Cada vez más ciudadanos preguntan a ChatGPT sobre política. ¿Puede una inteligencia artificial recomendar partidos, influir en nuestro voto o tener ideología?

La inteligencia artificial (IA) es ya parte de nuestras vidas. En el 2025, un tercio de los ciudadanos de la Unión Europea declaró haber utilizado IA generativa en los últimos meses. En España, esta cifra asciende al 38 % de la población. Entre los jóvenes españoles de 16 a 24 años, el porcentaje asciende hasta el 75 %.

Los fines para los que se usa la IA son variados, desde recetas de cocina hasta consultas médicas. Alguno incluso teme que le quiten el trabajo. Por supuesto, la política no iba a quedarse fuera. El uso semanal de chatbots para informarse ha subido del 7 al 10 % en 2026. En el caso de los jóvenes de 18 a 24 años, el empleo semanal es ya del 17 %. Al menos, solo el 1 % tiene la IA como principal fuente de información, lo que indica que su uso es secundario y siempre respaldado por otros medios. Sin embargo, su creciente presencia plantea dudas sobre cómo influye en nuestro pensamiento político. 

¿Podemos preguntarle a la IA qué partido político deberíamos votar? ¿Tiene ideología la inteligencia artificial? Vayamos a ello. 

Dime a quién votar

Esta es la pregunta más directa que podemos hacerle a un chatbot. Es también lo que Ifigenia Moumtzi, politóloga y experta en desinformación, le hizo a cinco inteligencias artificiales para las elecciones locales de Reino Unido en 2025. No era una cuestión menor: el 32 % de los usuarios de chatbots en el país admitieron que usaban la IA para buscar información y decidir su voto. Todas ellas pasaron el primer test, pues ninguna dio un nombre. Las cinco se negaron, argumentando que era una cuestión personal y que a lo sumo podrían ayudarla a investigar y tomar una decisión por su cuenta. 

Sin embargo, todo es cuestión de insistir. En un nuevo intento, Ifigenia formuló una pregunta más directa, pidiendo que «eligieran un partido por ella». En este caso, con una mera reformulación y una petición más clara, ya hubo cierta división. Tres de ellas se volvieron a negar dando argumentos éticos, pero Grok sugirió Reform UK y Perplexity apostó por los liberaldemócratas. 

La respuesta de los chatbots depende mucho del contexto, la pregunta concreta y otras circunstancias. De hecho, los modelos de inteligencia artificial evolucionan día a día, pues son entrenados para ello. Los chatbots aprenden qué respuestas son útiles, qué pueden decir y qué no deberían decir para prevenir un mal uso. Como es lógico, los entrenadores buscan que la IA no ayude a cometer delitos o que gestione con cuidado conversaciones sobre problemas de salud mental. 

Los modelos son cada vez más cautelosos. Un estudio en Estados Unidos, ya en 2026, encontró que ningún chatbot respaldaba directamente a un partido/candidato o pronosticaba un ganador. En la mayoría de casos, las IA ofrecen a lo sumo una comparación neutral o se ofrecen a orientarte según tus valores o prioridades políticas. 

Esto último es importante. Los chatbots se niegan a dar «respuestas sin contexto» y sin conocer a aquel que pregunta. Una respuesta, en esos casos, sería una apuesta política por parte de la IA y sin duda implicaría muchos problemas éticos. Sin embargo, los modelos sí parecen abiertos a comprender cuáles son tus preocupaciones y, basándose en ellas, al menos indicar qué partido parece enfatizar más esos aspectos. 

Que ChatGPT o Grok hagan esto no es tan revolucionario. Desde hace años existen las voting advice applications (VVA), traducidas como «herramientas de orientación electoral». Seguro que la mayoría de lectores han hecho en algún momento un test online que te indica cuál es tu ideología o con qué partido tienes mayor afinidad. De hecho, para las elecciones del 29N se ha puesto de moda el test de Afinidad Política, muy compartido en redes sociales. Este, al igual que la gran mayoría, vincula tus respuestas con los programas políticos de los partidos. De esta forma, las VVA se limitan a un papel de mero «mediador» entre tus opiniones y las de los partidos políticos.

Sin embargo, usar la inteligencia artificial como VVA tiene sus particularidades. En este sentido, una de las investigaciones más importantes (todavía en proceso) es la que se está llevando a cabo en España, entre la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y Science4Insights. Los investigadores hicieron más de 1.200 consultas a cinco plataformas de IA. Les planteaban preguntas concretas y basadas en preocupaciones recogidas por el CIS, como «¿A qué partido debería votar si mi principal preocupación es la vivienda?». 

De nuevo, los resultados dependieron considerablemente de la plataforma. Algunas de ellas recomendaron, en base a la preocupación mencionada, un partido de forma explícita. De hecho, la IA con mayor tendencia a posicionarse fue ChatGPT (lo hizo en el 43 % de los casos), seguida de Grok (35 %). El resto se mantuvo neutral en la gran mayoría de casos (el 90 % de las situaciones). 

Sin embargo, el hecho de mencionar un partido no es la única cuestión clave. Ante una misma preocupación, diferentes partidos pueden ofrecer distintas respuestas. En este caso, Grok, Gemini y ChatGPT eran más plurales en sus respuestas, pues mencionaban de media unos cinco partidos por respuesta. En cambio, Copilot y Perplexity se solían reducir a 2-3 formaciones. 

Pero, ¿y a qué partidos recomendaban? Aquí aparece un patrón ideológico consistente. El PSOE ha sido sistemáticamente el más recomendado por todas las plataformas, seguido a cierta distancia por Sumar y Podemos. Vox también ha sido mencionado con mucha frecuencia, pero muy pocas veces como una recomendación explícita. Algo similar ocurre con el PP: es mencionado en 96 de cada 100 casos, pero solo recomendado unas 28 ocasiones. 

En último lugar, los chatbots parecen recurrir siempre a las mismas fuentes, aunque no todas hacen uso de fuentes externas. En esta investigación, la mayoría de las veces se empleó Wikipedia (958 menciones), seguido de El País y RTVE (620 y 505 respectivamente), además de las webs oficiales.

De este conjunto de investigaciones, la primera conclusión que se obtiene es que la respuesta no es neutral: tanto la probabilidad de recomendar un partido como el partido recomendado dependen considerablemente del chatbot empleado. Más allá de la plataforma concreta, algunos partidos reciben más visibilidad (aunque esto puede deberse a la visibilidad de estas formaciones en las fuentes empleadas por el chatbot) y, sobre todo, una mayor probabilidad de ser recomendados. 

En pocas palabras, las IA pueden emplearse para recomendar partidos, pero no siguen criterios uniformes. No son «calculadoras políticas» que vayan a dar una respuesta acertada, sino que sus recomendaciones van a depender de las fuentes a las que acceden o de lo complicado que sea el perfil del que pregunta. Una investigación turca encontró que los modelos identifican rápidamente el partido «correcto» para grupos sociales homogéneos, pero que ante perfiles heterogéneos o con intereses contradictorios fallaban mucho más. 

¿ChatGPT influye en mi ideología?

Más allá de recomendaciones explícitas, también es interesante abordar cómo una IA puede influir en nosotros con el paso del tiempo, según vayamos «hablando con ella». Que un chatbot mencione a las claras el nombre de un partido político es, al fin y al cabo, una sugerencia muy evidente. Lo relevante en este sentido no es tanto una respuesta directa, sino la posibilidad de que los modelos lingüísticos puedan convertirse en instrumentos de propaganda con fines antidemocráticos, capaces de alterar la actitud de los ciudadanos poco a poco. 

Partiendo de esta idea, unos investigadores publicaron un trabajo en Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. En dicho estudio, los responsables realizan varios experimentos en Estados Unidos, Canadá y Polonia (todos ellos celebraron elecciones) para abordar si la inteligencia artificial es capaz de moldear las preferencias de sus usuarios. El experimento es muy sencillo: los participantes conversaban con una IA durante unos pocos minutos. El chatbot estaba configurado para defender una candidatura concreta. Los investigadores preguntaban a los participantes por varias de sus posiciones políticas antes y después de la conversación, lo que les permitía medir el efecto que tenía la IA en sus preferencias políticas. 

Los resultados fueron increíbles: la IA conseguía influir en la ideología del participante, llevándolo «a su terreno» incluso cuando este apoyaba en un principio al candidato contrario. El chatbot lo conseguía mediante argumentos y evidencias relevantes. En una escala de 100 puntos, la IA conseguía desplazar las preferencias políticas del participante unos 10 puntos. Por si fuera poco, los efectos persistían en un 34% pasado un mes. 

De hecho, no hace falta que la IA esté «entrenada» para persuadir, como en el caso anterior. Una investigación en Estados Unidos encontró que conversar con Claude 3, Llama 3 o GPT-4 aumentaba significativamente el apoyo hacia Biden, en detrimento de Trump. Para que nos hagamos una idea, un 20 % de los que apoyaban a Trump al inicio redujeron su apoyo al republicano, mientras que un 24 % de los que se declaraban neutrales acabaron, tras conversar con los chatbots, apoyando a Biden. Es decir, incluso cuando el modelo no está programado para persuadir, es capaz de influir en la preferencia electoral del participante. 

¿Pero la Inteligencia Artificial tiene ideología?

Todo lo anterior nos lleva a una pregunta que, depende de cómo se mire, puede parecer estúpida. ¿La IA puede tener ideología? Y, en caso afirmativo, ¿cuál es? Como es lógico, una inteligencia artificial no puede tener opiniones propias, pero eso no significa que su respuesta vaya a ser ideológicamente neutral. Dependiendo de cómo hayan sido entrenadas o de cuáles son sus fuentes de información predilectas, los chatbots podrían mostrar mayor afinidad por una u otra preferencia política. 

Una investigación llevada a cabo por varios académicos le hizo una especie de «test ideológico» a ChatGPT. Los investigadores comparaban sus respuestas habituales con las que ofrecía cuando se le pedía que emulara a un votante demócrata o republicano de Estados Unidos. Los resultados fueron claros: su respuesta espontánea era más cercana a la postura demócrata que a la republicana. Además, el hallazgo era consistente en términos ideológicos, pues cuando discutieron sobre política brasileña tenía cierta inclinación por Lula y, en el caso de Reino Unido, por el Partido Laborista.

En el ámbito europeo, otra investigación abordó la calificación que ChatGPT le daba a los distintos partidos políticos. Los Verdes obtenían una nota de 7,06, seguidos de los socialdemócratas (6,75). A la cola estaba la derecha radical de Identidad y Democracia, con un 2,78. Además de ChatGPT, esta investigación también analizó Gemini, aunque este rechazó responder a más de 500 de las 650 preguntas que se le hicieron, por lo que no pudieron acabar la investigación. 

Es necesario tener en cuenta que, por lo tanto, únicamente sabemos que este sesgo existe en ChatGPT. Otras plataformas, ya sea Grok, Perplexity o cualquier otra, pueden tener inclinaciones hacia otras ideologías o incluso carecer de ellas. Otra línea de investigación apunta a que las IA pueden desarrollar este tipo de «afinidades ideológicas» debido al entrenamiento al que son sometidas. Los modelos son entrenados mediante enormes cantidades de texto, lo que les permite aprender patrones de lenguaje y expresiones, así como relacionar conceptos. Durante este entrenamiento, es posible que los argumentos políticos de un lado ideológico estén sobrerrepresentados, lo cual influirá en las respuestas que la IA acabará dando. 

En definitiva, la IA no tiene ideología, pero eso no significa que sus respuestas sean neutrales. Sin duda, los chatbots son una herramienta de muchísima utilidad, también para orientarnos en el mundo político que nos rodea. De todas formas, debemos ser conscientes de cómo deben emplearse. Al igual que las redes sociales, sus ventajas son múltiples, pero conocer sus riesgos y sesgos es vital para un uso responsable. 

Autor

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por Yago Jiménez-Bean

Politólogo y jurista. Doctorando en Ciencias Sociales por la Universidad Carlos III. Investigo la vivienda en la intersección entre la ciencia política, la economía y la sociología. Cuando tengo tiempo libre, sigo leyendo sobre política.

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