Un ataque al petróleo saudí disparó el precio del barril y reabrió el miedo energético: el oleoducto funciona, pero Ormuz sigue bajo presión global.

Desde que comenzó el conflicto entre Estados Unidos e Irán el pasado febrero de 2026, la sucesión de ataques en Oriente Próximo no ha cesado. Entre intentos de alto al fuego y negociaciones de paz, ninguno de los dos bandos se ha contenido a la hora de castigar al adversario. 

Esta realidad arrastra al mundo hacia una crisis económica que, si bien parecía no poder agravarse más, dio un giro en el último mes. El pasado 10 de septiembre, se produjo uno de los ataques más graves contra la infraestructura petrolera saudí. Un ataque con drones dañó severamente algunos de los enclaves más importantes de la infraestructura energética del país de los Saúd.

En consecuencia, la monarquía anunció el cierre preventivo de su famoso oleoducto Este-Oeste, movimiento que sacudió todos los mercados de la energía. Pero, ¿por qué este oleoducto es tan importante como para marcar un antes y un después en este conflicto?

¿Por qué son tan importantes estos ataques al petróleo?

El 10 de septiembre, las regiones de Riad y Medina fueron atacadas por drones en medio del contexto de la guerra entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán. Los daños a la infraestructura petrolera pusieron en alerta al gobierno saudí, que cerró su oleoducto Este-Oeste. Este era el enésimo golpe al petróleo desde que empezaron las hostilidades, pero la reacción de los mercados, con un aumento significativo del precio del barril, fue mucho mayor. La pregunta es, ¿por qué este cierre asustó tanto a los mercados? La respuesta es bastante sencilla si nos paramos a mirar un mapa: 

Esa línea roja que atraviesa toda la península arábiga es el famoso oleoducto Este-Oeste. Pero lo importante no es su existencia, sino el papel que cumple. Esta tubería kilométrica permite a Arabia Saudí mover 5 millones de barriles al día desde su costa este hasta la oeste. 

¿Por qué tomarse esta molestia pudiendo exportar todo el crudo a través del mar? Precisamente porque la costa este de Arabia Saudí solamente tiene una forma de conectarse con el resto del mundo: el estrecho de Ormuz. Si han leído las noticias últimamente, sabrán que este es el punto más caliente del planeta ahora mismo, sometido a un bloqueo naval americano e iraní simultáneamente. Por lo tanto, poder sacar el crudo del país a través del Mar Rojo, en vez de por el Golfo Pérsico, garantizaba el suministro de lo que supone alrededor del 4 % de todo el petróleo mundial.

Ese volumen de crudo debía pasar ahora necesariamente por Ormuz para poder llegar al resto del mundo. Evidentemente, los mercados no tardaron en reaccionar.

El cierre del oleoducto supuso que ese volumen de crudo debía pasar ahora necesariamente por Ormuz para poder llegar al resto del mundo. Evidentemente, los mercados no tardaron en reaccionar y durante la sesión del día el precio del barril llegó a alcanzar los 109$, aunque cerró por encima de los 105$. Si ha ido a rellenar el depósito del coche, ya se habrá dado cuenta. Ahora bien, hay otros factores que hacen que este ataque sea diferente a los demás y que explican la reacción de los mercados.

Bombardean Arabia Saudí, pero… ¿Quién ha sido?

Normalmente, este tipo de ataques tienen un impacto mediático y social de amplio alcance, lo que suele reivindicarse como una victoria por sus perpetradores. Sin embargo, a día de hoy se sigue sin saber exactamente quién es el verdadero responsable. Trump, después de admitir que Estados Unidos no sabía exactamente quién había lanzado los drones, acusó a las milicias pro-iraníes de Irak de ser las responsables. No obstante, desde Teherán niegan esta realidad. Cuando nadie reivindica un ataque como este, las especulaciones se disparan. Y existen varias posibilidades que explican esta falta de autoría.

Una de ellas podría ser que no se midió del todo el posible impacto de los ataques y, viendo las consecuencias del mismo y su resultado negativo en la vida diaria de muchas personas, puede que el perpetrador piense que reivindicarlo dañaría su imagen internacional y sus apoyos. 

Tampoco puede descartarse un ataque de falsa bandera o un autosabotaje. Si bien parece absurdo que el bando americano sea el responsable (dado el perjuicio para su economía), la subida del precio del barril podría empujar a ambos bandos y terceros actores a apoyar un fin del conflicto. De hecho, tras los ataques, ya el propio régimen de los ayatolás apuntó esta posibilidad.

La tercera opción es que Teherán diga la verdad y que no hayan sido sus milicias iraquíes, pero que sí venga de alguno de sus aliados. Estos, ante una posible represalia por parte de Estados Unidos, podrían tener miedo de reivindicarlo. 

Las investigaciones se han sucedido y los últimos trabajos apuntan a operativos de la Guardia Revolucionaria iraní y a los hutíes, con apoyo además de células iraquíes. Según los investigadores, los responsables habrían entrado desde Irán y lanzado los drones desde el sureste de Irak. Sin embargo, todavía no hay una confirmación oficial definitiva. 

Sea como fuere, parece que esta incógnita será difícil de resolver a corto plazo y quién sabe si algún día llegaremos a saberlo a ciencia cierta. Lo que sí que podemos saber ya es cuál está siendo el impacto de estos movimientos en los bolsillos de los ciudadanos. Por desgracia, dibujan un invierno muy poco halagüeño para la población.

Apriétense los cinturones

Vivir en un mundo globalizado tiene cosas maravillosas y muy enriquecedoras, ya sea a nivel económico, social o cultural. Sin embargo, también tiene contrapartidas muy significativas. Una de ellas, y la más importante, es la escala global de las cadenas de suministro. Por si alguien no se había dado cuenta, en España no hay muchas refinerías de crudo que digamos, y todavía menos yacimientos petrolíferos, lo que nos hace dependientes del mercado internacional. 

Sin embargo, hay una buena noticia: Arabia Saudí reabrió el oleoducto el 22 de septiembre y el 28 se restablecieron las exportaciones de petróleo por dicha vía. Recuperar la infraestructura permite que el país saque el petróleo sin depender de Ormuz, aliviando un problema de suministro que ya estaba afectando negativamente a la economía.

Ahora bien, la reparación del oleoducto no supone la resolución definitiva de la crisis. Aunque las exportaciones se han recuperado, los ataques a petroleros siguen amenazando las rutas marítimas. Como se ha señalado antes, el precio del barril de Brent sigue por encima de los 100 dólares, lo que contribuye a mantener elevados los precios de los combustibles. Aunque las recientes rebajas fiscales han aliviado el coste de repostar, los últimos datos semanales sitúan el precio medio de la gasolina en 1,849 euros el litro y el del diésel en 1,917 euros en España.

Por supuesto, la cosa no acaba aquí, dado que también debemos tener en cuenta el impacto indirecto. Lo anterior implica una presión sobre el precio del transporte, incluido el de mercancías. Eso puede traducirse en un aumento generalizado de los precios, como consecuencia del aumento en los costes de las empresas para poner sus productos en los estantes.

Además, si tenemos en cuenta que la inflación ya venía subiendo, los datos de septiembre confirman que la tendencia ha seguido al alza. En septiembre, en la eurozona se registró una tasa interanual de inflación armonizada del 3,8 %, mientras que en España alcanzaba el 4,9 %. Según las estimaciones adelantadas de septiembre, estas cifras han aumentado hasta el 3,8 % y el 5,0 %, respectivamente.

A estas tensiones se suma la previsión del aumento de la demanda energética con la llegada del invierno al hemisferio norte. Dicha expectativa puede ejercer una presión adicional sobre los precios, especialmente si persisten las dificultades de suministro. Además, la guerra de Irán también está comprometiendo el suministro global de gas natural licuado, puesto que algunos de los principales productores y exportadores se encuentran en la región, como es el caso de Catar. 

Las crisis en materia energética, al igual que todas, tienen impactos distintos en función de la economía de los hogares. De nuevo, las rentas más bajas se llevarán el golpe más fuerte. No solo por el aumento de los costes, sino porque son este tipo de familias las que muestran mayores vulnerabilidades. Personas con contratos de alquiler o propietarios de viviendas viejas sin capacidad de reforma son las que habitan domicilios peor aislados y menos eficientes energéticamente. También aquellos con contratos de luz indexados acabarán recibiendo inmediatamente el impacto de la subida en sus facturas, mientras que aquellos que tengan contratos con precios fijos no notarán la diferencia hasta que los renueven. 

Ahora, los gobiernos se preparan para afrontar lo que se prevé, un invierno difícil a nivel económico y sobre todo energético. La administración Trump incluso planteó la prohibición de las exportaciones de diésel durante 90 días, pero finalmente el 2 de octubre el G7 acordó liberar 100 millones de barriles de crudo y diésel de sus reservas y evitar restricciones a las exportaciones energéticas. La Agencia Internacional de la Energía aclaró el 7 de octubre que se aceleraría la entrega de reservas ya comprometidas, dando prioridad al diésel para aliviar las dificultades de suministro. 

La solución pasa por una respuesta común europea y que se centre en seguir desplegando una estrategia común de independencia y autonomía energética.

La guerra en Irán ha demostrado de nuevo la fragilidad del mercado, no solo del petróleo, sino del energético al completo. También la fragilidad de la propia región. La maniobra de Estados Unidos para prevenir un movimiento unilateral israelí contra los iraníes se ha revelado un enorme fracaso para el presidente Trump, que, no nos olvidemos, tiene que afrontar unas nuevas elecciones de medio término en noviembre de este mismo año. Sin embargo, ahora son los gobiernos europeos los que tienen que afrontar las consecuencias del último de los desmanes de su «aliado» norteamericano. Necesariamente, la solución pasa por una respuesta común europea y que se centre en seguir desplegando una estrategia común de independencia y autonomía energética.

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por Nicolás Ortiz Isabel

Internacionalista y politólogo (en proceso) graduado en la Universidad Carlos III de Madrid. Siempre ando hablando de actualidad y preguntándome el porqué detrás de las cosas. Toda la vida escribiendo artículos, ahora también los publico.

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