Nos acercamos al país norteafricano para conocer un poco más de su situación geopolítica.

El pasado 30 de julio, más de 70.000 personas atravesaron ilegalmente a nado la frontera marroquí con España en su enclave estratégico de Ceuta. La noticia recorrió el mundo entero y puso en el foco a ambos países. Sin embargo, y más allá de los titulares, ¿qué sabemos de Marruecos? Su evolución desde la independencia refleja avances económicos y proyección internacional, pero también una enorme desigualdad, desempleo juvenil y dependencia de sectores tradicionales. Hoy, en El Tablero Político, hacemos una pequeña fotografía del país de Al-Mamlakah o País Occidental, es decir: Marruecos. 

Un poco de historia reciente: del protectorado a Hasán II

Marruecos recuperó su independencia en 1956, tras décadas bajo el protectorado francés y español. El reinado de Mohamed V (1956-1961) sentó las bases del Estado moderno, pero fue bajo Hasán II (1961-1999) cuando el país vivió una etapa de consolidación autoritaria. Su gobierno, marcado por los años de plomo, se caracterizó por la represión política, la centralización del poder en el Majzén (el aparato de Estado tradicional) y la supresión de disidencias, como el caso del líder Mehdi Ben Barka, secuestrado en 1965. En 1975, Hasán II organizó la Marcha Verde, una movilización de 350.000 civiles y militares que forzó la retirada española del Sáhara Occidental, territorio cuya soberanía Marruecos aún disputa con el Frente Polisario y Argelia. Su muerte en 1999 cerró un periodo de estabilidad autoritaria, pero también de tensiones internas y aislamiento.

En 1975, Hasán II organizó la Marcha Verde, una movilización de 350.000 civiles y militares que forzó la retirada española del Sáhara Occidental, territorio cuya soberanía Marruecos aún disputa con el Frente Polisario y Argelia.

Contexto actual: la era de Mohamed VI

Desde su acceso al trono en 1999, Mohamed VI ha impulsado reformas para modernizar el país. En respuesta a las protestas de la Primavera Árabe en 2011, promovió una nueva Constitución que amplió las libertades y limitó parcialmente el poder real, aunque la monarquía sigue siendo el eje central del sistema y paulatinamente ha recuperado el control que mantenía antes de dichas protestas. En el ámbito social, reformó el Código de Familia y creó la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) para abordar las violaciones de derechos humanos durante los mencionados años de plomo. Económicamente, su gobierno ha priorizado la liberalización, la atracción de inversión extranjera y la diversificación productiva, con un crecimiento del PIB superior al 4 % anual en la última década. En política exterior, ha fortalecido lazos con Estados Unidos (reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020), la Unión Europea e Israel, mientras mantiene tensiones con Argelia por el conflicto saharaui.

Geopolítica: ¿dónde y cómo está Marruecos? 

Marruecos ocupa una posición geográfica estratégica: controla el Estrecho de Gibraltar (punto de conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo), «limita con el Sáhara Occidental» —si bien, como se explica más adelante, su dominio sobre el Sáhara Occidental está prácticamente asegurado— y tiene costa en ambos océanos. Su territorio alberga recursos naturales como fosfatos (del que es el primer exportador mundial), y su población, de unos 37 millones de habitantes, es joven (edad media de 29 años) y mayoritariamente urbana (63 %), con una fuerte identidad islámica suní y una creciente revalorización de la cultura amazigh.

En el plano internacional, Marruecos ha sabido aprovechar su ubicación para convertirse en un aliado clave de Occidente en el norte de África, especialmente en la lucha contra el terrorismo y el control migratorio. Su alianza con EE. UU. e Israel, consolidada tras los Acuerdos de Abraham, le ha permitido acceder a tecnología militar avanzada y respaldo diplomático, mientras que su relación con España y la UE oscila entre la cooperación económica y las tensiones por temas como la pesca, la inmigración o Ceuta y Melilla. El país aspira a ser una potencia regional, compitiendo con Argelia por la influencia en el Magreb y África Occidental. En este contexto, Marruecos ha utilizado el grifo migratorio como herramienta de presión para negociar ayudas europeas y compensaciones económicas, al tiempo que refuerza su papel como plataforma logística y energética para Europa, con proyectos como el gasoducto Níger-Marruecos y su ambición de convertirse en un hub de hidrógeno verde.

Marruecos ha sabido aprovechar su ubicación para convertirse en un aliado clave de Occidente en el norte de África, especialmente en la lucha contra el terrorismo y el control migratorio.

En el ámbito económico, su desarrollo tecnológico se basa en infraestructuras como el puerto de Tánger Med (primer puerto de África), una industria automotriz en expansión (con plantas de Renault y Stellantis) y una apuesta decidida por las energías renovables, como el complejo solar Noor Ouarzazate.

Economía: crecimiento, desempleo y comercio

En el plano económico, el PIB per cápita de Marruecos ha experimentado un crecimiento sostenido desde 2019, alcanzando los 5.110 dólares en 2026 de acuerdo con el FMI. El PIB nominal superó los 140.000 millones de dólares en 2025, con un crecimiento anual estimado del 4,4 % para 2026 y 4,5 % para 2027, impulsado por la industria, el turismo y las exportaciones. Sin embargo, el desempleo sigue siendo un reto estructural: la tasa se situó en el 9,5 % en el segundo trimestre de 2026, con cifras más elevadas entre jóvenes (27,2 %) y mujeres (14,8 %), especialmente en zonas rurales.

La balanza comercial registra un déficit crónico: en 2025, las exportaciones alcanzaron los 49.777 millones de dólares (con productos como fosfatos, automóviles y textiles), mientras que las importaciones superaron los 87.389 millones, debido a la dependencia de energía, maquinaria y bienes de consumo, en especial de países como España y el resto de socios europeos. Este desequilibrio se compensa parcialmente con las remesas de los marroquíes en el extranjero (unos 10.000 millones de dólares anuales) y el turismo (más de 14 millones de visitantes en 2025). La estructura del PIB en 2024 muestra un predominio del sector servicios (60,1 %), seguido de la industria (26,5 %) y la agricultura (10,6 %), esta última especialmente vulnerable a las sequías.

Las importaciones superaron los 87.389 millones, debido a la dependencia de energía, maquinaria y bienes de consumo, en especial de países como España y el resto de socios europeos.

Sociedad: desarrollo humano, desigualdad e instituciones

A diferencia de otras aproximaciones a países, el examen a Marruecos también requiere de un examen social para comprender mejor los sucesos que está experimentando. Así, el país norteafricano ha mejorado sus indicadores sociales, aunque persisten desigualdades sistémicas. Según el Banco Mundial, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en 2025 fue de 0,710, situando al país en el puesto 120 mundial (categoría «Alto»). La esperanza de vida al nacer es de 75,31 años (73,17 para hombres y 77,60 para mujeres), y la tasa de alfabetización supera el 74 %, si bien también existe una clara brecha de género. Sin embargo, el coeficiente de Gini (50,6) refleja una alta desigualdad en la distribución de la riqueza, con brechas muy grandes entre zonas urbanas y rurales, y entre regiones como Casablanca-Rabat y el mundo rural del Atlas o el Rif. Además, el acceso a la educación y la sanidad sigue siendo desigual, especialmente en áreas rurales, donde la infraestructura es más limitada y la pobreza afecta a un 15 % de la población.

En el plano institucional, el país combina elementos de monarquía constitucional con un sistema político donde el rey controla el Ejecutivo, el poder judicial y las fuerzas de seguridad. El Parlamento (con dos cámaras) tiene competencias limitadas, y los partidos políticos operan en un marco donde la estabilidad del régimen prima sobre la participación democrática. 

Las reformas de Mohamed VI han avanzado en derechos sociales, como la Moudawana (que mejoró los derechos de las mujeres en divorcio y herencia) y la oficialización del amazigh como lengua nacional, pero el país sigue enfrentando muchas carencias y problemas en ámbitos como la corrupción y participación ciudadana, especialmente en un contexto de protestas sociales por empleo, sanidad y educación. La sociedad civil, aunque activa, opera bajo restricciones, y el islam suní (profesado por el 99% de la población) sigue siendo un pilar ideológico del Estado.

El Parlamento (con dos cámaras) tiene competencias limitadas, y los partidos políticos operan en un marco donde la estabilidad del régimen prima sobre la participación democrática. 

¿Y a partir de ahora? 

Marruecos es un actor que ha sabido situarse de forma sólida en el tablero internacional. Su alianza estratégica con EE. UU. e Israel le ha permitido consolidar su dominio sobre el Sahara Occidental y reforzar su postura respecto a Ceuta y Melilla (está por ver si también las islas Canarias), al tiempo que ha reforzado su ejército de cara a su competencia directa con Argelia y la propia España. En este sentido, su papel de guardián de la frontera sur de Europa, junto con su producción estratégica de fosfatos, le garantiza una posición sólida no solo frente a España, sino también respecto de la UE.

Sin embargo, tampoco pueden obviarse las debilidades estructurales que sufre. El hecho de que la monarquía sea imprescindible en tantos ámbitos implica que está supeditada al devenir de una sola persona. Por otro lado, el crecimiento económico y su mayor influencia en la esfera internacional no se está traduciendo en una mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos que, especialmente los más jóvenes, ven como única salida la emigración a otros países. Esto deja al país sin músculo laboral para llevar a cabo su propia modernización.

Su alianza estratégica con EE. UU. e Israel le ha permitido consolidar su dominio sobre el Sahara Occidental y reforzar su postura respecto a Ceuta y Melilla.

Por último, tampoco puede obviarse la inestabilidad que está sufriendo el Sahel: un agravamiento de la situación en dicha zona puede afectar directamente a Marruecos, que debe estar preparada para afrontar situaciones humanitarias delicadas como cualquier amenaza armada que pueda extenderse al norte del Sáhara. 

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por Daniel Andrés

Jurista, economista y apasionado de la historia y la política. No concibo lo anterior si no está debatido en un bar con buena música y cervezas. Pasan (han pasado) demasiadas cosas en este mundo como para no conocerlas.

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