El conflicto entre EE. UU., Irán e Israel deja un mundo en crisis y mucho más inseguro, con una crisis económica que todavía no ha tocado techo. Pero hay quien se ha beneficiado de forma clara.

Tras semanas de intensos combates y amenazas mutuas, el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán ha entrado en una fase de tregua temporal. El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció un alto el fuego de dos semanas el 7 de abril, tras recibir una propuesta de tregua por parte de Irán. Este acuerdo, mediado por Pakistán y otros actores internacionales como China, Turquía y Egipto, busca evitar una escalada mayor y permitir negociaciones diplomáticas. 

El conflicto, que comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán, ha dejado miles de muertos, principalmente en Irán y Líbano, y ha afectado gravemente la economía global, especialmente el precio del petróleo y el transporte marítimo. La tregua actual es vista como un respiro, pero persiste el riesgo de que la guerra se reanude si no se alcanzan acuerdos definitivos. Pese a todo, hay muchos actores que se han beneficiado de este desastre socioeconómico. Este artículo pretende poner cara a aquellos que salen fortalecidos tras estas semanas que han hecho temblar al mundo y su economía. 

Las empresas armamentísticas 

RTX es la mayor empresa armamentística de EE. UU., con una valoración de 277.000 millones de dólares. Fabrica sistemas críticos como los radares PAC-3 para baterías antimisiles Patriot y los misiles Tomahawk, utilizados masivamente en los ataques contra Irán. El gobierno de Trump solicitó un aumento de producción de armas, lo que ha impulsado contratos millonarios para RTX, incluyendo uno por 2.700 millones de dólares para radares Patriot. Aunque sus acciones han fluctuado, la demanda de sus productos y la inyección de fondos militares garantizan ganancias récord a corto y medio plazo. 

Sus productos, como los cazas F-35, municiones de precisión y sistemas de radar, han sido esenciales en la campaña aérea sobre Irán.

Lo mismo ocurre con Lockheed Martin, el mayor contratista de defensa del mundo, el cual ha registrado máximos históricos en bolsa desde el inicio del conflicto. Sus productos, como los cazas F-35, municiones de precisión y sistemas de radar, han sido esenciales en la campaña aérea sobre Irán. La empresa se beneficia del aumento en los presupuestos de defensa de EE. UU. y sus aliados, que ahora enfrentan menos obstáculos políticos para su aprobación. Así, las acciones de Lockheed subieron más del 4 % en los primeros días de la guerra. 

El resto de proveedores de petróleo

Rusia ha emergido como una de las mayores beneficiarias indirectas. El bloqueo del estrecho de Ormuz y la inestabilidad en el golfo Pérsico han disparado los precios del petróleo. Para intentar paliar la subida, EE. UU. ha levantado las sanciones a los petroleros rusos durante un mes, permitiendo a Moscú aumentar sus ventas de crudo a países como India en un 50 %. Se estima que Rusia podría obtener hasta 5.000 millones de dólares adicionales en ingresos por combustibles en 2026, aprovechando la escasez global para aliviar la crisis energética. Todo un balón de oxígeno para financiar la invasión a Ucrania. 

La demanda de petróleo y gas noruego y canadiense ha aumentado significativamente, permitiéndoles vender a precios más altos y fortalecer su influencia en el mercado energético global.

Sin embargo, no es la única: Noruega y Canadá se han convertido en proveedores alternativos clave de energía para Europa y Asia, reemplazando el suministro interrumpido del golfo Pérsico. La demanda de petróleo y gas noruego y canadiense ha aumentado significativamente, permitiéndoles vender a precios más altos y fortalecer su influencia en el mercado energético global. Este cambio no solo beneficia a sus economías, sino que también les otorga mayor peso en las negociaciones internacionales sobre seguridad energética.

El mediador

Pakistán ha aprovechado su relación histórica con Irán (con quien comparte una frontera de 900 km y lazos culturales y religiosos) y sus alianzas con EE. UU. y Arabia Saudita para posicionarse como un mediador neutral y efectivo. Desde el inicio de los ataques en febrero de 2026, Islamabad ha albergado negociaciones de alto nivel entre delegaciones de EE. UU. e Irán, incluyendo la cumbre del 10 de abril de 2026, donde se buscó consolidar el alto el fuego de dos semanas.

Este papel diplomático no solo ha elevado el perfil internacional de Pakistán, sino que también le ha permitido presentarse como un actor responsable y promotor de la paz, en contraste con la percepción de beligerancia de otros países involucrados.

Países como China y Arabia Saudita, agradecidos por su labor diplomática, podrían incrementar su apoyo financiero y técnico a proyectos clave en Pakistán.

Aunque Pakistán no es un beneficiario económico directo del conflicto (como lo son las petroleras o las empresas de defensa), su papel como mediador podría atraer inversiones y ayuda internacional. Países como China y Arabia Saudita, agradecidos por su labor diplomática, podrían incrementar su apoyo financiero y técnico a proyectos clave en Pakistán. Entre ellos estaría el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, corredores económicos y de mercancías planteados por China para realizar intercambios de libre comercio. 

Los gigantes tecnológicos

El conflicto ha disparado los ciberataques en un 130 %, especialmente contra infraestructuras críticas en EE. UU., Europa y Oriente Medio. Empresas como Palo Alto Networks y Bitdefender han visto un aumento en la demanda de sus servicios para proteger datos, sistemas y redes. Además, grupos hacktivistas proiraníes han atacado objetivos en Occidente, lo que ha obligado a gobiernos y empresas a invertir más en soluciones de ciberseguridad, beneficiando a proveedores como Secure&IT, que gestionó casi 340.000 alertas de seguridad en febrero de 2026.

Las grandes tecnológicas estadounidenses también han visto un aumento en la demanda de sus servicios de inteligencia artificial y análisis de datos para aplicaciones militares. Microsoft y Google, por ejemplo, colaboran con el Pentágono en sistemas como Maven, que utiliza IA para identificar objetivos en tiempo real. Nvidia, líder en chips para IA, también se ha beneficiado de la necesidad de procesamiento de datos en operaciones militares. Además, Irán ha amenazado con atacar infraestructuras de estas empresas, lo que subraya su importancia estratégica. 

La alternativa

Pero si hay un beneficiario claro de este conflicto, es la alternativa a EE. UU. Visto en perspectiva, este conflicto ha permitido a China avanzar en sus objetivos geopolíticos, aprovechando la distracción de Washington para consolidar su influencia en Asia y el sur global. La guerra ha debilitado la reputación de EE. UU. como actor internacional fiable, especialmente en regiones donde Pekín promueve su narrativa de «no intervención» y multilateralismo.

Esto refuerza su soft power y atrae a países que buscan equilibrar su relación con Occidente. Además, la atención de EE. UU. centrada en Oriente Medio reduce la presión sobre China en el Indo-Pacífico, donde su principal interés estratégico —Taiwán— queda menos vigilado. Pekín también ha intensificado su diplomacia activa, proponiendo planes de paz y manteniendo diálogos con Irán, Arabia Saudita y otros actores clave, lo que le permite posicionarse como un líder global responsable, en contraste con la percepción de beligerancia de Washington.

El caos en los mercados energéticos también le permite comprar petróleo a precios más bajos a proveedores alternativos, como Rusia.

En el ámbito económico, China ha minimizado los daños de la crisis energética gracias a su diversificación y preparación. Aunque es el mayor importador de petróleo del mundo y el bloqueo del estrecho de Ormuz afecta sus suministros, su apuesta por la electrificación (30 % de su consumo energético) y sus reservas estratégicas la protegen mejor que a otros países del alza de precios. Además, controla minerales críticos como las tierras raras, esenciales para la industria militar estadounidense, lo que le otorga poder de negociación en un contexto de tensión comercial.

El caos en los mercados energéticos también le permite comprar petróleo a precios más bajos a proveedores alternativos, como Rusia. A diferencia de Occidente, el impacto en su economía ha sido limitado: por ejemplo, el precio de la gasolina en China solo ha subido un 10 %, frente al 25 % en EE. UU. 

El elefante en la habitación

La gran pregunta es por qué no se incluye al gobierno de Donald Trump en esta lista de ganadores cuando no dejan de repetir que han ganado la guerra. El presidente de EE. UU. su entorno insisten en definirse como grandes negociadores, pero lo cierto es que la guerra con Irán ha afectado a la economía estadounidense mediante un alza en los precios de la energía y la inflación, con un aumento del 24 % en la gasolina en pocas semanas, restringiendo el consumo y limitando el crecimiento económico.

Pese a todo, hacer lecturas simplistas o unidireccionales puede hacernos emitir juicios de valor sesgados y, por tanto, erróneos. No hay que olvidar que esta tregua es extremadamente frágil, en especial por lo que concierne a Israel y su ocupación del Líbano, pero también que la reacción inmediata de EE. UU. ha sido la de aprobar medidas para fortalecer el sistema de registro ante la posibilidad de implementar el servicio de reclutamiento militar obligatorio. Porque quizás, además de la lectura geopolítica que intentamos hacer, también hay que hacer una segunda lectura en clave meramente doméstica de los EE. UU.

Hay que recordar que Trump ha cumplido con multitud de promesas electorales en apenas año y medio de mandato, haciendo virar al país hacia posturas mucho más conservadoras en todos los ámbitos. Podría ser que, pese a haber errado en el diagnóstico geoestratégico a la hora de atacar Irán, la administración Trump haya conseguido acelerar su programa político: unos EE. UU. aislacionistas, autoritarios e imperialistas, que además han sabido hacer ricos a sus potenciales donantes (recordemos a todas las empresas americanas que han salido beneficiadas del conflicto).

En definitiva, puede que, pese a no considerarlo ganador en la contienda global, Trump sí esté dando pasos hacia el Make America Great Again.

Autor

Hola 👋
¿Otra partida?

Únete para no perderte ninguno de los movimientos del juego.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

por Daniel Andrés

Jurista, economista y apasionado de la historia y la política. No concibo lo anterior si no está debatido en un bar con buena música y cervezas. Pasan (han pasado) demasiadas cosas en este mundo como para no conocerlas.

Deja una respuesta