Alemania afronta su tercera prueba electoral de septiembre con los democristianos en horas bajas y la AfD y Die Linke al borde de hacer historia.

Por lo general, las elecciones regionales alemanas no acaparan portadas fuera de Alemania. Pero este domingo 20 de septiembre no es una cita cualquiera, pues llega apenas dos semanas después de que la Alternativa para Alemania (AfD) lograra en Sajonia-Anhalt su mejor resultado histórico en una gran elección, duplicando su apoyo hasta el 43,8 % y dejando a la CDU del canciller Friedrich Merz reducida a la mitad. Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental no van a decidir quién gobierna a nivel nacional, pero sí van a decidir si Merz llega con algo de oxígeno a las semanas siguientes o si su cancillería entra en cuidados intensivos.

Marz, de nuevo a gestionar el desastre

El precedente de Sajonia-Anhalt fue un golpe especialmente duro para los democristianos. Alice Weidel, líder de AfD, llegó a decir que esperaba la destitución de Merz y elecciones federales antes de Navidad. 

Aunque el canciller descartó cualquier cambio de rumbo, el problema es que el shock no solo no se ha disipado, sino que sus números solo han empeorado. El 78 % de los alemanes cree que lo está haciendo peor de lo esperado, hasta el punto de que el canciller solo cuenta con un 14 % de aprobación. De hecho, tiene en contra a más de la mitad de su propio electorado de la Unión (CDU/CSU). El único respiro reciente llegó el 14 de septiembre, cuando la CDU ganó las municipales de Baja Sajonia, aunque la AfD también avanzó con fuerza y forzó una segunda vuelta en la ciudad natal de la empresa Merz, en Salzgitter.

Bajo la superficie, el descontento en su propio grupo parlamentario ya no es un rumor. Algunos periódicos apuntan que una treintena de diputados del grupo conjunto CDU/CSU-SPD (de un total de 208) contemplan romper la coalición y virar hacia un gobierno en minoría, con cambio de canciller incluido. Tan mal pintan las cosas que el propio Merz se prepara para pedir un voto de confianza a la cúpula de su partido el mismo domingo de la elección, lo que da la medida de cuánto se juega Merz en dos länder que, en teoría, no le corresponden a él.

La batalla de Mecklemburgo-Pomerania Occidental

El estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental es uno de los últimos bastiones del SPD en el este del país. Tras casi tres décadas de gobiernos encabezados por los socialdemócratas, la AfD amenaza con hacerse con el control del land.

Los sondeos sitúan a Leif-Erik Holm (AfD) a la cabeza del promedio de encuestas con en torno al 37 % de los votos. Esto supondría más que doblar sus resultados de 2021. Sin embargo, los socialdemócratas de la ministra-presidenta Manuela Schwesig consiguen mantenerse a apenas dos puntos de distancia. A su vez, sus socios de gobierno, Die Linke, lograrían mantenerse en torno al 10 %.

El resto del tablero explica por qué el resultado final es tan incierto. Los Verdes rondan justo el umbral del 5 % necesario para entrar al parlamento; el BSW queda por debajo, y la CDU se hunde hasta un mínimo histórico del 6-7 %, muy lejos del 13,3 % de 2021 y del 38 % con el que arrancó en 1990.

Así las cosas, todo apunta a que Schwesig podría gobernar si logra hacerse con el apoyo de la CDU o, en caso de que logren mantenerse, los Verdes.

¿Puede Die Linke ser primera fuerza?

En Berlín, la crisis de la CDU tiene nombre y apellido: Kai Wegner. El alcalde gobernador dimitió como candidato en julio, tras meses de crítica por su gestión de un sabotaje a la red eléctrica el 3 de enero que dejó a decenas de miles de hogares sin luz durante días, después de que se revelara que pasó parte de la primera jornada de la crisis jugando al tenis. En su lugar, el senador de Finanzas Stefan Evers asumió la candidatura y calificó los comicios de «elección del destino» para su partido.

Ese vacío ha coincidido con el ascenso de Elif Eralp, la candidata de Die Linke. Jurista, diputada desde 2021 y con familia de origen turco llegada como activistas sindicales, Eralp ha construido su campaña en torno a la vivienda y el encarecimiento de los alquileres, apuntando directamente al electorado joven.

Los sondeos reflejan el impacto, con Die Linke primera con el 19,8 %, seguida muy de cerca por la CDU (19,6 %), con la AfD tercera cerca del 18 % (prácticamente el doble de su resultado de 2023) y un SPD que se desploma hasta el 12,9 %, lejos del 18,4 % de hace tres años.

La proyección de escaños agrava el problema para el Gobierno saliente, pues la suma CDU-SPD se quedaría en apenas el 37,7 % de los escaños, insuficiente para revalidar la coalición. Sin embargo, una hipotética alianza rojiverde-roja entre SPD, Verdes y Die Linke sí sumaría mayoría en las encuestas, si bien el SPD berlinés se resiste todavía a asumir la exigencia de sus socios de avanzar en la expropiación de vivienda.

Si las encuestas se confirman, Eralp se convertiría en la primera alcaldesa gobernadora procedente de Die Linke en la historia de Berlín y, de paso, devolvería al Rotes Rathaus (el ayuntamiento que debe su nombre a sus ladrillos rojos, no a su color político) un inquilino que sí lleva el rojo en las siglas.

Tres preguntas para el domingo

Aún no hay resultado, así que lo que queda es enumerar lo que el domingo tendrá que responder.

La primera: ¿sobrevive Merz a su propio partido? Con una treintena de diputados sopesando romper la coalición y un voto de confianza interno convocado para la misma jornada electoral, un mal resultado en cualquiera de los dos länder podría precipitar exactamente el escenario que la cúpula de la CDU lleva semanas negando en público.

La segunda: ¿aguantará Schwesig el embate de la AfD? Un margen de solo dos puntos en las encuestas no garantiza nada, pero si el voto útil vuelve a activarse como en Sajonia-Anhalt, Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría convertirse en el ejemplo que la izquierda alemana necesita de que la AfD todavía se puede parar con un candidato lo bastante popular.

La tercera: ¿hace historia Die Linke en Berlín? Ganar la capital sería, con diferencia, el mayor triunfo del partido en una década, y convertiría a Eralp en un referente nacional de una izquierda que hace apenas dos años parecía condenada a la irrelevancia parlamentaria. Lo que está claro es que, gane quien gane, ninguno de los grandes partidos tradicionales saldrá del domingo exactamente como entró.

Autor

Hola 👋
¿Otra partida?

Únete para no perderte ninguno de los movimientos del juego.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

por Iván Sánchez Marañón

Investigador FPU en el Departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad de Navarra. Máster en Ciencia Política y Comportamiento Político en la London School of Economics and Political Science. Interesado en el comportamiento electoral, la opinión pública y la comunicación política.

Deja una respuesta