces por Mélenchon. En el espacio de la izquierda, muchos lamentarían que, si desde posiciones insumisas se ha llegado a votar a Macron para impedir una presidencia lepenista, no ocurra la misma transferencia en el otro sentido. Asimismo, cabe recordar el resquemor que existe en la izquierda cuando, tras la victoria del Nuevo Frente Popular en 2024, Macron rechazó entablar negociaciones para nombrar a un primer ministro del NFP. Al final, el presidente optó por apoyarse indirectamente en el beneplácito de Le Pen cuando comenzaron a desfilar primeros ministros.

La estrategia del partido y del propio Mélenchon se ha basado en construir un electorado joven, urbano y muy movilizado que hoy le permite competir por una plaza en la segunda vuelta desde una posición mejor que en sus anteriores intentos. Para llegar al Elíseo, sin embargo, tendría que sumar a una parte de la izquierda que comparte muchas de sus prioridades, pero mantiene distancias con su forma de hacer política, y después buscar apoyos todavía más lejos. La primera de esas tareas ya estuvo cerca de conseguirla en 2017 y 2022. La segunda sigue siendo la gran incógnita de su candidatura.

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por Jorge de Diego Hurtado

Politólogo, analista electoral y cinéfilo cuando me dejan. Cofundé El Tablero Político y ahora trabajo también en Agenda Pública. Antes, merodeé por Bruselas.

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